En tiempos de crisis sanitaria: Maulina destaca por su esfuerzo y valentía

Silvia Rojas realiza todos los días del año una verdadera odisea. Tras caminar cerca de dos kilómetros desde su casa, atraviesa el afluente remando su propio bote, con el fin de llegar al encuentro con sus clientes, quienes le proporcionan los recursos necesarios para sustentar la economía de su hogar.

La esforzada mujer recibió un nuevo bote con motor que le dará mayor seguridad y comodidad de cara a los difíciles tiempos que se avecinan.

Lejos de la modernidad, la conectividad y las facilidades propias de los nuevos tiempos vive la señora Silvia Rojas, quien, junto a su marido, su madre y su hijo Matías -quien padece síndrome de Down- comparten hogar en un apartado sector rural de la comuna de Maule, específicamente en la ribera sur del Río Maule.

En un añoso horno de barro, todos los días elabora pan amasado y, contiguo a este útil artefacto, produce tortillas de rescoldo que posteriormente comercializa en la mítica estación González Bastías del Ramal que une a Talca y Constitución.

Con el fin de llegar al encuentro con sus clientes, quienes le proporcionan los recursos necesarios para sustentar la economía de su hogar, la mujer realiza durante todos los días del año una verdadera odisea que incluye una caminata de dos kilómetros y el cruce a bote del Río Maule.

“NO LO DUDAMOS”

El Director Regional del FOSIS, Alejandro Muñoz, supo de este caso y pudo comprobar en terreno que en muchas ocasiones Silvia acude a vender sus productos en compañía del pequeño Matías, sorteando ambos las profundas y peligrosas aguas del principal torrente de nuestra región.

“Vinimos al lugar, conocimos a Silvia y su hijo y comprobamos las mínimas y peligrosas condiciones en las cuales se desplazan. Su antiguo bote a remo estaba malo y, por ello, no lo dudamos e iniciamos inmediatamente una campaña solidaria para regalarle un nuevo bote con motor y chalecos salvavidas, lo cual finalmente fue posible en corto tiempo gracias a recursos del FOSIS, más la ayuda y la colaboración de personeros públicos y privados, brindándole mayor seguridad y comodidad. Ya se lo entregamos y por cierto ella y su familia están felices”, dice Muñoz.

“CAÍDO DEL CIELO”

A pesar de la crisis sanitaria y que ha provocado la disminución de pasajeros del mítico tren de trocha angosta, Silvia manifiesta su alegría.

“Al mal tiempo buena cara y al final digamos que fue una por otra. Este virus nos tiene a todos preocupados, pero en mi caso estoy feliz porque este fue un regalo caído del cielo. No se imagina cómo me cambió la vida, nunca pensé ni esperé algo así. Mi hijo es el más feliz ahora y, por cierto, nos sentimos mucho más seguros, en un bote de mejores condiciones, con chalecos, y que la hace cortita para cruzar. Lo malo es que ya no haré tanto ejercicio”, afirma sonriendo la afortunada y esforzada jefa de hogar.

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