Ética Cívica IV

Alguien puede decir: “pero oiga es que los afectados no pueden ir a dialogar en muchas ocasiones porque están en una condición de miseria, de hambre, de inferioridad cultural”…

Efectivamente, esa es la razón por la que el paso siguiente consiste en decir, que quien entiende que la norma es justa sólo en estas condiciones, tiene el compromiso racional elemental de tratar de elevar el nivel de vida material y cultural de todos los afectados para que puedan ser ellos los que en condiciones de simetría digan cuáles son sus intereses y si están dispuestos a dar la norma por buena.

Ergo, mientras los afectados no puedan por miseria cultural o por miseria material interceder o bregar por lo justo, habrá que representarlos, y habrá que ser voz de los sin voz, pero no para quedarse así toda la vida, sino justo lo contrario: para tratar de elevar las condiciones materiales y culturales para que la gente pueda ella decir qué es lo que quiere, qué es lo que le interesa, qué es lo que le importa, porque cuando las cuestiones de injusticia son realmente graves, son las personas, los afectados quienes mejor saben “dónde me aprieta el zapato”.

Así, entonces, cuando las cuestiones son de justicia fundamental, a uno le importa la ética del discurso, pues ésta ética sirve como marco pertinente.

Muchos de los que trabajan en la ética del discurso la han criticado; ello, en el sentido de que les parece un marco muy útil, pero de la que se puede sacar muchísimo más provecho del que le ha sacado Habermas y, por eso, mucha gente está profundizando en esa línea.

Y está trabajando en esa línea diciendo: “mire usted la ética del discurso: no es una ética únicamente formal”.

Simultáneamente, en el mismo momento en que uno dice hay que conseguir que todos los afectados puedan participar en los diálogos, se está invitando a actuaciones comprometidas enormemente serias; ojalá todo el mundo aceptará esas comprobaciones; esas actuaciones, son enormemente serias pues se está también hablando de valores porque se está suponiendo que todos los afectados están igualmente facultados para participar; que tienen obviamente que ser igualmente participantes, libremente participantes, que tiene que triunfar la fuerza del mejor argumento, que nadie puede ser presionado.

Se está hablando por tanto, de libertad e igualdad, de solidaridad y de fraternidad, donde además hay que defender las redes del discurso, donde las personas, que son los nudos de las redes del discurso, no solo de la justicia sino también la solidaridad y fraternidad, es decir, están plena de valores…

Por tanto, la ética cívica, la ética ciudadana, la ética del discurso, no es una ética neutral, sino que está llena de valores y que además tiene la tarea de lograr una sociedad en la que la gente pueda comunicarse libremente sin verse presionada desde fuera continuamente pues trata de aplicarla. Una ética cívica es una ética de los mínimos para una sociedad básicamente sana, y que ya Chile tanto necesita.

Jorge Navarrete Bustamante
Director. Magister en Políticas Publicas. FEN. Universidad de Talca.

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