La ciudad como gigantesca sala de clases

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16 de marzo de 2020
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En el cuadro El Huaso y la Lavandera, de Mauricio Rugendas, se puede apreciar, hacia el fondo, uno de los tres puentes que erigieron los hermanos De la Cruz y Bahamonde, en plena Colonia, en la actual 1 Oriente.

Tradicionalmente se conceptualiza a la historia como estudio del pasado, de lo que fue ¡pero no existe! Olvidando que es también un constructo diario, un permanente encuentro con un pretérito siempre “vivo”.

Así, al recorrer algunos sitios urbanos el lector podrá reencontrar preclaras señales del ayer, que convierten a la ciudad en una gigantesca sala de clases en la cual se tiene mucho que aprender. Es el caso del denominado período Guerra de Independencia, del cual aún quedan vestigios esparcidos por su suelo, tanto en añosos árboles más que centenarios, como en lugares que se transitan cotidianamente… como los siguientes.

PLAZA DE ARMAS
En primer término, si se sitúa en su Plaza de Armas -núcleo fundacional-, estará en el lugar primigenio del cual partieron sus calles, se repartieron solares y se aplicó justicia, razones más que suficientes para situar allí la Iglesia Matriz, la cárcel, Tribunales de Justicia y el Cabildo (edificio, ese último, diseñado por el arquitecto italiano Joaquín Toesca, el mismo que proyectó el Palacio de la Moneda).

Allí se trazó la antigua Calle del Rey, que en sus inicios corría en dirección norte-sur desde Alameda hasta la Calle de Molina (actual 1 Oriente), la que después de 1818 se rebautizó como Calle Independencia -lo testimonia el Plano de 1844- y que corresponde a la actual 1 Oriente. Igualmente, en el subsuelo de esa arteria yacen sepultados 3 puentes de Medio Punto que datan de la Colonia, mandados a construir por los hermanos Juan Manuel, Vicente y Nicolás de la Cruz y Bahamonde, uno de los cuales fue encontrado en 2007 cuando se excavaba el sector y que posteriormente fue sellado sin haber sido restaurado ni menos puesto en valor.

Y si se mira con detención el cuadro El Huaso y la Lavandera del pintor bávaro Juan Mauricio Rugendas, se verá uno de ellos en el fondo (los otros están en 1 y 2 Sur). Así también, la familia Cruz Bahamonde donó -durante la Colonia- varios bancos de piedra a la ciudad, de los cuales dos siempre se han exhibido en el frontis del museo talquino, en tanto existe otro en el Museo de la Fundación Carlos Cardoen en Santa Cruz.

La antigüedad de esas piezas, la piedra huevillo y algunos y tajamares encontrados en el casco antiguo, le permitirá rememorar aquel lejano 21 de octubre de 1813, cuando la Junta de Gobierno se trasladó a la Villa San Agustín de Talca, donde permaneció hasta el 1 de marzo, fecha en que regresó a la capital.

El coronel Carlos Spano es abatido por fusileros realistas, el 4 de marzo de 1814, en la denominada Batalla de Talca. Recreación artística de don Luis Fernando Rojas.

En esa oportunidad sustituyó del mando del Ejército al General José Miguel Carrera y colocó en su lugar al Coronel Bernardo O’Higgins. Lamentablemente, con su repliegue a Santiago, dejó desguarnecida la Plaza, a cargo del Coronel Carlos Spano. Error que gestó el preludio de un desigual combate, porque la mañana del 4 de marzo de 1814 el oficial patriota fue intimado a rendición por el Coronel realista Ildefonso Elorriaga, lo que rechazó enérgicamente.

Así comenzó la Batalla de Talca, donde murieron heroicamente -entre otros- el coronel Spano y el teniente de artillería Marcos Gamero y Toro, nieto del Conde de la Conquista Mateo de Toro y Zambrano, cuyo hermano Joaquín había perecido anteriormente en el Sitio de Chillán.

Un decreto del 11 de mayo de 1816 ordenó erigirle un monumento a Spano, concediéndole una pensión vitalicia a su viuda: Nieves de Ceballos… lo que nunca se concretó. Un sobrio monolito ubicado en el sector sur de la Plaza, así como una población y una escuela, recuerdan a ese insigne patriota (al igual que el Hotel Marcos Gamero y el vértice de 1 Oriente con 1 Sur rememoran al joven artillero). Y continuando en 1 Oriente, entre 2 y 3 Sur, aún quedan soleras confeccionadas con la Piedra Verde de Rauquén, la que trabajada desde la Colonia fue empleada para elevar estatuas, construir panteones, pavimentar veredas y zaguanes, además de servir como base a numerosas edificaciones y emblemáticas casonas.

Vista aérea del sector Plaza de Armas, con el Edificio de la Intendencia y el Palacio Consistorial en primer plano. Circa 1920.

Y la Plaza fue el escenario en que O’Higgins, a la cabeza del Ejército del Sur, e investido del cargo de Director Supremo de la naciente República, proclamó, declaró y juró el Acta de Independencia el viernes 12 de febrero de 1818, junto a las autoridades y al pueblo.

