El país sin historia

No por tan repetido, deja de ser cierto aquello de que “los países que desconocen su Historia, están condenados a repetirla”. Y teniendo en cuenta que desconocer es ignorar, no saber de algún asunto, también se considera otro sentido: desconocer es repudiar o despreciar algo. Y, en ambas acepciones, nuestro desconocimiento de la Historia y la condena consecuente, resulta interesante de analizar.

¿Qué les pasa a las autoridades con la Historia? ¿A qué se debe esa subvaloración, ese desprecio, quizás temor y hasta antipatía por esa disciplina? Porque, el Lector estará de acuerdo conmigo, hay múltiples hechos, no simples conjeturas, que permiten afirmar la ojeriza en cuestión. Hace años, casi dos décadas, eliminaron la obligatoriedad de que todos los postulantes a las Universidades debían rendir una prueba de Historia y Geografía de Chile. La idea de aquella prueba era pedir que los futuros profesionales, de cualquier disciplina, conocieran al menos aspectos básicos de la historia y la geografía de su país. Pero, tal exigencia fue eliminada y se creó, en su reemplazo, dentro de la PSU una prueba específica de Historia y Ciencias Sociales, a rendir sólo por aquellos jóvenes que quisieran estudiar alguna carrera del área de las Humanidades y las Ciencias Sociales. Consideraron que el resto de los futuros profesionales no requerían conocer de la Historia ni de la Geografía de su país y, menos, del resto del mundo.

Hace menos de un año, otro embate igual de formidable. Se determinó sacer la obligatoriedad del estudio de la Historia en los últimos años de la Enseñanza Media. Como si el conocimiento de la Historia fuera accesorio, se le dejó como un estudio opcional, electivo y complementario.

Y ahora, tras la asonada vandálica de la semana pasada, que impidió a más de 200 mil jóvenes rendir la Prueba de Historia y Ciencias Sociales, los Rectores universitarios, académicos y profesionales destacados, no bárbaros iletrados, deciden que esa prueba no es necesaria. Y determinan que no será administrada este año, en consideración de “problemas logísticos”.

¿Será cierto que los futuros profesionales, que comenzarán a formarse este año en el área de las Ciencias Sociales, no requieren demostrar conocimientos, aptitudes y condiciones para dichos estudios? ¿Será cierto que consideraciones logísticas, ni siquiera económicas, pueden prevalecer sobre razones de fondo, en el proceso de selección de estudiantes de carreras del área de las Humanidades? ¿Los Rectores habrían tomado igual determinación si, en vez de la prueba de Historia, la malograda hubiera sido la prueba de Ciencias? ¿No será que las consideraciones logísticas sólo pesan cuando se comparan con la Historia, pero no con las Ciencias? ¿Las Facultades de Medicina aceptarían postulantes que no han demostrado condiciones para las Ciencias? ¿Aceptarán, las diversas carreras humanistas, postulantes que no han rendido la Prueba de Historia y Ciencias Sociales?

Quiero estar equivocado en mi temor a esta especie de malquerer por la Historia que observo en Chile hace algunos años. Al menos yo, y supongo que el Lector tampoco, no quisiera que mi país sea condenado a repetir los aciagos años de nuestro pasado cercano, por culpa del desconocimiento (ignorancia o desprecio) de la Historia.

Juan Carlos Pérez de La Maza

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