Fin de año

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25 de diciembre de 2019
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Últimos días del presente mes de diciembre, llega Navidad y, posteriormente, el fin del presente y el inicio del nuevo año. Muchas cosas, quizá demasiadas este 2019, un año que quedará en la historia, en los anales de la convivencia social de las últimas décadas.
Muchos dicen que Chile cambió, que Chile habría despertado de una larga siesta, y la verdad es que tienen razón. La profunda crisis y falta de conectividad de la élite institucional del país, terminó por tocar fondo, generando un desmembramiento importante del conjunto social, que cada vez se siente más distante de sus autoridades. El desafío -o dicho de otro modo- los desafíos, serán particularmente grandes para el 2020. Requerimos con urgencia de nuevas actitudes, de nuevos comportamientos, de otros estilos para actuar en la vida pública. Más solidaridad, humildad, un nuevo examen de ADN ético, porque el acceso a la información permite que las personas, enhorabuena, cuenten con la información necesaria para evaluar a sus representantes, a sus dirigentes. Ahora bien, esto último no se trata de ciertas cacerías de brujas que hemos visto por estos días, de las condenas y quemas en la hoguera de la plaza pública, sin derecho a un debido proceso, a un juicio, al derecho a defensa. Los juicios, evaluaciones y ponderaciones, obligan a ser realizadas con responsabilidad, con prudencia, sin atribularse ante la exigencia de las decisiones tomadas. No se puede condenar de por vida si no hay pruebas suficientes, si no hay garantías que justifiquen las cosas que se cuestionan.
El nuevo Chile como también se ha dicho, requiere de una defensa irrestricta de la democracia, los derechos humanos, y al mismo tiempo, de decir que las situaciones deben ser analizadas en su sano contexto, sin esgrimir acusaciones eternas que pretendan defenestrar a instituciones completas por los errores, delitos o falta de criterio de algunos pocos.
Durante el último fin de semana, tuve la posibilidad como tantas otras veces, de compartir en el Tren Navideño Ramal Talca-Constitución organizado por el alma máter de este columnista, la Universidad de Talca. Creo, sinceramente, que es de las mejores expresiones que nos permite reconectarnos una y otra vez, con ese Chile con carencias, afecciones y problemáticas, pero que al mismo tiempo saben amar a su país, cuidarlo y respetarlo, que quieren cambios pero en democracia, sin destrucción, sin violencia, sin ese odio que abunda por los poros de quienes definitivamente, no valoran la diferencia entre vivir en democracia o en un gobierno autoritario, independiente de todas las falencias con las que contemos hoy en día.
Los profundos cambios que se necesitan en materia de pensiones, ingresos, salud o acceso a elementos básicos, deben darse en un aura distinta, no en la que ha reinado últimamente en el país. Madurez, cambios progresivos, responsables, que van al meollo del asunto, decidiendo hacerse cargo de la crisis del Estado, del tema constitucional, pero sin chapucerías y discursos al voleo, de la falta de ética de muchos actores del espacio político, de la renovación que urge apoyar en los futuros comicios electorales, o de la imperiosa urgencia del sistema público de salud.
Que esta Navidad y celebración de año nuevo, traigan calma y sensatez a muchos de quienes deben liderar las profundas reformas hacia el año 2020, las que solo de realizarse con sentido de estado y de futuro, podrán perdurar en el tiempo, y no terminar siendo solo un veranito de San Juan.
Feliz Navidad, feliz año nuevo, a disfrutar y compartir junto a vuestros seres queridos. Es el momento de volvernos a escucharnos un minuto, de bajar la guardia. Otro Chile es posible.

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