Elección de gobernadores regionales

El gobernador tendrá que encantar a sus electores y canalizar demandas ciudadanas relevantes, como es el proceso de descentralización al interior de las propias regiones y provincias.

Se viene marzo, dicen muchos. Pero lo realmente trascendente será en octubre, cuando están programadas las elecciones de alcaldes, concejales, concejeros regionales, parlamentarios y, en paralelo, gobernadores regionales. Se sumará -en caso que en abril gane el “Apruebo”- a los integrantes de la Asamblea Constituyente.

Para las regiones, por supuesto, el foco estará en esta nueva figura del gobernador regional, un anhelo histórico para todo el proceso de descentralización impulsado desde las regiones, cuya principal demanda es que el poder central transfiera recursos y facultades a las autoridades electas en las distintas zonas del país.

En ese sentido, la figura del gobernador regional tendrá que representar a su región ante el Ejecutivo, buscando financiamiento para sus proyectos, en coordinación con otras instituciones públicas, como las representaciones regionales de los ministerios de Obras Públicas, Vivienda, Agricultura, Economía y Desarrollo Regional.

Será labor del gobernador defender estos presupuestos ante el nivel central, así como ejecutar hasta dónde le alcancen los recursos. Su objetivo principal, entonces, será actuar en forma consensuada con los consejeros regionales, para distribuir la inversión pública en sectores estratégicos para la región y sus provincias.

En todo este trabajo, el gobernador deberá mantener un equilibrio en el gasto público y, en paralelo, tomarle el pulso a la opinión pública de su región, buscando satisfacer demandas relevantes. Pero, al momento de decidir, no podrá dejar a todos contentos, ya que su mirada tiene que ser estratégica y alejada del populismo.

Todo esto se traduce en que la región tendrá -finalmente- una voz propia, validada por el voto popular. Por estos motivos, es difícil sustentar –más allá del cálculo político- lo que opina un grupo de alcaldes, al momento que piden suspender estas elecciones, basados en que faltan recursos y medios para un real ejercicio de este cargo.

Sin embargo, sabemos que en Chile –muchas veces- las cosas empiezan de una manera y terminan de otra. En cuanto a la figura de los gobernadores regionales, claramente faltan más facultades y recursos propios, asociados en su gran mayoría a la denominada “ley de rentas regionales”, la cual todavía se tramita en el Congreso.

Dicha norma, asociada a la reforma tributaria, busca que las empresas que tienen su base productiva en una región, tengan por obligación que tributar en esa zona. El Gobierno el añadió otra norma, cuyo objetivo es que las empresas que, además, tengan secuelas ambientales, paguen un impuesto en su región y en un fondo común.

Más allá de si estas negociaciones llegan o no a un final positivo, lo importante es partir con esta elección y con esta figura. El gobernador tendrá que encantar a sus electores y canalizar demandas ciudadanas relevantes, como es el proceso de descentralización al interior de las propias regiones y provincias.

Por estos motivos, es necesario no modificar el calendario electoral, más aún, en un contexto de movilizaciones sociales. Además, quienes están efectivamente comprometidos con los cambios, más allá de los vociferantes, podrán ver en el gobernador regional a una figura con una mirada y gestión estratégicas.

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