La fuerza se apaga

Por David Lizana Barros. La novena cinta de la saga, “Star Wars, el ascenso de Skywalker”, tiene un ritmo trepidante, pero es innegable el apresuramiento y falta de profundidad, lo que la transforma en un forzoso cierre que merecía algo mejor.

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12 de enero de 2020
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Llegué a ver la novena entrega de Star Wars, película que cerraría un ciclo que se abrió en 1977 con ese tremendo éxito de George Lucas que redefinió el cine de ciencia ficción para siempre. Lo hice a una sala de 4DX, esas donde la butaca se mueve con la cinta, el 3D impresiona. Agua y olores se dejan sentir aumentando la sensación de vivirla, mejor con las peleas láser o vuelos del Halcón Milenario, lo cual no es una mala experiencia, aunque por momentos algo excesiva.

La última de las trilogías, a cargo esta vez de la compañía Disney con la dirección de J.J. Abrams (Lost), sin duda ha tenido muchos altibajos. Saldo a favor lo establecen los personajes de Rey y Kylo, los espectaculares efectos especiales, el diseño de vestuario, la música de John Williams que sigue encantando, y el reencuentro con leyendas como Leia, Luke y Han Solo. También es conmovedor ver a Leia pasarle el poder a Rey, cuyo ascenso muestra la película siguiendo sus propios instintos.

En contra, muchos personajes secundarios carecen de profundidad en sus historias, copias de otros episodios de la saga de los ochenta y agregándole forzadamente diversidad racial e incluso algunos cameos de género para adaptarse a los tiempos actuales. Otro punto en contra lo constituye el guion, el cual no cierra del todo, muchos giros forzados con romance secreto, lazos sanguíneos que siguen apareciendo y, sobre todo, algunas peripecias espaciales como correr a caballos sobre una nave imperial un poco fuera de toda lógica. Ni decir el poco aprovechamiento de la aparición de Billy Dee Williams que regresa como Lando, el general que no habíamos visto desde 1983 en el “Retorno del Jedi”.

En esta última entrega Rey (Daisy Ridley) sigue su entrenamiento de fuerza, ahora bajo la tutela de Leia (Carrie Fisher digital). Por su parte, el líder supremo Kylo Ren (Adam Driver) se consume con la búsqueda del mal supremo en la galaxia con varias batallas épicas. La guerrera no quiere tomar la mano del lado oscuro recibiendo órdenes del emperador Palpatine (Ian McDiarmid) que está decidido a poner a Rey en sus garras antes de que ella pueda completar su entrenamiento.

Más de cuarenta años y nueve episodios para un cierre que, lamentablemente, cayó en el apresuramiento comercial, que con frecuencia se siente como si a nadie realmente le importara lo que persiguen los personajes, logrando que la fuerza se apague anticipadamente. Queda la puerta abierta a los “spin-off” o historias paralelas del universo Star Wars, como la excelente “Rogue One” y la poco satisfactoria “Solo”.

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