La evaluación en un contexto de incertidumbre: una mirada para remontar el momento y descubrir otros sentidos

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4 de junio de 2020
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La evaluación a partir del siglo XIX, y al alero de la escolaridad obligatoria, se ha convertido en una invención inseparable de la enseñanza, con intención preferente de aprobar, promover y certificar, y en la actualidad, anclada a la rendición de cuenta. En torno a esa racionalidad, se termina por olvidar su principal propósito: estar al servicio de las decisiones pedagógicas para impactar en la mejora de los aprendizajes, resultando así, útil en el aula. El problema adquiere relevancia en la actualidad, cuando el escenario de incertidumbre derivado del contexto global de crisis sanitaria sitúa a la humanidad y sus quehaceres, entre ellos el educativo en general y el evaluativo en particular, frente a nuevos desafíos de revisión y replanteamiento de sus fronteras y alcances. La estructura educativa formal, los paradigmas vigentes y los procesos educativos cotidianos están perdiendo sus certezas.

Sin embargo, cambiar los usos no siempre es tarea fácil. Así, en el momento actual, en que la escuela se ha desplazado a los hogares, en que la didáctica del profesor se ha tenido que adaptar sobre la marcha a las nuevas condiciones, en que la tecnología viene a condicionar el proceso educativo, en que la incertidumbre desde la que siempre se especuló, hoy es realidad y nos permite reaprender, los discursos oficiales respecto a la evaluación se siguen pensando desde las lógicas de la certidumbre. Los anuncios en torno a la aplicación del SIMCE o del proceso de Evaluación Docente para el año en curso, confirman la subordinación de lo educativo a la lógica normativa del control y la estandarización, debiendo justificar ante la opinión pública la incapacidad para priorizar y dar señales de perspectiva y no miopía, de flexibilidad y no rigidez. Desde el nivel central se agrega presión y agobio innecesario, en lugar de comunicar flexibilidad y confianza en el profesorado.

Avanzar en una evaluación más integrada al aprendizaje y a decisiones didácticas y pedagógicas, nos da la chance de repensar la naturaleza de la formación y el trabajo docente. Trabajo que en tiempos de incertidumbre está significando probar, experimentar y ensayar teniendo siempre como foco la relación pedagógica. Enseñar hoy es decidir en contextos de cambio e incertidumbre, remontando el momento para descubrir otros y nuevos sentidos.

Dr. Gerardo Sánchez S.
Académico del Departamento de Formación Inicial Escolar
Facultad de Ciencias de la Educación
Universidad Católica del Maule (UCM)

2 Comentarios

  1. Desde esta perspectiva es concluyente afirmar que el contexto en que vivimos no es uno de los más favorables para la educación, sin embargo cabe destacar, el gran interés por el profesorado de adaptar su enseñanza y métodos evaluativos con el fin de acercar aquel aprendizaje a todos/as sus alumnos/as.
    De igual forma y en palabras de Montserrat del Pozo, en una de sus conferencias sobre el liderazgo, se hablada que el /la docente está de alguna manera humanizado lo virtual y a su vez, siendo flexible en los contenidos y actividades a desarrollar.

  2. Toda la razón, no solo los docentes no necesitamos más agobio, la población en general ya tiene suficiente sobre sus hombros, sumado a que el dineral invertido en el simce podría utilizarse para que quienes más lo necesitan pudieran afrontar esta crisis sanitaria.

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