Foco de incendios afecta a vecinos

Parece fácil, pero combinar estos elementos es muy difícil. El tema de fondo, por supuesto, es darle a esta ribera del río Claro un uso recreacional.

En pocas ocasiones, un caso tiene ribetes tan complejos y necesita, por ello, una solución tan integral, como lo que está ocurriendo por estos días en el sector denominado Bajo La Florida, en la zona surponiente de Talca. Se trata de un área aparentemente con dueño particular, pero que no puede ser ocupada para fines habitacionales.

El sector corresponde a la ribera poniente del río Claro, desde el puente del mismo nombre, hacia el sur, en Talca. Se trata de una amplia zona inundable, es decir, que corresponde a la cuenca del río Claro y si alguna vez llueve mucho, permitiría dar estabilidad al escurrimiento de las aguas, sin peligro para zonas residenciales.

Con el avance de los años, lo que ocurre es justamente lo contrario. Cada vez llueve menos, por lo cual, los ríos han disminuido sus caudales. En el caso del Claro, el fenómeno es evidente, porque la zona de Bajo La Florida es cada vez mayor, en tanto, el río retrocede y deja expuestos terrenos donde crece el pasto cada invierno.

En verano, ocurre que las altas temperaturas provocan que toda esta zona se transforme en un gigantesco pastizal seco, es decir, material altamente inflamable para generar incendios. Pero no es lo único, porque se suma que el sector –como no está cercado en su totalidad- es utilizado como veredero clandestino por personas inescrupulosas.

Y, como tercer factor relevante, ocurre que el terreno podría tener dueño, pero en la práctica, está abandonado. Todas las consecuencias, para variar, las terminan pagando los vecinos del sector y, además, de toda la amplia zona surponiente y central de Talca, donde cada tarde se puede percibir un desagradable olor a humo.

Esta situación, de por sí totalmente insoportable, trae como consecuencia que afecta la calidad de vida de las personas, en especial, de adultos mayores que sufren problemas respiratorios. Lo mismo ocurre con familias completas que deben cerrar puertas y ventanas para tratar de no verse afectados por el humo.
Las soluciones son, igual que el problema, con distintas aristas. La principal es llevar a cabo un cierre perimetral efectivo de todo el sector, para evitar que accedan personas desconocidas que terminan lanzando basuras o bien utilizando la zona para otros fines, como el consumo de drogas o delitos violentos.

Una segunda solución es remover en su totalidad la tierra, porque los incendios rebrotan cada cierto rato, impulsados por el fuerte calor y el viento reinante en la zona. Y, la tercera alternativa, pasa porque los vecinos y personas cercanas mantengan una estricta vigilancia y actitud preventiva, para evitar situaciones de riesgo.
Parece fácil, pero combinar estos elementos es muy difícil. El tema de fondo, por supuesto, es darle a esta ribera del río Claro un uso recreacional, construyendo un gran parque inundable que, a la vez, otorgue seguridad y alternativas de esparcimiento, transformando un área inútil en otra que aporte a la ciudad.

De esta forma, resolver los problemas que rodean al Bajo La Florida es una tarea titánica, pero no imposible. Y lo mejor es que, aquellos que lo logren, pasarán a la historia. Para estos fines, también es necesario que la ciudad cuente con los recursos necesarios y, además, pueda educar a la ciudadanía en el cuidado del medio ambiente.

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