Fase 4 del Coronavirus

Es el momento de que los parlamentarios piensen en qué medidas impulsar para que los chilenos puedan sobrellevar los impactos negativos que dejará esta alerta sanitaria.

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17 de marzo de 2020
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Con 156 casos confirmados de contagios de Covid-19 a nivel país, el Gobierno decretó la denominada Fase 4 de medidas operativas sanitarias para combatir la propagación del Coronavirus, al mismo tiempo que se daba inicio a la vacunación masiva contra la Influenza y se decretaban severas restricciones en todo el mundo.

Ejemplo de ello fue Francia, donde se decretó literalmente una cuarentena de toda la población. Todo ello, mientras en Chile ya se está hablando de suspender y reprogramar el plebiscito constituyente de abril próximo, justamente para que el Gobierno y se concentre en reforzar la sobrevivencia de los grupos de mayor riesgo.

Porque los jóvenes pueden sobrevivir de manera relativamente fácil a un contagio, pero no ocurre lo mismo con adultos mayores, niños de hasta diez años, mujeres embarazadas y personas que sufren enfermedades crónicas, entre ellas, de tipo respiratorias. Para ellos están focalizadas las medidas de mayor urgencia e importancia.

La denominada Fase 4 trae asociados otros aspectos de relevancia, entre ellos, un impacto potente en la economía, aunque las autoridades dicen que será transitorio. Y los más afectados van a ser el turismo, el comercio y, en particular, la industria de los servicios, debido a las restricciones de movilidad para los ciudadanos.

Para enfrentar esta situación, en particular, el Banco Central decretó una reducción de la tasa de interés de política monetaria, buscando darle estabilidad al sector financiero. Sin embargo, sigue vigente el fantasma de alzas en el costo de la vida, en especial, por el reajuste del tipo de cambio en márgenes que era impensables.

Ocurre que la economía chilena venía saliendo de los efectos de la guerra arancelaria entre China y Estados Unidos. Y, ahora, se viene este verdadero “frenazo” que afectará al sistema económico, en particular, justamente a las pequeñas y medianas empresas, que son las que concentran mano de obra, especialmente, en regiones.

Es decir, un escenario que era inesperado. Son las mismas empresas que vieron afectadas por el denominado “estallido social” y toda la alteración que ello significó para la industria de los servicios, acostumbrada al libre movimiento de las personas, lo cual se vio alterado debido a las protestas y las alteraciones en el comercio.

De esta forma, más que nunca se hace necesaria unidad política e institucional, para afrontar una arremetida que podría dejar a miles de personas sin trabajo. Quienes lidera las instituciones políticas deben, al menos por un tiempo, dejar de pensar en cómo sacar ganancias o provecho de esta gravísima crisis.

En definitiva, no es el tiempo de seguir con amenazas de acusaciones constitucionales o de buscar derechamente la inestabilidad. Muy por el contrario, es el momento de que los parlamentarios piensen en qué medidas impulsar para que los chilenos puedan sobrellevar los impactos negativos que dejará esta alerta sanitaria.

Si en noviembre pasado se llegó a un acuerdo por la paz que terminó en un acuerdo político constituyente, ahora es el momento de dar paso a un consenso similar, pero que busque superar la crisis de orden público y que permita reactivar la economía, en especial, entre aquellos sectores que otorgan mayores fuentes laborales.

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