El expediente desconocido del combate naval de Iquique

En el Archivo Nacional, Fondo de Marina, desde los años 1877 a 1881, hay cartas, telegramas, informes, expedientes y otros documentos de la Guerra del Pacífico. Entre esos papeles sin clasificar, está la verdadera causa del combate naval de Iquique, del sacrificio y lealtad de Prat y sus hombres y de cómo la idea fija del Almirante Juan Williams Rebolledo, de ir a atacar el Callao en mayo de 1879, casi provoca un enorme descalabro en la escuadra chilena, que en esa época era una de las más poderosas de América, todo lo cual fue cubierto y casi disimulado por el legendario valor de los defensores de Iquique, el 21 de mayo de 1879, lo cual, de una u otra forma, ha sido soslayado por los historiadores

Capitán Arturo Prat Chacón asumió noblemente el error de sus superiores y murió cumpliendo con su deber en Iquique.

La guerra de 1879 contra Perú y Bolivia encontró a Chile con escasa organización militar. El teatro de aquella contienda fue primero el mar, con un litoral de más de cinco mil kilómetros. En abril de 1879, la escuadra chilena era la más poderosa y respetada de América. Si se lograba dominar el Pacífico y terminar con el poder naval peruano, el conflicto estaba prácticamente definido.

El Comandante en Jefe de las Fuerzas Navales chilenas, el almirante Juan Williams Rebolledo, contaba con notables hazañas a su haber, aun cuando se le consideraba un tanto obstinado en sus ideas. Así, su primitivo plan era esperar a la escuadra peruana en Iquique y enfrentarla allí con todo el poderío. Además, el Presidente Pinto dispuso artillar, de la mejor manera posible, todos los puertos nortinos. Así, las fuerzas enemigas no podrían desembarcar ni acercarse a la costa.

Pero Williams Rebolledo, desde principios de abril, gestó un plan que juzgaba definitivo para el destino de la guerra: ir hasta el Callao, hundir al “Huáscar” y la “Independencia”, bombardear las bodegas y depósitos de ese puerto y dejar al país vecino sin medios para combatir. El triunfo, así lo suponía, se sellaría de inmediato.

Almirante Juan Williams Rebolledo, tenía una brillante hoja de servicios, pero su obstinado e inconsulto plan de atacar el Callao, sin informarlo a sus superiores y con graves errores en su ejecución, casi provocó el descalabro de la Escuadra.

La escuadra nacional estaba compuesta por los blindados “Cochrane” (con un total de 8 cañones de 248 a 24 libras y una ametralladora Nordenfetl. Un certero disparo de este buque acabaría con las correrías del “Huáscar” en Angamos, el 8 de octubre de 1879), el “Blanco Encalada” (con 10 cañones de 228 mm, además de dos motores a vapor con iguales hélices), la “O’Higgins” (con nueve cañones de diversas libras), la “Chacabuco” (con 9 cañones y 4 ametralladoras), la “Magallanes” ( con cuatro cañones), la “Pilcomayo” (con seis cañones de diferentes libras) y, como apoyo, la “Esmeralda” y la “Covadonga”, cuya potencia y capacidad era de menor significado.

Ahora, por el Perú estaba el “Huáscar”, provisto de dos cañones de 254 mm en torre giratoria y dos cañones de 120 mm, además de uno de popa. Su característica especial era que, por ser más bajo y tener sus hélices cuatro palas, le permitía ser muy maniobrable para avanzar, retroceder o girar.

La “Independencia” era una fortaleza artillada: contaba con dieciocho cañones, más dos ametralladoras y dos piezas de artillería Parrot y un Vovasseur, las más avanzadas de la época, pero tenía escasa movilidad y solo podía navegar en aguas profundas.

Capitán Arturo Prat Chacón asumió noblemente el error de sus superiores y murió cumpliendo con su deber en Iquique.

El lector puede determinar que la escuadra chilena era superior en cualquiera de los campos.

