Intolerancia

La tolerancia es un valor muy apreciado en nuestra época. Es que cayeron muchos esquemas, ideologías y muros. Los planes según la razón calculadora fracasan. Sistemas políticos y económicos del mundo entero, sufren cambios increíbles, abriéndose a nuevas perspectivas.

No es posible prescindir de la interconexión global de los sucesos. La historia es planetaria y las culturas con sus tópicos, lenguajes y costumbres, amplían el horizonte y permiten descubrir pensamientos y formas nuevas.

La plural riqueza y diversidad de culturas e historias regionales, nos hace observar el presente, más humildes, capaces de reconocer logros y errores. También, las conquistas humanas: sociedades con estructuras y organizaciones diferentes; expresiones religiosas encarnando la búsqueda y el encuentro con lo divino; regímenes domésticos y económicos según grados y tiempos; creación artística y literaria, genios de la música, la pintura, el saber y las ciencias, con avances en la tecnología. Habitar la tierra es configurar formas de vida.

El sorprendente espectáculo de las civilizaciones, recuerda que nada humano nos es extraño y menos, que merece el desprecio o repulsa. Hay etapas, procesos, crisis y catástrofes como la pandemia, que hacen madurar y crecer.

La tolerancia expresa el mínimo de respeto al hombre, la conciencia práctica de reconocimiento a la dignidad. Pues el respeto pone el acento en mirar a los otros y descubrir su valor. Mirar sin anteojeras o prejuicios: dispuesto a enriquecerse con lo diverso. Aunque se discrepe con tal o cual estilo de vida o pensamiento, el respeto preserva de toda arrogancia y prepotencia.

Pero la intolerancia no acepta lo diverso. La intolerancia emerge de vez en cuando disfrazada de tolerancia o de librepensadora. Sin embargo, lo hace desde la singular tribuna llamada laica, según la cual todo aquél que no comparta con su visión, está en el oscurantismo y la sinrazón. Entonces queda patente la paradoja de la constante invocación de la tolerancia, pero, de hecho, la más brutal intolerancia. Este espectáculo, lo vemos a diario en las disputas.

Los hechos humanos son colocados en casilleros según orden de ideas y valoración de los mismos según esquemas preconcebidos. Quien no comparte el razonamiento no está con el progreso… Es que su discurso oculta la más rabiosa y miope intolerancia. Simplifica lo que ignora y utiliza la caricatura. Habla de milenios con pasmosa seguridad. Muestra el supuesto conocimiento de los que considera adversarios, pero sólo para ridiculizarlos y zaherirlos.
Se trata, entonces, de una postura vital sesgada, llena de prejuicios. Muy lejos de honrar el respeto, y no más que pura y descarada intolerancia.

Horacio Hernández Anguita
Villa Cultural Huilquilemu UCM.

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