La necesaria luz del Señor en nuestra sociedad

publicado por

Avatar
23 de agosto de 2020
43

En una sociedad como la nuestra, en la que se manifiestan diferentes fenómenos como la violencia, crímenes, femicidios, asaltos al por doquier, empleo de sicarios, corrupción, tráfico de drogas, etc., etc. Podemos claramente deducir que es una sociedad, que no solo está enferma, sino que también está atrapada en una densa oscuridad de tinieblas que de no mediar la intervención divina, será muy difícil alcanzar la sanidad del alma y del espíritu de la nación, por lo que es “Necesario la luz del Señor”.

El evangelio de Marcos en el capítulo 10: 46-52 nos presenta la historia del ciego Bartimeo, quien estaba junto al camino y cuando oyó que Jesús pasaba cerca, exclamo a gran voz “¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!”, después de algunas insistencias Jesús, le mando a llamar y le dijo: ¿Qué quieres que te haga? Y el ciego le dijo: Maestro, que recobre la vista”. La ceguedad de Bartimeo, no es un problema en el que Jesús no pueda obrar un milagro; No, el reconoce su enfermedad, por lo que clama por ayuda. El problema está cuando no se reconoce el problema y al no hacerlo no es posible ayudarlo.

Nuestra sociedad, esta tan ciega que incapaz de ver sus limitaciones, ni menos reconocer sus propios errores. Lo anterior se evidencia con claridad en el conglomerado político. Es en este sector que vemos con claridad, su hambre y su lucha por el poder, en consecuencias que más que batallar por obtener los ansiados puestos, debieran anhelar ser un verdadero aporte para solucionar los profundos problemas que nos aquejan como sociedad.

La lucha por el poder, no es nueva, comenzó hacen miles de años atrás, y también se manifestó entre los discípulos de Cristo. Juan y Jacobo, soñaban con los lugares de privilegio y con la gloria en el triunfo de Cristo en su venida y la de su reino, para así poder sentarse el uno a su derecha y el otro a su izquierda. Lo anterior, nos muestra la ambición por los primeros lugares para alcanzar el poder. No obstante, es un triste espectáculo de las relaciones humanas que se entremezclan con la vanidad y la incapacidad humana. Los primeros lugares, los de privilegio y del poder, deben ser para los que no solo tienen un profunda vocación de servicio (eso no basta), sino también el mostrar un carácter solido de integridad y honestidad moral, rasgos necesarios para servir a los intereses de la nación, y no para ser servirse de los cargos o estar al servicio de otros y otras organizaciones ajenas al verdadero interés y sentir nacional.

El ciego Bartimeo, quien mendigaba en el camino, tuvo conciencia de su ceguera, por cuya razón grita y pide el socorro al único que puede ayudarle, el invoca la compasión de Cristo. Es curioso, que los principales, los religiosos y los gobernantes de Israel, no reconocieran al Mesías; sin embargo el ciego en su ceguera lo vio y lo reconoció en Cristo, por cuyo motivo pide su ayuda, Cristo accede, diciendo “Recíbela, tu fe te ha salvado”. Si nuestros gobernantes, si nuestros parlamentarios, si nuestra sociedad, entendieran que sin Cristo nada podemos hacer. Si por un momento se despojaran de su orgullo como lo hizo Bartimeo al dejar su capa, estoy seguro que los obstáculos que enfrentamos como sociedad, serian nubes pasajeras las cuales se disiparían con la luz de Cristo. Amén.

PR. Sergio Rodríguez Varela
Consejo de Pastores

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here