Ética Cívica, Chile II

La filósofa Adela Cortina y su marido se fueron a estudiar a Alemania porque les parecía que el hecho de que España cambiara de un estado autoritario a una sociedad moralmente pluralista era una cosa muy beneficiosa, y que lo que había que ir asegurando era una Ética Cívica, es decir, una ética que uniera a creyentes y a no creyentes, y a soldados y militares en graduación; o sea, que uniera a todo el mundo, y que todo el mundo supiera que existe una Ética de los Ciudadanos donde todos pueden perfectamente compartir aunque ellos tengan distintas propuestas morales, unas creyentes, u otras no creyentes.

Así, comenta ésta pensadora española, que ello fue tan real como la vida misma pues encontraron en Alemania la propuesta de la Ética del Discurso, y les pareció que era una proposición que cuadraba perfectamente para fundamentar una Ética Mínima, una Ética Cívica, en pos de una efectiva sociedad con democracia liberal, en la que las persona tienen la posibilidad de hacer distintas propuestas de vida feliz, aunque tienen que tener unos elementos mínimos compartido de justicia, porque si no, las propuestas no son sostenibles en la sociedad.

Hoy, tal proposición ha prosperado ya en muchos países sustentados en una Ética Cívica de todos los ciudadanos, pues esos mínimos éticos generan proyectos y prácticas de vida feliz, verificando que “el pluralismo es posible; que es una buena cosa” en el que nadie tiene que imponer a otros “sus” modelos de felicidad, sino que puede invitar a ellos a que sigan esos modelos, aunque sí que comparten unos mínimos de justicia.

Adela Cortina, plantea que la Ética del Discurso le pareció una ética muy loable pues de entrada no oculta -y lo dice expresamente- que es una ética a completar debido a que aún no quiere ocuparse del tema de la felicidad precisamente por no ser universalmente exigible; por tanto, tal ética va a enfocarse sólo en lo exigible, y que se encuentra en la dimensión de la justicia, quedándose entonces con uno de los dos ámbitos (el otro es la felicidad), del fenómeno moral.

Así, en el ámbito de la justicia, la Ética del Discurso se aboca a tratar de ver qué normas de las que rigen la vida social son normas a las que podemos llamar justas: ello es una cuestión importantísima.

Efectivamente, Emmanuel Kant, es el primer autor que distingue entre las máximas de las acciones o las normas y los procedimientos que podemos tener para comprobar si una norma no es justa porque, por una razón, las normas las generan las sociedades y no los filósofos; porque las normas están en la vida, y cuando dicha Ética se refiere a normas, quiere decir que las expectativas de comportamiento recíproco, respecto las cuales organizamos nuestra vida, se basa en la espera que otros van a actuar de una manera, o de otra, en el marco de normas sociales que todos de alguna manera hemos admitido.
Tales normas, por tanto, las crea la sociedad; no las crean los filósofos.
Continuará…

Jorge Navarrete Bustamante
*Director. Magister en Políticas Públicas. FEN. Universidad de Talca.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here