Felipe Schwember: “La violencia del 18–O en adelante obedece a la idea de que la historia de Chile está jalonada por incontables injusticias”

En medio de la profunda crisis social y sanitaria que vive Chile, Felipe Sch-wember espera que el “plebiscito permita recomponer las bases de legitimidad, el diálogo y la comprensión mutua entre los chilenos”

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16 de agosto de 2020
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El análisis de Felipe Schwember apunta a entender la violencia “no tanto con-tra el modelo neoliberal o el gobierno”, sino contra el Estado y sus institucio-nes.

En medio de la compleja coyuntura que atraviesa Chile, el proceso constitu-yente, con miras al plebiscito del próximo 25 de octubre, avanza raudamente. El 26 de agosto comienza la campaña de difusión y el 26 de septiembre comen-zará la campaña televisiva.

Temas conversó con Felipe Schwember, editor, conjuntamente con Valentina Verbal y Benjamín Ugalde, de “El octubre chileno/Reflexiones sobre democra-cia y libertad” (Ediciones Democracia y Libertad), donde 11 intelectuales anali-zan el Chile actual tras el 18 de octubre del 2019. Este 25 de octubre, si las cir-cunstancias lo permiten, los chilenos votarán si aprueban o rechazan que se inicie el camino para elaborar una Constitución y el órgano que se encargaría de redactarla.

Felipe, ¿cómo surge “El octubre chileno”?
“El libro es parte de una iniciativa mayor en la que nos embarcamos con Va-lentina Verbal y Benjamín Ugalde: un sello editorial, Democracia y Libertad, con el cual aspiramos contribuir a la discusión pública y, más específicamente, a la reflexión acerca de los valores sobre los que se levanta una sociedad libre, democrática y pluralista. ‘El octubre chileno’ es fruto de la colaboración de va-rios intelectuales, provenientes de distintas disciplinas: historia, filosofía, eco-nomía, derecho y ciencia política. Cada uno de ellos aborda, desde sus propias disciplinas, distintos aspectos de la crisis actual. Por ejemplo, los antecedentes históricos de la actual crisis, su significado político, el problema de la violencia o los desafíos que plantea al liberalismo.

¿Cómo afianzar los espacios que caracterizan a una sociedad democrática, basada en la libertad, igualdad, responsabilidad individual, la no violencia y el respeto recíproco?
“Paradójicamente, el afianzamiento de esos valores presupone un compromiso por parte de la ciudadanía y de los distintos actores políticos, con la democra-cia, la no violencia y el respeto recíproco. Uno de los graves problemas que tenemos hoy es que, a lo largo del espectro político, no hay consenso acerca de lo que todo eso significa. Por ejemplo, acerca de qué tipo de actos pueden y deben considerarse como ‘violentos’. Para unos, la violencia es la que realizan algunas personas con ocasión de las marchas o protestas; para otros, la vio-lencia la ejerce la policía cuando enfrenta, llegado el caso, a los participantes de esas marchas o protestas. Así las cosas, es fácil trenzarse en una serie intermi-nable de acusaciones recíprocas: ambas partes acusan a la otra de haber co-menzado la violencia”.

¿Cómo explicarse el proceso de violencia que se desató el 18 de octubre del 2019?
“Probablemente las causas sean muchas y no una sola. Es razonable pensar que ciertos actos de violencia estaban preparados. Por ejemplo, la quema casi simultánea de varias estaciones del Metro. Pero esos actos de violencia no al-canzan a explicar todo lo sucedido a contar de octubre, que ha ido mucho más allá de esos ataques. Esos ataques agravaron la situación, la exacerbaron. O incluso, si se quiere, la precipitaron. Pero el hecho mismo de que hayan tenido ese efecto es llamativo. La violencia subsiguiente (los saqueos, el vandalismo, la destrucción de locales comerciales en el centro de distintas ciudades) no pue-de agotarse en esa explicación. Es obvio que había cierto descontento y que esa violencia es la expresión más extrema del mismo.
Una causa importante de la violencia es que parte de la población se siente gravemente abusada y tiene la convicción de vivir en un sistema extremada-mente injusto. En ese sentido, la violencia se presenta a esas personas como una reivindicación, como un desahogo y como una forma de hacer justicia”.

El libro aspira a “contribuir a la reflexión acerca de los valores sobre los que se levanta una sociedad libre, democrática y pluralista”.

DESLEGITIMACIÓN DEL MODELO
Felipe Schwember Augier (Santiago, 1976) es licenciado en Derecho y Filosofía por la Universidad Católica de Chile y doctor en filosofía por la Universidad de Navarra, España. Explica que el libro está dividido en cinco partes. La pri-mera bajo el título de “Antecedentes históricos y devenir político”; la segunda, “La disputa por la interpretación”. Luego, “Aproximaciones al problema de la violencia”; la cuarta, “La psicología de la protesta y el derecho de reunión”. Fi-nalmente, “Crisis del liberalismo e instituciones”.

