El giro en la historia de Noemí Angélica Peñailillo

Abriéndose puertas hacia el futuro, la ex interna, Noemí Angélica Peñailillo Muñoz, de 32 años, logró conquistar el sueño que dejó inconcluso en su adolescencia y que hoy, gracias a su determinación y constancia, ha convertido en realidad: poder culminar sus estudios de enseñanza media y obtener el título de Técnico en Enfermería mención Ginecología.

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28 de enero de 2020
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Bernarda Muñoz, es el nombre de la mujer que le daba la fortaleza necesaria para sobrevivir estando en la cárcel: su madre, aquella que la inspiraba y motivaba a no rendirse. Tan solo su recuerdo le recargaba las energías para subsistir en aquel mundo oscuro, donde las horas son eternas y la libertad, solo es producto de un sueño del que no quisieran despertar jamás.

La mujer, oriunda del Parral (lugar donde vivió hasta los nueve años), tuvo una infancia “muy sufrida”, como ella lo describe. Sus padres se separaron cuando era una niña y, tras la ruptura de la humilde familia, se fueron a Longaví, provincia de Linares, donde su madre -junto a sus cinco hermanos- comenzaron una nueva vida. Lo que no sabía aquella niña, era que las huellas de su dura infancia, la perseguirán años más tarde.

De pequeña quería ser detective, pero con el tiempo se le dañaron lo planes. “Cursaba primero medio cuando mi papá dejó de darnos dinero, luego de la separación, no alcanzaba el presupuesto y tuve que dejar de estudiar. Al cumplir 15 años, empecé a carretear y me puse rebelde, salía de casa escondida, comencé a probar los vicios de la vida y me quedo gustando”, reveló. Hoy en día lamenta haber desperdiciado tantos años de su juventud.

El fallecimiento de su hija de año y medio a causa de un accidente doméstico en el año 2010, la dejó inmersa en una terrible depresión. Sumado a esto, la vida rodeada de vicios que llevaba, le ocasionó que, en el 2011, a los 24 años, ingresara a prisión. “Era un día normal, no sabía lo que me iba a ocurrir horas más tarde, pero era algo que veía a venir, yo no quería vivir, no quería nada, no le encontraba sentido a la existencia y me entregué a la mala vida”, detalló Noemi.

“Mis compañeras me invitaban a comer helado unas cuadras más allá y no podía ir, fue un esfuerzo grande porque tuve que seguir las reglas. Fui obediente, cumplí y hoy me siento muy orgullosa”

PRIVADA DE SUS SUEÑOS
Desde el 2011 hasta el año 2015, su estadía en el sistema carcelario fue un “infierno”. Así lo describe Noemí, al mencionar lo difícil que era vivir tras las rejas. “Al principio me costó adaptarme, pensaba que tenía semanas y apenas habían transcurrido horas, el tiempo se detiene cuando no tienes libertad. Pensaba ‘me voy a volver loca’, no fue fácil asimilar que estaba presa, creía que iba a salir rápido, hasta que entendí la realidad”, relató.

Con el paso de los meses, le tocó adaptarse al sistema y convertirse en “una más del montón”. Integró el grupo de mujeres que tenían un mal comportamiento, así estuvo durante cuatro años hasta que un hecho inesperado marcó su vida. En el año 2013, su padre falleció, en ese momento comenzó a preguntarse: “¿Qué estoy haciendo con mi vida?, los años pasan y yo estoy encerrada lejos de mi familia”, lamentó.

Como si la partida de su padre fuera poco, el popular lema que afirma que “todo acto tiene consecuencias”, cobró sentido para Noemí, ya que, en un allanamiento, efectivos policiales lograron encontrar bajo su posesión “pitos de marihuana”, razón por la que fue procesada. “Aumentaron mi condena, eso fue un suceso que me devastó, me quería morir”, recuerda.

“Mucha gente no creía en mí, pero si fui capaz, ahora quiero que me vean y se motiven a conquistar sus sueños”, dijo Noemí Peñailillo

CAMBIO DE RUMBO
Los años no pasan en vano y Noemí se daba cuenta de ello. “Un día me pregunté: ¿A qué edad voy a salir yo de aquí? En ese momento, tomé la decisión de darle un giro a mi vida, y me enfoqué en estudiar. Me costó salir del montón, porque siempre hay alguien que te ofrece continuar en la mala vida, pero me aferré a aquellas amistades que me apoyaban, seguí firme y postulé al beneficio de “La Colonia”, en el año 2015, donde descubrí un nuevo mundo, muy cercano a la liberad”, detalló.

La Colonia, es el Centro de Educación y Trabajo (CET) semi abierto de Talca, el único en la Región del Maule que tiene un régimen de auto conducta, (no hay rejas).

