El pequeño gran milagro de Iloca

Tras haber sido descubierta por un doctor que la oyó cantar en el hotel de Iloca, comenzó muy tempranamente su formación en el Conservatorio de Santiago, lo que fue sólo el comienzo del estrellato.

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17 de marzo de 2020
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Rayén Quitral nació en Iloca en 1916 y falleció en Santiago en 1979.

El periodista Roberto Gómez estima que la cantante lírica Rayén Quitral debe haber tenido unos 12 o 13 años cuando, tras impactar con su voz a un médico que estaba de paso en el hotel Iloca, debió dejar su pueblito costero natal para embarcarse rumbo al Conservatorio de Santiago. Allá la niña nacida bajo el nombre de María Georgina Quitral Espinoza comenzó una formación que más tarde la llevaría a grandes escenarios operáticos del todo el mundo.

De esta forma, en la investigación del curicano, la más completa a la fecha sobre la mítica soprano maulina, queda patente la fortaleza que debió tener desde pequeña esta mujer, que tuvo que alejarse de su familia a tan temprana edad; y que, además, pese a alcanzar grandes glorias en una de las actividades más glamorosas del mundo, nunca dejó de pensar y actuar a favor de los más desposeídos.

Luego de partir de Iloca en la década de los 20′ del siglo pasado, Rayén volvió sólo por motivos familiares algunas veces. Es decir, su vida fue «de Maule al mundo», sin embargo, su legado inspira a nuevas generaciones de mujeres amantes de la lírica aquí en la región, y también fuera de ella.

ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

Como suele suceder, en la vida de esta diva se mezclan la leyenda y la realidad, sin posibilidad de determinar exactamente dónde empieza una y termina la otra. De esta forma, Roberto Gómez señala haber recibido testimonios de gente que asegura que cuando la pequeña María Goeorgina cantaba en el coro los vidrios de la iglesia de Iloca temblaban. «Hace poco hablé con otra persona y me dijo lo mismo», cuenta el periodista, dando cuenta de cómo estas historias van pasando de generación en generación en estas pequeñas comunidades.

Lo cierto es que su voz era tan clara y diáfana, que tras ese periodo en que se pudo pulir -a la vez de enseñarle lo necesario para desempeñarse en la ópera- logró convertirse en una estrella a nivel internacional.

«Estuvo siete temporadas en el Teatro Colón de Buenos Aires, ¡siete temporadas!», comenta Roberto Gómez, en años en que el principal escenario trasandino era uno de los principales a escala planetaria.

También la historia registra su paso por otros grandes teatros como el Carnegie Hall de Nueva York, el Covent Garden de Londres, Alla Pérgola de Florencia, entre otros.

LA DIVA MAPUCHE

En la biografía de Roberto Gómez se la retrata como una mujer de luces y sombras, pero ciertamente más de lo primero que de lo segundo. Fascinado por su figura, el periodista dice de ella que fue una mujer «esforzada, inteligente, maravillosa».

La historia la ha destacado también por lucir orgullosa en sus presentaciones en muchas ocasiones atuendos mapuches. «Fue promocionada en Santiago y ciudades del extranjero como una cantante ‘india’ o ‘araucana’, destacando como la primera figura de asociaciones mapuches en conseguir proyección continental», señala el sitio web Musicapopular.cl.

Ciertamente recibió la sugerencia de explotar esa imagen en una época en que lo exótico era muy apreciado sobre todo en Europa, pero Roberto Gómez está seguro que también había en ella un sentimiento genuino de orgullo por sus raíces.

Como toda diva que se precie, Rayén Quitral también tiene sus anécdotas que dan cuenta de sus exigencias, a sabiendas del estatus que había alcanzado. De esta forma su biógrafo menciona por ejemplo que estando en Italia, la llamaron para ir a cantar a Inglaterra. «Pero a ella la verdad no le gustaba parece Inglaterra, y puso la condición de que iría sólo si la iban a buscar y luego a dejar de vuelta a Italia. ¡Y eso en plena Segunda Guerra Mundial!», cuenta.

MUJER QUE INSPIRA

Pero uno de los legados más importantes de Rayén Quitral fue su permanente actitud de desprendimiento y solidaridad. Cuenta la historia que su proyecto para cuando fuera declinando el brillo de su estrella en los grandes escenarios, era dar clases particulares de canto. No encontró realmente muchos niños y jóvenes que pudieran pagar las clases, pero para ella eso no era impedimento para enseñarles, y muchos de ellos fueron becados.

También Roberto Gómez recuerda la colaboración que la diva realizó con un hospital psiquiátrico, donde a instancias de una doctora, montó una zarzuela, con la esperanza de que aquella actividad artística pudiera traer algún alivio a los padecimientos mentales de esas personas. Sin embargo, en una extraña consecuencia de esta buena acción, surgió el mito de que ella estuvo allí para curar un supuesto alcoholismo.

«En mi investigación pude constatar que nada de eso era cierto. Ella estaba ahí para ayudar. Creo que algo del típico ‘chaqueteo’ chileno hay en eso, y que afectaba mucho a las mujeres que destacaban», dice Roberto Gómez.
Lo cierto es que principalmente gracias a la labor de rescate de Gómez, que incluyó además del libro un CD con la única grabación que se encontró de Rayen Quitral remasterizada, la fascinante vida de esta diva ha podido ser conocida por nuevas generaciones, despertando interés principalmente en cantantes líricas actuales. Así lo asegura su biógrafo, quien dice haber recibido muchos agradecimientos de este segmento, y comentarios de lo mucho que las inspira.

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