El desarrollo económico post-pandemia está en la Economía Circular

Francisco Cortés García, director de sostenibilidad del Grupo Cajamar, subrayó -en conferencia de la U. Autónoma- que, tras la “hibernación económica”, el siguiente paso debe ser una transición planificada y estructurada hacia la Economía Circular, agregando que la transformación debe tener un carácter “justo, ecológico y hacia una sociedad del conocimiento”

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22 de agosto de 2020
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Por décadas, el mundo se preparó ante posibles crisis sociales y medioambientales que pudiesen afectar la economía de los países. Sin embargo, las consecuencias de una pandemia como el Covid-19, inédita en la historia, no fueron previstas.

Ante el actual escenario de “hibernación económica”, producto de un confinamiento mundial obligatorio, el cual ha impuesto un momentáneo letargo, expertos destacan la importancia de implementar un modelo de Economía Circular en el nuevo contexto económico.

Para analizar los desafíos del desarrollo económico post-pandemia, la Facultad de Administración y Negocios de la Universidad Autónoma de Chile, en Talca, realizó una conferencia en línea.

Su protagonista fue el Doctor en Economía, Francisco Cortés García, también docente de las universidades de Almería en España, Autónoma de Chile y Cooperativa de Colombia.

En su opinión, el escenario actual es “complejo y desconocido”. Sin embargo, advirtió que se trata de una situación inédita a la que se debe hacer frente desde el punto de vista económico y social.

LOS RIESGOS
Cortés García, también director de sostenibilidad del Grupo Cajamar, apuntó que las economías han previsto riesgos medioambientales, clasificados como de alto impacto y probabilidad, y las enfermedades infecciosas como de propagación mínima. No obstante, con el escenario actual, el planteamiento ha cambiado.

Cortés García destaca que existe una correlación entre los problemas sanitarios y el cambio climático, puesto que “todo lo que esté relacionado con la biodiversidad, está afectando para que la carga vírica se traslade de animales a personas”.

En este sentido, subrayó que los mapas de riesgo de gobiernos, entidades financieras y empresas, deben ser intervenidos, a propósito de anticiparse.

“Hibernar un país anteriormente no era una posibilidad. Ahora se deben asumir nuevas metodologías para poner en marcha el nuevo modelo que se avecina”, comentó.

Entre los riesgos límites y críticos, previstos y que cambiarían los modos de vida, se refirió al calentamiento global, extinción de especies, ciclo del nitrógeno, uso del agua dulce, conversión de bosques en cultivos, acidificación de los océanos, ciclo del fósforo, contaminación química y la carga de aerosoles en la atmósfera.

“Los gobiernos, empresas, agentes económicos o los agentes sociales, tienen que poner toda la carne en el asador para enfrentar esta situación… Esto está describiendo un cambio en nuestra forma de producir y enfrentar el crecimiento económico. El gran reto en el desarrollo económico de las regiones ya no va a ser la producción, sino la distribución de la renta”, comentó el experto.

MODELO CIRCULAR
El Doctor en Economía señaló que, de los riesgos mencionados, el calentamiento global ya ha sido rebasado y, aunque sería difícil mitigarlo, organizaciones como la Unión Europea han activado un modelo de crecimiento de Economía Verde o Circular, con el cual plantean ser una economía totalmente descarbonizada para el año 2050.

Aunque este reto comprende reorganización de recursos, inversión económica y cambio del modelo productivo, la apuesta sigue en marcha. A la vez, esto significa un conjunto de oportunidades de negocio en los recursos públicos y privados, asociados a energías limpias.
Cortés García destacó que, en esta transición, los sectores financieros y la banca, por ejemplo, tienen la responsabilidad de catalizar o fiscalizar el proceso, a través del apoyo económico a las empresas.

Entre los objetivos para el desarrollo sostenible, marcados por la Agenda Mundial 2030 de la Organización de Naciones Unidas (ONU), el experto destaca: erradicación de la pobreza, educación de calidad, igualdad de género, agua potable y saneamiento, energías renovables, lucha contra el cambio climático, trabajo decente y crecimiento económico, producción y consumo responsable, entre otros.

Este modelo económico, radicalmente distinto al clásico, se define a partir de las macrotendencias de transformación digital (desmaterialización de la economía y no utilización de los recursos ambientales como un recurso más) y la transición a una productividad baja en carbono.

TRANSICIÓN
Para Cortés García esta transición se debe basar en: personas, ideas y territorios. Planteó que se deben generar emprendimientos sociales y redes asociativas de desarrollo, para promover una transición justa. A la vez, hizo notar que es preciso evitar que sectores productivos no puedan ajustarse a los cambios.

En materia de transición ecológica, apuntó que los esfuerzos deben concentrarse en una economía baja en carbono y desmaterializada, en la cual, se gestionen de manera efectiva los residuos.

A la vez, destacó que transitar hacia una “sociedad del conocimiento” es clave para comprender nuevos métodos de trabajo. En este sentido, subrayó la importancia de generar certidumbre en el proceso de cambio por parte de las organizaciones.

“Tenemos que generar certidumbre en los mercados, en las empresas, en la sociedad, en el manejo de los recursos públicos, tenemos que saber cuál es nuestro horizonte”, comentó.

En este contexto, se refirió a que, en esa reformulación de la economía, se debe generar consenso, valor distribuido y sostenibilidad. Para esto, los gobiernos cooperativos, la inversión socialmente responsable y acción social, los negocios responsables y la gestión de los recursos, son pilares fundamentales.

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