“El Hijo del hombre vendrá a la hora menos pensada” Primer domingo de Adviento. Mateo 24, 37-44.

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1 de diciembre de 2019
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Jesús dijo a sus discípulos: <>.

Iniciamos en este domingo un nuevo ciclo litúrgico con el tiempo de Adviento. Que significa un tiempo de espera, de animarse, de prepararse conscientemente para aquello que se acerca con novedad.

Esto coincide fuertemente con todo lo que hemos estado experimentando como país, con una gran crisis a nivel institucional, y con muchas situaciones de violencia que a todos les toca padecer; y como se dijo aquí mismo hace algunos domingos anteriores: no solucionan nada. Es continuar con un esquema ya configurado en la mente de todos: si rompemos vidrios hay respuestas, si solo caminamos no nos toman en cuenta.

Con esa lógica, muchos de aquellos que apoyan las causas que han llevado a marchar por las calles se han cansado un poco de ellas porque vemos signos de arreglo por una parte y un gran rechazo en un menor número de habitantes, sin contar los que solo desean destruir apoyados por oscuros rostros. Lo hemos dicho antes: la historia no se escribe borrando todo lo que se ha avanzado.

Estos mismos hechos se han presentado en el pasado; sin orgullo se puede decir que se ha avanzado en la manera de mejorar las condiciones de justicia de todas las personas. Si en el pasado se dieron crímenes atroces como el de la Escuela Santa María; hoy por lo menos tenemos conciencia de los derechos humanos; esperamos que siempre podamos crecer en humanidad.

El Adviento nos trae la esperanza de que todo mejorará, que vendrá quien nos transforme el corazón y nos lleve a trabajar pensando siempre en el otro antes que en uno mismo, vendrá el Señor que nos enseñará que es mejor dar que recibir, nos trae la noticia de que las guerras desaparecerán y el diálogo triunfará y a partir de él comenzará una nueva relación entre las personas.

Lo que todos esperan es que se pueda crecer en humanidad, en reconocimiento del otro, en respeto, esto significa crecer en espiritualidad y que luego implica equidad, no igualdad; la igualdad resulta injusta en muchos casos. Que luego se pueda dar espacios para desarrollar los talentos que cada uno tiene: construir, investigar, crear, enseñar, sanar, y que no exista esa diferencia de clases que vemos en nuestro país. Si podemos convivir ese gran sabio que planta una rosa con ese ignorante que solo sabe curar heridas, habremos llegado a una dimensión de paraíso, se habrá construido el cielo en la tierra. El león pastará con el cabrito y el niño podrá meter su mano en la cueva de la serpiente y esta no le hará daño.

Adviento es el tiempo en el cual podemos educarnos para entrar en esa realidad de paz, esa que no es pura tranquilidad de que no pase nada, sino aquella que provoca todo un movimiento de personas y del universo para que en él venga a nacer Jesús, el rostro humano de Dios, para eso hay que estar atentos, activos y esperanzados.

P. Luis Alarcón Escárate
Vicario de Pastoral Social y Talca Ciudad
Párroco de Los Doce Apóstoles y Capellán Santo Tomás Talca

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