En consecuencia, Williams Rebolledo, sin consultar con el ministro de Guerra ni el gobierno, preparó en secreto su viaje al Callao. Pidió víveres y carbón, no dando razones ni motivo de ello. Todo lo realizó sigilosamente. Sacó al comandante de la “Esmeralda”, Manuel Thomson, y dio ese mando a Prat, a quien entregó un sobre cerrado para abrir el 20 de mayo. En él le explicaba su plan de ir hasta el Callao y atacar la escuadra enemiga. Su proyección lo hacía estar llegando al puerto peruano el 21 de mayo.

Pero, como el carbón no alcanzaba para volver, se ordenó al “Matías Cousiño” transportar ese combustible y esperarlos en un punto astronómico para abastecerse al retorno. El 16 y el 17 de mayo la escuadra chilena zarpó hacia el norte, dejando el bloqueo de Iquique a cargo de Prat y Condell. El mismo día 16, salían desde el Callao los dos blindados peruanos, además de tres naves pequeñas de apoyo (el “Oroya”, el “Chalaco” y luego el “Lima”).
Pero Williams Rebolledo mintió al Gobierno. Dijo que iba instalar el bloqueo en Arica, pero envió una nota a la Comandancia de Marina, cuyo secretario era Eulogio Altamirano, donde le decía que, en verdad, iba hasta el Callao y que había ocultado ese hecho, para evitar que los espías lo informaran al gobierno peruano.

Profundamente alarmado, Altamirano se trasladó de inmediato a Santiago para informar de lo acontecido al Presidente Pinto: el Comandante en Jefe de la Armada había tomado una decisión de gran magnitud, por propia iniciativa y omitiendo informarlo a sus superiores.

La escuadra, entretanto, iba rumbo al Callao, pero sin tomar las providencias mínimas de resguardo. Por ejemplo, a poco de navegar, perdió contacto con el “Matías Cousiño” que llevaba el fundamental carbón, además no envió buques de avanzada que informaran de novedades u obstáculos en el trayecto. Y ello fue fatal, por cuanto, desde el norte, venían las dos naves peruanas las cuales, al advertir las luces de posición de la escuadra chilena, se pegaron a la costa y la dejaron pasar hacia el Callao. Con esto, Grau tenía el camino libre hacia el sur.

Almirante Galvarino Riveros Cárdenas, reemplazó a Juan Williams Rebolledo en la Comandancia en Jefe de la Escuadra, recuperó la moral de sus hombres, dio confianza al país y logró capturar al Huáscar.

El 21 de mayo, el mismo día que las naves peruanas iniciaban su enfrentamiento con los barcos chilenos en Iquique, la escuadra se acercaba al Callao, capturando a los pescadores de las inmediaciones para impedir que comunicaran la llegada de los barcos. Pero al aproximarse, tras entonar el himno nacional por la inminente victoria, y confundir a un barco mercante con las embarcaciones buscadas, Williams Rebolledo y los demás oficiales se enteraron que el “Huáscar” y la “Independencia” no estaban en el puerto. En ese momento advierten la gravísima situación, por cuanto imaginaron que ya los buques enemigos se acercaban a Iquique, como efectivamente sucedía.

Tras el estupor del instante, no exento de pánico, se ordena buscar al “Matías Cousiño” para cargar carbón y retornar de inmediato al sur, pero este buque se ha equivocado y no está en el lugar fijado. No hay combustible para las calderas.

Algunas naves, el “O’Higgins” y la “Chacabuco” deben navegar a vela, lo cual desarma la formación de la escuadra. Si en ese instante hubiesen aparecido los monitores peruanos, hunden sin demora y hasta sin apuro a todos los buques chilenos.

Penosamente, la escuadra logró llegar a Iquique donde se supo la magnitud de lo ocurrido. Lo único rescatable de este episodio, además del gran heroísmo de Prat y sus marineros, fue el hundimiento de la “Independencia”, que era la mitad del poder naval peruano. Pero, además, si Grau se entera del penoso estado en que se encontraban los buques chilenos en Iquique, de igual forma pudo atacarla con indudables posibilidades de hundirlos y tal vez, ahí sí la guerra habría concluido.