De fondo, ¿esta crisis es una reacción contra el modelo neoliberal?
“Es difícil saberlo con exactitud. En un cierto sentido sí lo es, puesto que vivi-mos bajo un modelo ‘neoliberal’. Pero en otro, no parece que ese sea el caso. Si uno atiende, por ejemplo, a los símbolos que reivindican y, alternativamente, repudian quienes se toman espacios públicos, vandalizan monumentos, etcéte-ra, verá que su rechazo no se limita al actual modelo económico y político, sino que, más bien, se extiende a lo que representa el Estado y la historia de Chile en su conjunto. Así, por ejemplo, la adopción de la bandera mapuche, el derri-bo de estatuas de conquistadores españoles o de héroes de la Guerra del Pacífi-co o la destrucción de Iglesias, pueden entenderse como una enérgica expresión de repudio a lo que todas esas personas o instituciones han hecho con Chile a lo largo de su historia. La apropiación real y simbólica de ciertos espacios pú-blicos tiene lugar mediante el derribo o la profanación de esos símbolos ‘oficia-les’, que representan a quienes han construido el Estado y las instituciones na-cionales; tales símbolos son desplazados para ser reemplazados en su caso con otros símbolos que son lo otro del Estado ‘oficial’. En esos otros símbolos se adivina otra narrativa sobre la cual vivir y legitimar la organización social. En ese sentido, la violencia parece pretender desempeñar una función redentora y, con ello, impulsar cierta identidad y ciertos valores alternativos (poseídos de modo tosco, oscuro, indiferenciado, etcétera) para la sociedad y/o el Estado de Chile.
Por ello, parece más apropiado entender que la violencia desatada a contar del 18 de octubre va dirigida, no tanto contra el modelo neoliberal o el gobierno (aunque también contra ellos, obviamente, aunque en un sentido accidental) como contra el Estado y sus instituciones, en tanto que productos de ciertas injusticias históricas”.

Este modelo, ¿está deslegitimado tras el movimiento estudiantil del año 2011?
“Ha habido un proceso largo, pero persistente de deslegitimación, que culminó en octubre del año pasado. Diría que al menos tres factores son fundamentales. Primero, los sucesivos casos de colusión que fueron saliendo a la luz a contar del 2011. Desde entonces, el modelo comienza a ser percibido, no ya como un sistema de oportunidades, sino como un sistema que permite, o que incluso alienta, el abuso de los consumidores por parte de los más ricos.
Segundo, el abandono del modelo, tanto por parte de los personeros y políti-cos de la ex-Concertación como por parte de la misma derecha. Es un aban-dono distinto, en cada caso. En el de la centro izquierda, y en gran medida co-mo consecuencia de la derrota en la elección presidencial de 2009, se trata del progresivo repudio del modelo que, con mayor o menor convicción, había ad-ministrado por tantos años. Ese repudio pareció tanto más urgente cuanto más críticos eran los nuevos movimientos de izquierda. En el caso de la derecha, se trata más bien de una renuncia o una dejación: ese sector no supo defender el modelo en el que supuestamente creía. Quizás cundía la idea de que el modelo se defendía solo, sobre todo porque no tiene una alternativa creíble.
Esto nos lleva al tercer factor, la ralentización del crecimiento económico. En la medida en que la economía pierde dinamismo, resulta más difícil que la ciuda-danía se identifique con el modelo, sobre todo cuando este es objeto de tantas críticas”.

La violencia desde el 18 – O, ¿puede explicarse por las grandes desigualda-des de la sociedad chilena?
“El problema de esa explicación es que la desigualdad ha disminuido en el úl-timo tiempo. Tendría que ser, entonces, la percepción de la desigualdad, más que la desigualdad efectiva. Pero, por otro lado, quizás sea más correcto pen-sar que lo que molesta a las personas no es tanto la desigualdad como el hecho de que las desigualdades sean consecuencia de una injusticia. En este sentido, creo que la violencia del 18-O en adelante obedece a la idea de que la historia de Chile está jalonada por incontables y repetidas injusticias, que merecen ser resarcidas. La violencia sería una respuesta proporcional a esas injusticias his-tóricas. Creo que la destrucción de ciertos símbolos y monumentos puede in-terpretarse como una prueba de ello”.

¿El plebiscito del próximo 25 de octubre es una forma adecuada para enca-rarlo?
“Espero que lo sea. No se me ocurre otra, sobre todo porque, como decía an-tes, hoy no parece existir consenso en la sociedad acerca de lo que cuenta como ‘violencia’. Ese desacuerdo —al que la pandemia ha quitado urgencia— es par-ticularmente grave en una democracia, pues la democracia descansa en el diá-logo y la búsqueda de acuerdos entre adversarios y contradictores políticos. Es de esperar, entonces, que el plebiscito permita recomponer las bases de la legi-timidad, el diálogo y la comprensión mutua”.

Mario Rodríguez Órdenes

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