Figuras del folclor amateur: Américo Cruz Peñaloza

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20 de enero de 2020
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Una de las labores más ingratas en cualquier pichanga es la que realizan los árbitros. Bien lo sabe Américo Cruz Peñaloza, reconocido suplementero talquino, quien durante casi 30 años se vistió de negro para impartir justicia en diferentes canchas de la región del Maule.

“Dos veces me agredieron. Ningún árbitro puede decir que no le hayan pegado, aunque sea una patada por detrás”, afirmó el hombre de 65 años, quien ya colgó el pito debido a una hernia que ponía en riesgo su salud. “Me retiré porque estaba muy gordo, tenía una protuberancia abdominal. Entonces, cualquier persona que estuviera quemada conmigo, me pegaba una patada y me podía hasta matar”, describió. Y no estaba exagerando… Américo contó que, cuando aún estaba como lechuga, casi se va para el otro mundo por culpa de un futbolista que se salió de sus casillas. “Expulsé al jugador y de repente él volvió hacia mí y me lanzó una patada tipo karateka. Me pegó en el ojo. Cuando el doctor me hizo la operación, me dijo ‘no te quejes, estuviste a punto de irte’. Si hubiese sido un poco más al lado, me pegaba en la sien y chao”, recalcó.

Las anécdotas le sobran. Es que todos los sábados y domingos se mamaba dos partidos por día. Una de las que más recuerda es cuando dirigió un encuentro de serie de honor entre Independencia y Astaburuaga, en la cancha del cuadro del barrio norte. Es que se mandó manso condoro con el equipo local.

“Yo estaba recién comenzando y me faltaba la experiencia. Justo vino un tiro de esquina, vi que un jugador tomó la pelota con la mano y yo cobré penal. ¡Y era el arquero el que había tomado la pelota con la mano! Se estaban jugando las finales. ¡Tuve que salir arrancando! Llegué al canal Baeza, prácticamente ya me pillaban y opté por tirarme al canal… ¡Y yo no sabía nadar! La misma gente que me iba a pegar, me rescató y me empezaron a sacar el agua de la guatita. Me preguntaron ‘¿cómo estás ahora?’. Les respondí ‘estoy bien’. ¡Y ahí me sacaron la contumelia a patadas!”, relató entre risas, agradeciendo que la cosa no pasó a mayores.

EL MÁS CORRECTO
Las historias suman y siguen. “Había un jugador muy bueno aquí en Talca, Romilio Bravo, el ‘Laucha’. Era muy rápido, entonces en una jugada este cabro se escapó y el rival le pegó la mensa patá y lo eché. Resulta que el ‘Laucha’ se paró, lo agarró a combos y tuve que expulsarlo también. Ese día en la noche teníamos que premiar al ‘Laucha’ porque lo habíamos elegido el jugador más correcto del año”, rememoró Cruz, quien de todas formas entiende la reacción del futbolista.

“El hombre (que cometió la infracción) fue con la maldad. Tenían siete jugadores y lo único que querían era no pagar la multa, entonces se presentaron y entraron a la cancha. El compadre, para terminar el partido (y hacerse expulsar), le puso la mensa patá”, afirmó Américo.

En ese sentido, comenta que los jueces tienen que hacer cumplir el reglamento, pero que igual no son ajenos a lo que sucede en la cancha. “Hay tantas jugadas en las que uno ve que existe injusticia. Hay futbolistas que se dedican a puro pegar patadas, pero cuando a ellos les pegan, pucha que alegan. Hay muchos jugadores pesados, hacen problemas con los rivales, pero cuando les toca a ellos, pucha que gritan”, criticó.

FAMILIA
Pero en la galucha también existen chistositos a los cuales les gusta agarrar pa’l tandeo a los “hombres de negro”. “Había una persona, que ya está fallecida, que iba a las canchas solamente a molestar a los árbitros. El hombre lo agarraba pa’l leseo a uno y todos se reían. Y él no era de ningún club”, recordó Américo.

Por esa razón, y para evitar malos ratos, generalmente su familia no iba a verlo a la cancha. “A veces mi señora y mis hijos me acompañaban, pero prácticamente no querían ir, porque es un problema. Uno está arriesgándolos y uno se preocupa de su mujer. Porque uno puede estar arbitrando muy bien, pero igual no faltan los estúpidos y le pegan a uno, entonces… ¿cómo queda esa persona que está mirando? Además, había que pasar piola, porque no faltaba el tonto que puede decir ‘esa es la señora’”, explicó.

Para Américo, su esposa fue fundamental en su carrera. “Se sacrificaba, porque uno salía a arbitrar y ella se quedaba con todo, me lavaba el uniforme, hacía las tareas de la casa y se quedaba con los hijos”, resaltó.

“ESTOY CONTENTO”
De todas formas, Américo aclaró que no todo es negativo. “A veces uno recibe felicitaciones y es bonito. También tuve la posibilidad de estar en partidos importantes. Estuve con Héctor Tapia, que fue seleccionado chileno y que ahora es entrenador. También fui asistente en un amistoso de la selección chilena en Teno, donde venía a cargo don Luis Ibarra”, valoró.

Es que Cruz hizo su mundo en torno al arbitraje y los diarios. “Estoy contento, porque en Talca mucha gente me conoce. A donde lo ven a uno, le dicen: ‘¡hola Américo!, ¿cómo estás?’”, destacó. De hecho, es tajante en afirmar que la única razón para dejar la actividad fue su hernia. “Yo hubiese seguido arbitrando, no puedo decir que salí cabreado, sería un malagradecido”, finalizó Cruz, quien reconoce, eso sí, que igual de vez en cuando le echa sus palabrotas a algunos colegas cuando mira las pichangas por televisión.

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