Si bien en todo Chile se elogiaba el heroico desempeño de Prat y sus marineros, como la audacia de Condell, en La Moneda hubo ceños fruncidos. Desde la Comandancia en Jefe, al Ministerio de Guerra se preguntaban, “dónde estaba la Escuadra”. Las interrogantes de los telegramas oficiales rayaban en lo patético: “¿Qué se ha hecho Williams? ¿Dónde está?”.

Almirante Juan José Latorre Benavente, al mando de “Cochrane” logró detener al “Huáscar” en Angamos con una carteada y exacta maniobra.

EL FANTASMA DEL HUÁSCAR
Pero la tragedia aún no terminaba. Grau, con el litoral del sur a su disposición, pudo bombardear e inutilizar varios puertos chilenos, capturando o hundiendo no menos de diez naves o embarcaciones, entre ellos el muy valioso transporte “Rimac”, el 23 de julio de 1879, que venía de Valparaíso con el selecto cuerpo de los Carabineros de Yungay, caballos, fusiles, municiones y diversos elementos que habían significado un alto costo al presupuesto chileno y un enorme apoyo a las fuerzas del norte. Esta noticia fue un verdadero desastre para el gobierno. Todos culpaban a Williams Rebolledo sin nombrarlo. Como si lo anterior fuera poco, la cañonera peruana “Pilcomayo” apareció en Tocopilla y destruyó las embarcaciones ancladas en ese puerto. La Comandancia en Jefe, a través de Eulogio Altamirano, en un duro mensaje, dijo que ello “es algo que no se explica”, toda vez que esa incursión enemiga fue hecha casi “en las barbas” de la Escuadra. Finalmente, Williams Rebolledo renunció a principios de agosto de 1879, tras serle negado un permiso que solicitó para reponer su salud. El disgusto en la opinión pública por la campaña naval se dejaba sentir en todos los círculos del país. Se designó como Comandante en Jefe el Almirante Galvarino Riveros Cárdenas.

EL 8 DE OCTUBRE DE 1879
El Almirante Riveros reorganizó la escuadra, reparó los buques y levantó la moral de sus hombres y de la nación. Su objetivo, que era la obsesión de todos: capturar al “Huáscar”. Así, se diseñaron planes y estrategias ante este verdadero fantasma de los mares que aparecía y se esfumaba en los puertos del norte. Todas las veces que fue ubicado, lograba zafarse con una habilidad exasperante.

Documentos referidos al combate naval de Iquique del Archivo Nacional.

Finalmente, pudo ser acorralado en Angamos junto a la nave peruana “La Unión”, por cuyo humo los buques chilenos lograron ubicarlo: eran éstos el “Blanco Encalada”, la “Covadonga” y el “Matías Cousiño”, poco después se sumaron el “Cochrane”, al mando de Juan José Latorre, la corbeta “O’Higgins” y el transporte artillado “Loa”. Grau hizo varias maniobras evasivas. Su compañero de combate, “La Unión”, huyó raudamente del lugar, al mando de Aurelio García y García, el mismo comandante de la malograda “Independencia”. Finalmente, certeros cañonazos del “Cochrane” abren sendos impactos en la nave peruana, dejándola sin gobierno. Otro disparo destroza la torre de mando, muriendo Grau y un oficial. Pese a ello, y tras tenaz combate, el monitor peruano fue capturado.

En Chile fue tal el regocijo que las fiestas patrias cambiaron de fecha, del 18 de septiembre al 8 de octubre durante al menos cuarenta años. Hubo jolgorio en las calles y todo el mundo se felicitaba por esta hazaña que se juzgaba monumental.

Y así también, el nombre de Prat y sus hombres, por su leal sacrificio, se inmortalizó como el símbolo de esa contienda que, desde ese instante, adquirió renovada fuerza de adhesión y popularidad.

Jaime González Colville. Academia Chilena de la Historia

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