El logro de una madre incansable: Claudina y su “Labranza de la Aldea”

Mermeladas, licores artesanales y plantas medicinales, son los productos que han cambiado la vida de Claudina de las Mercedes Martínez. Emprendedora de la localidad de Aldea Campesina –en las cercanías de Talca- que, a sus 50 años, las circunstancias de la vida le enseñaron que “nunca es tarde para empezar de cero”

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5 de mayo de 2020
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Como madre, agradece haber tenido la fuerza para levantarse y demostrarle a sus hijos que si se puede salir adelante.

La vida de Doña Claudina es una historia de lucha, constancia, resiliencia y amor por su familia. Un relato que, además, busca rescatar los sabores tradicionales que, con el paso de los años, han ido conquistando a la gente, haciendo que sus productos se hayan posicionado con éxito en los mercados locales.

La artesana que durante “toda su vida” fue comerciante, hoy en día y luego de muchas luchas, puede recordar sin dolor su pasado. Hace 16 años, no era ni la sombra de la mujer en la que se ha convertido. La pérdida de negocios, dinero, matrimonio, su memoria y autoestima, como consecuencia del maltrato psicológico que sufría, quebrantaron su vida.

Siendo buena mujer, buena madre y buena esposa, no podía entender lo que en su vida estaba ocurriendo. Como creyente en Dios y practicante activa de la fe cristiana evangélica, se negaba a aceptar la ruptura de su matrimonio, motivo por el cual “soportó” años nada gratos.

“La pasé muy mal, me sentía humillada y maltratada. En ese momento de mi vida cuando lo había perdido todo, sin ingresos y con depresión, clamé a Dios de rodillas y, pese a todo, lo que pasaba yo siempre confié y esperé en él, teniendo la certeza con todo mi corazón, que él me iba a levantar, me aferré a sus promesas y así fue”, detalló.

“A las personas que están siendo maltratadas, les digo ¡busquen ayuda! No pueden permitir que un hombre las destruya”

UNA MANO AMIGA

El consejo y apoyo de personas e instituciones que, como ella asegura “Dios le puso en el camino”, lograron ayudarla a dar los primeros pasos de esa nueva Claudina que estaba emergiendo desde la derrota. Poco a poco, pudo rearmarse y hacer de sus sueños realidad.  “Me levanté de la nada, comencé a trabaja como temporera y de ahí fui juntando plata para hacer las mermeladas. Mis amigos y vecinos me ofrecían fruta y de allí fui explorando con las recetas que se me ocurrían. Al principio me quedaban algo oscuras, pero poco a poco fui perfeccionando la técnica”, reveló.

El año 2006 fue crucial, ya que pudo ingresar al Programa de Desarrollo Local (Prodesal) del Instituto Nacional de Desarrollo Agropecuario (Indap) en Talca, donde adquirió más conocimientos en cuanto a su emprendimiento.  En este tiempo, hizo las primeras mermeladas con los frutos de su huerta, contó la productora. “En Prodesal conocí muchas personas que, al ver mi condición tan extrema, fueron ayudándome abriendo puertas”, recuerda.

Mezclas novedosas como la naranja y zanahoria, llamaron la atención del público, quienes poco a poco fueron promoviendo su emprendimiento. “Trabajaba hasta las cinco de la mañana para juntar plata e irme una semana con el grupo de Indap a las ferias. En esta etapa, también fue fundamental el apoyo de la Fundación de Promoción y Desarrollo de la Mujer (Prodemu), institución que me abrió las puertas a un sinfín de oportunidades en todo Chile, y lo agradezco profundamente”, señaló.

TERREMOTO 2010

Cuando todo comenzaba a tener orden en la vida de Claudina, el terremoto del año 2010 puso a prueba su fe. Aunque su negocio quedó de pie, su casa no corrió la misma suerte, transformada en escombros. La fuerza de sus experiencias, hizo de este hecho una prueba más que logró superar, con esperanza y coraje.

“Una vez más, pude salir adelante. Dios nunca me ha desamparado. Él me abrió puertas a través de las instituciones. Me dieron una nueva casa y la que se cayó la pude reconstruir. Sumé mis recursos monetarios con el apoyo de Indap para construir mi sala de elaboración, sala de productos, todo terminado, un espacio donde llegan envases vacíos, una bodega y, la más reciente, una sala para recibir turistas”, comentó la emprendedora, convencida de que “todo pasa por algo”.

INDEPENDIENTE Y FELIZ

Actualmente -con 66 años- doña Claudina se enorgullece de haberle demostrado a su familia y a sus hijos, Jorge Iván y Héctor Bravo Martínez, que se puede salir de una situación difícil, pese a cualquier adversidad. Gracias a su emprendimiento, logró cumplir muchas metas personales y profesionales, al tiempo de obtener la preciada independencia financiera.

“Yo misma compro la fruta, la limpio, la desinfecto, la secó, la dejo preparada en plástico para guardarlas en máquinas congeladoras. Me ha ido muy bien y me economizo bastante. Miro hacia atrás y, después de haber estado a los 50 años, humillada, maltratada, sin tener qué comer y perdiendo la memoria, doy gracias a Dios por lo que me ha dado, que -aunque no soy rica- vivo cómoda y soy plenamente feliz”, expresó.

Esta emprendedora rural nunca se imaginó llegar tan lejos con su negocio, porque pasó de no tener nada a estar viajando por el mundo. “¿Cuándo yo me iba a imaginar que una mujer rechazada iba a estar viajando de feria en feria, trabajando y disfrutando la vida? Jamás. Siempre estaré agradecida con las instituciones que se la juegan por las mujeres, gente que estuvo a mi lado cuando yo estaba mal”, agradeció.

Su participación de manera regular en ferias y promociones la siguen posicionando como una micro empresaria ejemplar. La fama de sus creaciones, ha hecho que sus clientes exploren sabores de calidad al consumir sus productos, lo que para ella es “la mayor bendición y satisfacción”.

Facebook: labranza de la aldea

Correo: labranzadelaaldea@gmail.com

 

 

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