La madrugada que nadie olvida en Constitución

A pocos días de que se cumpla una década del terremoto y tsunami, los recuerdos siguen intactos entre los mauchos. Cada uno, desde su perspectiva, recuerda lo que vivió y lo que sufrió.

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24 de febrero de 2020
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César Vásquez, hermano de David Vásquez -uno de los 10 desaparecidos de la isla Orrego- pinta una cruz en el lugar donde por última vez estuvo el joven.

Para quien fue testigo de un terremoto y un tsunami parece no haber tiempo capaz de borrar la escena. Como un niño cuando aprende la tabla de multiplicar, los habitantes de Constitución repiten hora, fecha y el tamaño de la ola que silenció los gritos de quienes estaban en la isla Orrego la madrugada del 27 de febrero de 2010.

Era una noche clara, tan clara como si fuera de día, describen algunos por la luminosidad que daba la luna llena. Y de esa noche hay nostalgias que afloran con más intensidad cada febrero, por las vidas perdidas y los cuerpos que no aparecieron nunca más.

David Vázquez, de 29 años de edad, se encontraba este domingo junto con seis personas -tres mujeres y tres niños- en la isla Orrego, donde había un quiosco de venta de comida para los veraneantes que, antiguamente, solían cruzar masivamente el río cada verano.

Del grupo de siete familiares sobrevivieron dos, esto es, madre e hijo, quienes fueron encontrados dos días después. Murieron una hermana de la mujer y una amiga que era como parte de la familia. De ellas y uno de los niños se encontraron los cuerpos, pero no aparecieron la otra niña y tampoco David.

“Es el dolor más grande que pueda tener un ser humano, que se pierda un hermano, un tío, un primo o cuñado y que no lo encuentres. Eso te marca para el resto de tu vida, porque no sabes dónde ir a dejarle una flor. Eso fue lo que pasó aquí, no encontramos su cuerpo ni nada. La única opción que nos quedó fue -como Mariela (Rojas, la sobreviviente) reconoció que era aquí donde estaban- hacer esta grutita con fotos de ellos y recordarlos”, expresa Isabel Pavez, cuñada de David, mientras pintaba los bancos, mesas y cruces construidas donde -sin falta, desde hace 10 años- acude la familia.

David Vásquez es otra de las 10 personas que fallecieron en la isla y cuyos cuerpos no han sido localizados. Por eso, cruzar el río para sus parientes se ha convertido en una tradición. “Nosotros -dice Pavez con la voz entrecortada- tenemos una pequeña esperanza de que David está aquí”, dijo Pavez.

LA BÚSQUEDA
Cuando los hermanos de David supieron que además del terremoto hubo un tsunami, se apresuraron en ir a la isla.

“La desesperación era llegar acá y ver si podíamos pasar. No nos imaginamos que el tsunami fuera tan grande. Igual yo me imagino una ola, pero no tan destructiva”, recuerda César Vásquez, uno de los nueve hermanos del joven desaparecido.
Para cuando se acercaron al borde del río Maule, Bomberos estaba evacuando a las personas desde la costanera hacia el cerro, así que debieron esperar hasta que amaneciera para volver a la isla.

Cuando lograron acercarse a la costanera, tomaron un bote pequeño abandonado e intentaron cruzar el río. En el primer intento, una ola los obligó a devolverse. En el último, casi llegan a la isla, donde había sobrevivientes gritando, pero ninguno era su hermano.

“Dos días después apareció la Mariela, mi cuñada que sobrevivió, así que volvió la esperanza de que podíamos encontrar a alguien más de los desaparecidos”, cuenta Vásquez.

Volver siempre al último lugar donde estuvo David con vida es para su hermano como dejar aflorar el recuerdo que nunca se esfuma: “Para nosotros significa no olvidar a mi hermano ni a las chiquillas y decirle que estamos con él”.

¿PUDO SER DISTINTO?
A juicio de la familia de David, los fallecidos en la isla pudieron ser menos.
“No hubo ayuda. Eso era una tradición de que toda la gente venía a acampar aquí a la isla, porque nadie se esperaba que pasara esto. Pero igual hubo negligencia tanto de los marinos como de otras fuerzas que, a lo mejor, pudieron haber ayudado, porque la Capitanía estaba aquí al frente”, afirma la cuñada de David.
Esa madrugada, del otro lado del río estaba Jaime Cerpa, un hombre que ha trabajado durante más de 50 años como botero.

“Cuando fue el terremoto, a los cinco minutos -más o menos- vine al río y el mar se recogió, al recogerse se llevó todas las embarcaciones que había en el río, no quedó ni una. Esa gente que estaba aquí en la isla gritaba mucho para que fuéramos a sacarla y nosotros con una tremenda impotencia, por tantos años trabajando aquí y no poder ir a sacarlos”, recuerda hoy, cuando ya recuperó las embarcaciones que destruyó el mar.
Dos años después del tsunami, calcula Cerpa, la gente perdió el miedo de ir a la isla, por lo que se llena cada verano.

ESTRAGOS DEL TERREMOTO
Fuera de la isla Orrego donde no destruyó el mar lo hicieron los 8.8 grados del terremoto. A María Albornoz la salvó el ladrido del perro. La madrugada del 27 de febrero salió de su habitación para ver por qué ladraba la mascota y comenzó el megasismo.

Logró salir del departamento junto con su esposo, antes de que la torre de tres pisos se redujera a dos en cuestión de segundos. Ellos y tres niños de otro apartamento fueron los únicos residentes del primer piso de ese edificio del cerro O’Higgins que sobrevivieron. En total ocho personas murieron.
Hoy, vive en el mismo lugar donde el Gobierno reconstruyó los edificios sociales. Ella, como otros habitantes de Constitución, está conforme con la evolución de la comuna después de la catástrofe. Pero hay quienes discrepan con la forma que se solucionaron algunos problemas.

Morelia Contardo, residía en el sector La Poza, donde se erigió después el Parque de Mitigación. Su casa la arrasó el agua y ahora vive en un departamento. Según Contardo, se cometieron injusticias con la distribución de las viviendas, porque no todos los damnificados salieron favorecidos.

Personalmente, todavía sufre las secuelas de aquella madrugada: “Fue algo tremendo. Yo todavía estoy enferma psicológicamente, quedé con un trauma que no se me ha quitado. Tomo calmantes. Me dan crisis de pánico, si no me tomo las pastillas”, afirmó.

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