La fatal anomia

De un tiempo a esta parte, la falta de sujeción a la norma, al imperio del derecho o al funcionamiento y rol de las instituciones, ha pasado a tener un espacio tristemente importante en la opinión pública. Lo anterior, que corresponde a las denominadas anomias, dice relación etimológicamente a la ausencia de ley, orden o estructura, elemento que si pensamos rápidamente en el último tiempo, se viene dando con más frecuencia de la que uno quisiera.

En ese escenario, las declaraciones de la Presidenta del Senado, Adriana Muñoz, en relación a pasar por sobre la Constitución para la consecución de un proyecto de ley o al comportamiento de ciertos bloques políticos que insistentemente han presentado proyectos que vulneran el ordenamiento constitucional chileno en orden a arrogarse atribuciones que no le son propias al Poder Legislativo, se enmarcan como ejemplos delicados de falta de respeto por la institucionalidad vigente, ya que a propósito se socava la casa matriz jurídico política de la nación en aras de meros réditos políticos.

Así las cosas, resulta difícil articular adecuadamente la contraposición de un debate sensato y oportuno a los tiempos, cuando hay autoridades incapaces de respetar el ordenamiento legal que como sociedad nos hemos dado. Lo anterior, se vincula a situaciones a gran escala donde se nota el desprecio por la normativa vigente en diversos campos, y que, analizado desde una perspectiva más casuística y específica, da lugar para el incumplimiento de muchos deberes y acciones por parte de los ciudadanos y ciudadanas. Es lógico y simple, ¿Por qué debo cumplir a raja tabla con dicha norma si es que una autoridad no titubea en saltarse la misma para conseguir el fin esperado?

Le propongo para seguir indagando en este tema, lo que todos hemos visto a través de los medios de comunicación desde la irrupción de la Pandemia del coronavirus en Chile. Escaso cumplimiento de las medidas sugeridas y normadas con posterioridad por la autoridad, donde muchos aun no quieren aceptar ni el distanciamiento social ni el respeto por el toque de queda en horario nocturno. Y es que claro, si las instituciones han visto tan severamente afectada su confianza, es complejo pretender que con automaticidad la comunidad vaya a seguir irrestrictamente cada norma que pueda surgir.

El estado de derecho, entonces, transgredido en cuanto a elementos de su propio ADN, enfrenta hoy vicisitudes muy difíciles, porque debe recuperar cierta credibilidad y armonía para avanzar en el combate de una enfermedad desconocida y altamente fácil de propagarse. Por eso, por otros ejemplos más que por espacio no puedo nombrar, y no por otra cosa, es que se visualiza como acuciante que la actitud irresponsable e inmadura de determinados personeros del mundo político cambie de una vez por todas, para así dejar de entender la convivencia civilizada como algo meramente cosmético, y se asuma con la imperiosidad que requiere.

Ervin Castillo Arancibia
Abogado

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