El sueño de Navidad de Lucía Sepúlveda

Desde el mes de noviembre, la “Vieja Pascuera” aparece por las calles de Talca. Su mirada dulce y sonrisa resplandeciente, logran conmover hasta al más frío de los caminantes. Su voz inspira paz y sus abrazos despiertan fe y esperanza no solo en chicos, sino a aquellos que desde hace muchos años dejaron de creer. Así va por la vida, regalando ilusiones a todo el que se cruza en su camino, Lucia Sepúlveda.

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24 de diciembre de 2019
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Sus hijos Carolina Alvarado, Renata Aguirre, Sergio Aguirre y su esposo Sergio Aguirre Tapia, son su mayor tesoro y fuente de inspiración, juntos conforman la familia Claus.

Conocida como la “Rancherita talquina”, lleva bastante tiempo haciendo labores solidarias en las comunidades, un hábito que parte desde su madre, Elsa Arenas, de 92 años, quien desde niña sembró en Lucía el amor al prójimo, el ser voluntaria y el ayudar a los demás. Estas cualidades hoy están más vivas que nunca. “La gente hoy más que nunca necesita amor para calmar un poco la situación que atraviesa el país”, detalla.

Salir a las calles y darle amor a los niños y abuelos, la llena de satisfacción. Con el equipo que integra junto a su esposo y sus hijos, hacen de ésta una experiencia realmente “mágica”. “Mi esposo e hijo se disfrazan de Viejo Pascuero, mi hija menor, (que canta como los dioses), de duendecilla, y juntos le damos vida a la familia de Santa”, acota.

Lucía relata que su origen humilde le ha permitido aprender a querer al más necesitado. “Me encanta cooperar, estar con los que necesitan a pesar de que yo también vengo de una familia humilde y que vivo en un sector super emblemático como lo es Villa Brisas del Maule, aprendí a ser una mujer condescendiente con todos y hoy por hoy, soy la mujer del pueblo”, manifiesta.

INICIOS DEL VIEJO PASCUERO

Todo inició con la casita del “Viejo Pascuero”. Lucia, emocionada, describe lo que sintió la primera vez que se personificó a la mano derecha de Santa. “Hace dos años en la ilustre municipalidad de Talca (donde trabajo), realizaron la casita del Viejo Pascuero, que fue todo un éxito. Los niños llegaban a dejar sus cartitas, era una cosa maravillosa y nosotros súper contentos las recibíamos, yo era la señora Claus, y esa experiencia marcó mi vida”, confiesa.

El contenido de las cartas tocó el corazón de la “Vieja Pascuera”, los niños le pedían cenas en familia, salud para las mamás que estaban con cáncer, otros pedían solamente comida. Por un instante, Lucía deseó poder cumplir esos nobles deseos. “Me motivé, y dije: ‘yo tengo una red de apoyo de angelitos’, porque Santa no es solo tiene duendes, y yo contaba con ayudantes de carne y hueso, gente sencilla y humilde que al igual que yo, piensan que es lindo llevar ilusión”, señala.

Explica que la “Casa del Viejo Pascuero” resultó ser “todo un éxito”, pero al siguiente año la municipalidad decidió realizar otra actividad denominada “Plaza de la Luz”, iniciativa que fue bastante concurrida, pero la gente que había asistido el año anterior, seguían preguntando por la popular “Casa del Viejo Pascuero”.
“Sufrí enormemente la ausencia de esa casa, hasta que un día le dije a mi esposo: ‘Sabes que yo voy a seguir siendo a Viejita Pascuera y tú el Viejo Pascuero’. Casi le da un ataque, pero gracias a Dios me apoyó y se vistió como Viejo Pascuero y empezamos a salir a las calles”, revela. La satisfacción que le brindan los niños en la calle no la cambia por nada, ella inició esta labor pensando en los niños y la felicidad que le brindan se ve reflejada.

Revela que las personas comenzaron a dejar 300, 500 pesos por cada foto, y con ese dinero juntaban para comprar dulces y entregar a los chicos, de allí surgió la idea de emprender este amoroso micro negocio familiar. “Comenzamos a cobrar una cosa mínima y llegábamos a las casas de la gente que nos contrabata a entregar los regalos, con las ganancias, invierto en los trajes que tienen que ser los más reales posibles, es algo maravilloso, la plata no lo es todo, yo podría perfectamente cobrar una gran suma, porque los trajes que tenemos son maravillosos, pero es una labor que hago con una sola satisfacción: llevar alegría a los niños y ancianos, ese es mi mayor pago”.

SOLIDARIDAD TALQUINA

Durante esta experiencia, Lucía revela la solidaridad que ha descubierto en los talquinos. Gracias a muchos amigos y unos cuantos anónimos que, gracias a su trabajo en la radio, pudieron conocer su amorosa labor, logró contar con apoyo para llevar alegría a muchos niños que de una u otra manera pudieron ver cumplir algunas de sus peticiones.
“Hay tanta gente anónima, yo creía que ese tipo de personas ya no existían, pero no es así, hay gente que va y entrega alegrías, eso me hace sentir que lo que estoy haciendo está bien, no solo con los niños y ancianos, sino con nuestros hermanos extranjeros que se encuentran solos en este país, a veces un abrazo, una palabra de aliento, marca la diferencia”, explica.

Cuenta que con la ayuda de las personas han logrado comprar canastas para ser entregadas el día 24. Resalta que personas como su amigo “Don Alberto”, quien regala cenas navideñas y se preocupa por los abuelos del Hospicio, son necesarias en la comunidad.


PROYECTO DE AMOR

Uno de los grandes sueños de esta familia es poder abrir la “Casa del Viejo Pascuero”, lugar donde lleguen todos los niños y más necesitados a visitar al Viejo Pascuero. Lucía desea materializar este espacio donde familias enteras puedan disfrutar y sentir el amor de la gente. “Para cumplir esa meta, necesito tener el apoyo de algún grande personaje que me diga: ‘vamos, yo aporto por tu proyecto y te ayudo’, que me den la posibilidad de poder postular a un proyecto, mucha gente me conoce y sabe de este sueño que tengo, sin intereses políticos, para mí, lo importante es hacer feliz a las personas”, expresa.

MENSAJE

Con lágrimas en los ojos, la “Vieja Pascuera” envió un emotivo mensaje a la población, invitándolos a que se despojen de lo material y puedan mirar a su alrededor y brindar amor a las personas. “Que el mundo se inunde de amor, que miremos a nuestro prójimo con cariño, al final, todos somos hermanos, hijos de un mismo padre llamado Jesús, que viene este 24 de diciembre a regalarnos oportunidad y amor con su maravilloso nacimiento”, detalla.

Rodeada de niños, Lucía Sepúlveda detalla que no hay satisfacción más grande que ver esos ojos de esperanza, atributo que a su juicio el ser humano nunca debería de perder. “Cuando tu dejas de ser niño, todo se oscurece. Uno tiene que seguir siendo niño siempre, disfrutando de la esperanza, de un día mejor, de lo bello que nos da la vida, del niño Jesús. El ser niños mantiene la ilusión viva, yo tengo la certeza de que el Viejito Pascuero sí existe y la señora Pascuera también”.


“Psicológicamente, la emoción que me brinda este oficio es mucha. Te levantas pensando en los niños y te acuestas pensando en los viejos”.

“Una niña que me dijo: ‘yo quiero que mis papás no peleen más’, quedé sin palabras, los niños se dan cuenta de todo, por eso los padres deben brindarle solo felicidad”.

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