El espíritu de una nueva Constitución

Hay voces que anticipan que el verdadero debate se dará una vez que haya ganado el “apruebo” y se entre al “área chica” sobre la nueva Constitución.

¿Es suficiente el modelo que se ha estructurado en torno al proceso que debería llevar a una nueva Constitución? ¿Basta y sobra con el plebiscito y con escoger entre una Convención Mixta Constitucional o una Convención Constitucional?

Tras el acuerdo parlamentario logrado en noviembre -como respuesta al multitudinario movimiento social que se generó desde octubre en todo el país- y que daba cuenta de una cierta unanimidad política en torno a una nueva Constitución, las aguas se han ido calmando, dejando ver las posturas particulares de cada vertiente o, más específicamente, de cada partido.

Diferencias que revelan que la unanimidad no era tal. Surgieron los matices, tanto en los partidos de gobierno como de oposición. Más evidente, por cierto, en la derecha, conglomerado que evidenció distintas posturas que llevaron, por ejemplo, a Renovación Nacional a dividirse entre quienes rechazan una nueva carta fundamental y quienes la aprueban. Algo que también se observa en Evópoli, aunque con menos fuerza.

Y en la oposición, si bien todos están por aprobar, también surgieron sutilezas. Como que la Democracia Cristiana optara por formar su propio comando de cara a su participación en la franja televisiva previa al plebiscito, algo que también hicieron los senadores independientes Alejandro Guillier y Carlos Bianchi.

Hasta el momento el proceso se ha ido dando de manera más o menos natural, con diferencias, es cierto, pero a buen ritmo, tal como debe ser en una sociedad abierta al diálogo, con mecanismos democráticos que permitan resolver las diferencias y expresar el sentir ciudadano.

El próximo 26 de abril usted deberá votar por si desea o no una nueva Constitución, además de elegir el mecanismo -en caso de que gane la opción “apruebo”- para redactar el texto constitucional. Las opciones son una Convención Mixta Constitucional (integrada por un 50% de ciudadanos y un 50% de parlamentarios) o una Convención Constitucional (100% compuesta por ciudadanos elegidos).

Restan 70 días para el plebiscito y aún falta mucho por hacer. Informar a la ciudadanía es prioritario, más allá de las posturas políticas. Explicar las opciones y fomentar la participación.

Mientras tanto, hay voces que anticipan que el verdadero debate se dará una vez que haya ganado el “apruebo” y se entre al “área chica” sobre la nueva Constitución. ¿Qué temas son los relevantes para el Chile del siglo XXI? ¿Cómo debe crecer el país? ¿Cuál es el rol del Estado? ¿Qué libertades, deberes y derechos se deben garantizar?

Una tarea, sin duda, difícil. Pero se trata de un desafío importante para un país que necesita, más allá de las diferencias ideológicas, unirse en torno a una mirada de convivencia y desarrollo común, que de cuenta de la etapa social que vivimos y de los retos que vienen por delante.

Y para lograr esas metas se necesita no solo un proceso claro y democrático hacia una nueva Constitución, sino también una actitud ética y empática de nosotros los ciudadanos y de nuestras autoridades para lograr acuerdos que garanticen el bien común.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here