Asimismo, si cruza la Plaza e ingresa a la Catedral, verá que en su interior se encuentra una cripta donde reposan los restos de 4 prelados de la Iglesia Católica: José Ignacio Cienfuegos, Carlos Silva Cotapos, Manuel Larraín Errázuriz y Carlos González Cruchaga. De ellos, José Ignacio Cienfuegos ha sido llamado el Cura de Talca y fue uno de los grandes artífices del proceso emancipador chileno, por lo que se le recuerda también en la Plaza Cienfuegos: 1 Sur 3-4 Oriente, donde se exhibe un busto. Ese obispo patriota moró 50 años de su existencia -de los 73 que vivió- en su casona El Palacio de Talca, donde murió.

Asimismo, en sus alrededores podrá reconocer las claves que vincularon a O’Higgins con la otrora naciente villa: como el lugar en el que estuvo la casa de sus tutores Juan Albano Pereira y Bartolina de la Cruz, quienes lo acogieron cuando fue mandado ocultar por su padre Ambrosio O’Higgins -a los 4 años de nacido- para que ojos indiscretos no descubrieran su desliz amoroso, y que se emplazó donde está la actual Municipalidad; y a solo unos pasos, exactamente en el vértice de las calles 1 Oriente con 1 Norte, se levantó el Palacio Directorial donde O’Higgins residía cuando venía a Talca (existieron 3: el de Santiago, Concepción y ése de Talca), donde está el Edificio de la Intendencia; y aún se conserva la probable pila bautismal de mármol en que el infante recibió sus óleos el 20 de enero de 1783, hoy en la Villa Cultural Huilquilemu; y si transita por el sector de Cancha Rayada o por la diagonal homónima del Barrio Norte, evocará dos batallas y el sitio en que fue herido en un brazo la noche aciaga del 19 de marzo de 1818.

OTROS SITIOS HISTÓRICOS
Si continúa hacia el este de la Plaza, a escasamente una cuadra se encuentra la Casa de la Independencia, que alberga al actual Museo O’Higginiano y de Bellas Artes de Talca. Construida aproximadamente en 1790, representa una típica casona colonial de la zona central del país: gruesos muros de adobe, grandes ventanales protegidos con rejas de fierro forjado, corredores sostenidos por pilares de madera y techo de teja, conforman una imagen testimonial del ayer. Desde ahí podrá llegar -un poco más al sureste- a 2 Sur con 4-5 Oriente, al sitio en que se situó el Hospital San Juan de Dios, el primero de la ciudad y el tercero que tuvo Chile, obra realizada por los ya mencionados hermanos Juan Manuel, Vicente y su esposa Josefa Burgos, y Nicolás de la Cruz Bahamonde.

Casa de la Independencia, que alberga al actual Museo O’Higginiano y de Bellas Artes de Talca. Representa una típica casona colonial construida en 1790, caracterizada por gruesos muros de adobe, grandes ventanales con rejas de fierro forjado, corredores con pilares de madera y techo de teja.

El Rey de España aprobó su construcción y funcionamiento mediante Real Cédula del 8 de julio de 1803. Si retrocede hacia el oeste, hacia 4 Poniente entre 1 y 2 Norte, verá el sitio en que se emplazó una antigua Hospedería Franciscana -anterior a la segunda fundación de la Villa-, que por más de un siglo sirvió de descanso para quienes viajaban de Santiago a Concepción y viceversa. En la década del 90 en ese lugar se construyó un condominio.

Finalmente, Talca fue escenario de la Batalla de Cancha Rayada librada el 29 de marzo de 1814, cuando el joven teniente coronel Manuel Blanco Encalada intentó infructuosamente recuperar la ciudad; y el 3 de mayo de 1814 se celebró la firma del Tratado de Lircay, en un islote del río homónimo, el que fue rechazado por patriotas y realistas; además, en febrero de 1817 el coronel Ramón Freire llegó a Chile por el Paso del Planchón comandando a unos 200 hombres, con los cuales derrotó a una avanzada realista en el Combate Vegas de Cumpeo el 4 de febrero, liberando las ciudades de Talca, Curicó y San Fernando; y la noche del 19 de marzo de 1818 el brigadier español Miguel Ordóñez sorprendió a las tropas de San Martín y O’Higgins en la Sorpresa de Cancha Rayada, entrada norte a Talca, obligando a huir al norte a los patriotas con O’Higgins herido en un brazo.

Uno de los bancos de piedra que la familia Cruz Bahamonde donó -durante la Colonia- a la ciudad, y que se exhibe en el Museo de la Fundación Carlos Cardoen en Santa Cruz.

Sintetizando: del período de la Independencia no todo ha desaparecido. Quedan vestigios: el nombre de la Alameda Bernardo O’Higgins; la Estatua Ecuestre del Libertador en 6 Oriente con Alameda; el Monumento al insigne científico Juan Ignacio Molina; el Obelisco a la Legión Talquina, denominado erróneamente, durante décadas como Monumento a los Héroes de la Independencia, después que en 1925 el profesor de dibujo Miguel Cruz esculpiera sobrerrelieves alusivos a Las Heras, O’Higgins y a la bandera; sin dejar en el tintero las históricas Plazas Las Heras y Abate Molina, ni las tumbas de los generales de la Independencia: Federico Gana y Basilio Urrutia, que están al interior de Cementerio Municipal… entre muchas otras estelas de aquel período.

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