La hija pródiga no tiene que dar explicaciones

La actriz y bailarina no ha parado de trabajar desde que se vino de regreso a Talca hace alrededor de ocho años. El teatro le ha dado mucho; y ella a su vez al teatro, gran parte de su energía.

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7 de diciembre de 2019
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La actriz sigue reinventándose. Ahora prepara dos nuevos proyectos teatrales para el 2020.

Hay una cosa que a Valentina Soto le han preguntado muchas veces, y que si se mira bien, es una pregunta a estas alturas bastante inútil. ¿Por qué cuando terminó sus estudios en Teatro en Buenos Aires volvió a Talca y no se quedó allá o se fue a Santiago?
Lo que para muchos podría ser de máxima lógica para alguien con esta carrera, irse a la capital donde podría tener acceso a muchas más posibilidades laborales, se derrumba ahora cuando se revisa la carrera de Valentina.

Un breve repaso: Comenzó (en el Maule, había hecho algo antes en Argentina) de la mano de la compañía Tema. Bajo la dirección de Constanza Pérez realizó algunas producciones dirigidas al público infantil, y luego “La noche más oscura de todas”, fenómeno teatral como no se había visto en muchos años en Talca, y que estaba inspirado en el caso de La Calchona.

De ahí vinieron varios papeles cruzados por el terror y la violencia desde y hacia las mujeres. De esta forma estuvo en “Los Caracoles” de Joanna Rocco, “Los Pinos” nuevamente con la compañía Tema, y llegó su momento en el cine, con el largometraje “Cintas Snuff”, que la hizo acreedora de un premio a mejor actriz en el Santiago Horror Film Festival.
Ante eso sobran las explicaciones.

Pero lo cierto es que lo suyo fue circunstancial y a raíz de otro gran tema en su vida. Cuando decidió volver fue porque estaba embarazada de su primera hija, y quería criarla acompañada de las mujeres de su familia.

Desde el 2010 vive en la región, y nunca le ha faltado trabajo.

VIDAS ANTERIORES
En la vida de Valentina también se conocen “vidas anteriores”. La más importante es su largo periodo como gimnasta. Durante toda su adolescencia destacó como deportista de esta disciplina, se la pasó en varios campeonatos nacionales e internacionales representando a su colegio La Salle.

El día en que obtuvo un cuarto lugar en un torneo nacional lloró (ella dice: “lloré, lloré y lloré”), porque adivinaba que era el fin de una etapa. Justo había aparecido el teatro como una nueva opción posible, y se daba cuenta que eso era realmente lo que quería de ahí en adelante, pero nunca es fácil terminar con un gran primer amor.

La experiencia de Buenos Aires también fue una historia vital en sí misma. Amó esa ciudad en la que estuvo 6 años, que ella recuerda como “antropológicamente muy rica”. Llegó allí atraída por la posibilidad de estudiar gratis, y se encontró con mucho más, con la formación de una de las mejores escuelas de Teatro del país.

Allá nació la primera de sus hijas, Laia; y tuvo su debut teatral que, asegura, le sirvió para sanar su doloroso término con la gimnasia.

EN LA LUCHA
Valentina Soto es objetivamente una mujer guapa. Voluptuosa. Las curvas de su cuerpo se mueven cuando conversa, pues es muy expresiva. También le gusta jugar con su pelo, a la vez que habla con esa voz medio ronca con un dejo sensual. Pero Valentina no es Marilyn. Lo suyo no es una pose, no es la imagen que quiere vender como actriz. Es algo que le sale natural.

Esta entrevista se hace en verano y es también natural usar pantalones cortos y polera sin mangas. Y claro que la han molestado. “Yo creo que a todas las mujeres nos ha pasado. Las miradas, los comentarios”, dice.

Es por esto que en la actualidad está participando activamente en la lucha social, especialmente con las temáticas femeninas, apoyando las performances de Las Tesis que se han replicado en Talca, por ejemplo: “Está muy bien hecha, en realidad ahí las chicas se pasaron porque tiene una métrica muy pegajosa. Con un mensaje tan claro, tan potente, que nadie queda al margen”, dice de “El violador eres tú”.

A partir de ello también se involucró en un naciente colectivo feminista, a partir del cual salta al tema de la educación (ella también trabaja en establecimientos educacionales, algunos de ellos rurales) y el cartel que escribió junto a sus hijas: “Tu rabia es tu oro. Conoce tus emociones, educación emocional”, educación que según ella debería partir desde muy temprano en los colegios.

Paralelamente, y luego de dejar la compañía Tema a principios de año, está reorganizándose con proyectos teatrales de pequeño formato, en los que aclara que no es por no querer compartir ideas con los demás, sino que es darse permiso para experimentar por primera vez esa libertad creativa.
En su infinita energía, sigue reinventándose.

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