El primer brujo y hechicero de Talca

El 24 de septiembre de 1765 se inició un proceso judicial contra un mulato de 40 años, conocido como Domingo Rojas, identificado como “natural de la Doctrina de Vichuquén”

En general Talca en sus inicios estaba conformada por familias que habían emigrado desde el sur hacia la zona central.

Talca fue fundada oficialmente el 12 de mayo de 1742 por el gobernador José Manso de Velasco, que ya había tenido un intento fallido –de primera fundación- en 1692 bajo el impulso de Marín de Poveda. Y que, según un informe emitido por el primer alcalde de Talca, Juan Cornelio Baeza en 1744, la naciente Villa San Agustín de Talca ya tenía 88 vecinos de familia afincados en torno a la naciente villa, y de los cuales sólo 5 familias no tenían casa, pero sí solares cerrados. Se destaca en dicho informe el avance y el progreso de la naciente ciudad, con solares delineados, casas ya levantadas y construyéndose otras, más la existencia de 4 puentes de madera construidos para atravesar los esteros de la Villa, etc. Y después, en 1746, San Agustín de Talca ya contaba al menos con 2 iglesias –el convento de los Agustinos y la iglesia parroquial- y se anunciaba además la construcción de la primera cárcel de Taca.

A pesar de la aparente tranquilidad en los alrededores de las nacientes villas –Cauquenes, Talca, Curicó y otras más- se vivía en un clima de permanente tensión.

LA VIDAD COLONIAL
En general Talca estaba conformada por familias que habían emigrado desde el sur hacia la zona central, eran núcleos familiares sencillos, ligados a las tierras y al trabajo agrícola, y con un particular apego a la fe de la Iglesia Católica –tanto en su dogma como institucionalidad- y descendientes de españoles que habían participado de la conquista del territorio.

A pesar de dicha aparente tranquilidad citadina en los alrededores de las nacientes villas –Cauquenes, Talca, Curicó y otras más- se vivía en un clima de permanente tensión, en donde la “pulicía” tenía que resguardar las asonadas de forajidos y extranjeros de la zona –bandidos, cuatreros y bandoleros-, como ociosos y vagabundos libres que eran mestizos, mulatos e indios, y que eran reconocidos como “perturbadores del orden establecido y de la tranquilidad cristiana”.

Así esa aparente seguridad urbana se veía alterada por algunos hechos delictuales (como el adulterio y el amancebamiento) que ya no eran permitidos por la sociedad colonial.

Plano del Cabildo, Plaza de Armas y Cárcel, Talca, 1787.

EL MIEDO A LA HECHICERÍA
En ese contexto, los vecinos de Talca –en forma anónima- comenzaron a denunciar algunos acontecimientos de “dudosa reputación”; y entre ellos surge la acusación de “hechicería y maleficio” que ejercía y practicaba un mulato desconocido cerca de la Villa de Talca:

“…por rrepetidos denuncios de pública voz y fama que el mulato Rojas, que es hombre bagante ocioso y echisero…
que con sus echisos diabólicos tiene todo el lugar alborotado sin atender al cumplimiento anual de la iglesia ni oir misa sin temor a dios ni respeto a la rreal justicia…” (según testimonio del Juez local).

El juez Theodoro Fredes ya tenía a su haber varios antecedentes para llevar a cabo el proceso judicial. El señor Rojas era un mulato, era un reincidente por sus escándalos sexuales en las cercanías de la ciudad y, además, había mostrado su desprecio frente a la autoridad política y eclesiástica: “había dejado de asistir a misa y no sentía absoluta necesidad de confesión”. Era un ocioso, una vagante, un sujeto que vivía sin provecho y además se le identificaba –con mucho temor- como hechicero y maleficiador local.

Según el testimonio de un vecino de Talca (Pedro Lopes), el mulato se había jactado de sus dotes mágicos, y “…tenía alborotado barios lugares disiendo que era brujo…”. Y en un escape de creatividad en el uso de su facultades mágicas, “…amenasando a muchas mujeres si no dormían con el les abía de aser daño…”. Caminaba por las calles de la naciente Villa Sana Agustín de Talca alardeando de su fama y de sus facultades mágicas… Incluso el mismo mulato autotestfica ser “…el rrei de los brujos…”.

Y un segundo testimonio afirma otras imputaciones ya que lo había visto tratar: “…barias personas sacándoles del cuerpo barias porquerías asiéndoles creer que era malefisio…”

El 24 de septiembre de 1765 se inició un proceso judicial contra un mulato de 40 años, conocido como Domingo Rojas, identificado como “natural de la Doctrina de Vichuquén”. Él había conocido la recién inaugurada cárcel de Talca antes de iniciar su ajusticiamiento. Según el Archivo Judicial de Talca, el juez Juan Bustamente había ordenado el encarcelamiento “…ante las quejas públicas que acusaban al mulato de escandolosas reuniones con una mujer casada en el monte…”. De este mulato desconocido de la Villa San Agustín y al preguntársele directamente acerca de sus fechorías meleficiosas y de brujería, el mulato Domingo respondía de la siguiente manera: “…quando bebia un trago de vino…les desia a la jente…cuidado conmigo que traigo la mano cargada y soy brujo…”.

Finalmente, el brujo y hechicero de Talca logró escaparse de esta nueva cárcel “trepando por los muros” hacia el exterior y que fue seguido por aproximadamente 20 reos influenciados por los dotes mágicos y místicos de este “desconocido” mulato Rojas en los inicios de la naciente Villa San Agustín de Talca: la muy noble y muy leal.

Alejandro Morales Yamal. Magister Cs. Sociales Aplicadas

(*) FUENTE: Investigación etnohística y antropológica denominado “Espíritus del Maule”, Fundación Trekking Chile, Chileógrafos y Maule Profundo 2020.

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