¡Hagan juicio!

¡Qué expresión! Tan nuestra, tan familiar, tan transversal. La he empleado mucho en este tiempo, en tuiteos, en posteos, en charlas, en mensajes de cuanta comunicación electrónica haya ocupado en estas semanas.

Es, ni más ni menos, un pedido, un ruego, una solicitud, qué digo, ya es casi un mandato. Depende del grado de confianza que tengamos o sostengamos, a la habitual exhortación “cuídate, cuídense”, casi siempre añado “¡hagan juicio!”, expresión dada a un prójimo plural, real o imaginario.

¿Por qué esta expresión? Se trata de instar a seguir cierta práctica ética, cierta conducta, de toda conveniencia, no solo personal, sino social. Y en el caso presente, con el propósito de que una pandemia no se extienda, en especial por prácticas o comportamientos poco responsables, sino irresponsables, directamente.

Hacer juicio es una expresión idiomática, una locución verbal, y es equivalente a la también muy común “hacer caso”, en el sentido de “obedecer, ser dócil”, “acceder o asentir a lo solicitado”.

Hacer juicio es ser sensatos, ser obedientes, ser dóciles, responder de un modo ajustado y, por consiguiente, actuar de manera juiciosa, prudente, correcta. ¿Es tan difícil? No, lo propio de un hombre o mujer es ser una persona cuerda, reflexiva, ser una persona que piensa, que razona.

En momentos de gran convulsión, de agitación, de incertidumbre, el comportamiento de las personas es, a la par, de desasosiego, de ansiedad, de preocupación, de nerviosismo, de inquietud, de confusión, de alarma. Y así, hay atolondramiento, imprudencia, irreflexión, sino una conducta dispar.

De este modo, podemos explicarnos o entender por qué muchas personas actúan como actúan. No acatan, no obedecen, en definitiva, no se comportan de manera acorde a circunstancias del todo recomendables.

Actuar imprudentemente en situaciones de emergencia como las actuales, donde todo revela que se debe hacer con prudencia, con discernimiento, con juicio, y se desatienden indicaciones de salud pública en propio beneficio y de la población circundante, es del todo, un acto irresponsable, insensato, si no necio.

¿Es necesario que la orden, las indicaciones deban hacerse con tantas medidas de seguridad, con tantos controles, con cercos, con horarios, con restricciones? Aun así, ¿por qué tanta desobediencia, por qué tanta inconsciencia e irresponsabilidad?

A buen entendedor, pocas palabras, no más conciliábulos, hermanos y hermanas, les pido cordialmente, es decir, se los pido con el corazón, actúen con responsabilidad, no solo hoy, siempre. Y más que una solicitud, es una súplica.

¡Hagan juicio!

 

Raúl Caamaño Matamala

Profesor

Universidad Católica de Temuco

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