Durante el tiempo de estudio, descubrió que podía ser responsable, comenzó a exigirse cada día, logrando obtener las mejores calificaciones. Así pudo terminar primero, segundo, tercero y cuarto medio. Su buen promedio, le permitió hacerse acreedora de nuevas becas que le abrieron las puertas para continuar estudiando, esta vez, en la educación superior. “Fue un proceso bien duro, tenía miedo, al punto de llorar antes de entrar a clase, ya que mis compañeros no sabían de donde venia yo, por momentos sentía que no iba a ser capaz de rendir, pero poco a poco, fui agarrando el ritmo, comencé a tener amistades y, gracias a Dios, recibí el apoyo de mis compañeras, porque fui respetuosa y dejé ‘el chip canero’”, detalló.

Durante el proceso de estudios, aprendió a presentarse en sociedad y a adquirir un lenguaje más educado, “El hecho de estar privada de libertad no significa que uno tenga que actuar y pensar de una manera determinada. Comprendí que esa no era la vida, que yo quería y decidí cambiar mi futuro”, dijo.

Las ganas de demostrarle al mundo que ella era capaz de salir adelante, la impulsaron a continuar, entendiendo que, su familia no se merecía verla envejecer a través de las rejas, por lo que aprovecho todas las oportunidades para prepararse académicamente y obtener beneficios por buen comportamiento. Explicó que Gendarmería y el Instituto Profesional AIEP la orientaron en el camino correcto.

Peñailillo reveló que las jefas de carrera Olga y Carolina, se comprometieron con ella. Jamás se imaginó que la apoyarían tanto.

En los últimos tres años, un promedio de seis personas en proceso de reinserción social, accedió a la educación superior, preferentemente a la educación técnico profesional.

BENEFICIARIA LABOR
La coordinadora regional de educación de Gendarmería Maule, Gabriela Andaur Arancibia, mencionó lo orgullosos que se sienten de casos exitosos como el de Noemí, mujer que se convirtió en un ejemplo de que se puede estudiar estando recluida. “Las personas que cumplen una condena pierden la libertad, pero no su derecho a la educación que es garantizado por Gendarmería. Las oportunidades están, es por ello que, a través de convenios hemos logrado sacar adelante esta misión de educar en contexto de encierro”, dijo.

La profesional agregó que, en todas las unidades penales de la región, existen centros educativos en su interior, y cada año se trabaja por mejorar los convenios, proyectos y programas educacionales para dar las facilidades a quienes desean estudiar mientras cumplen su condena.

Por su parte, en la Dirección Regional de Gendarmería destacaron los bueno resultados que se han obtenido del convenio con el Instituto AIEP, que fue suscrito el año 2015, también con otras casas de estudios como San Agustín y Santo Tomas que se han sumado a los proyectos de reinserción social.

La técnica en enfermería aseguro que, pese a los tropiezos, la perseverancia le ayudo a demostrar que había cambiado. Así pudo cursar toda la enseñanza media y educación superior siendo usuaria de Gendarmería mientras cumplía su condena.

292 privados de libertad han presentado la PSU desde el 2016 a la fecha

NUNCA ES TARDE
Enamorada de su profesión, hoy con un título de Técnico en Enfermería Ginecológica, es orgullo para su familia y fuente de inspiración para aquellos privados de libertad que, al igual que ella, quieren darle un giro a su vida. Espera que aquellos que se encuentran en el mal camino, puedan visualizarse en su ejemplo y decidir cambiar.

“Tienen que darse cuenta que los años pasan, no pueden quedarse de brazos cruzados con todas las oportunidades de superación que allí nos brindan. Esa vida floja y rutinaria no deja nada bueno, yo estoy tan arrepentida de no haberlo hecho antes, tengo 32 años y deje pasar mucho tiempo. Hay personas que tienen todo a su alcance para estudiar algo y no lo hacen, a mí me costó, pero lo logré”, reflexionó Noemí.

El 8 de enero de 2020, se titula de la carrera Técnico en Enfermería, en ceremonia AIEP en el Teatro Regional del Maule.

Hoy en libertad, espera poder limpiar sus antecedentes para ejercer. Es su deseo que los centros laborales, le brinden un voto de confianza a aquellas personas que están empezando de nuevo. “Algunos caen por error, se arrepienten y pagan su condena, no por eso vamos a vivir discriminados toda la vida. Yo he demostrado con hechos, que soy digna de ejercer y de empezar una nueva vida junto a mi novio y mi familia, teniendo claro que nunca más voy a volver a ese tormentoso lugar”, finalizó.

2 Comentarios

  1. excelente ejemplo de querer es poder, todos tomamos malas decisiones en algún minuto, algunas son graves y terminan privados de libertad, eso no significa que esa persona no pueda remendar su rumbo, esta niña es el ejemplo de que si quieres y trabajas duro por lograrlo, alcanzaras la meta, todo el éxito en su nueva etapa de la vida y que se abran las puertas para que logre ejercer.

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