El canto del río y la tierra en la voz de un linarense de pura cepa

Con la guitarra como eterna compañera, desde hace unos diez años se ha dedicado a esta pasión. Y aunque para él la tradición es sagrada, así como la naturaleza tiene sus ciclos y cambios, también piensa que la música hay que renovarla

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21 de diciembre de 2019
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Mauricio Vega en una sesión de fotos en el Centro Cultural La Candelaria de Talca, en frente de la imagen de Víctor Jara (retratado por Uilli Calquín) un ícono para los cantautores del país.

Como suele suceder con los artistas que viven del canto de su tierra, en el discurso del cantautor y recopilador de música tradicional, Mauricio Vega (Linares, 1988) aparecen una y otra vez Linares y el Achibueno. En particular el río, en cuyos sectores aledaños, en alegres e interminables reuniones familiares, recuerda haber tenido sus primeros acercamientos al canto popular y los saberes campesinos.

Ahí, en la fresca de un parrón, con el rumor del cauce de fondo, fue donde se nutrió de lo que años más tarde abrazó como una pasión. Previamente, hubo un recorrido escolar en el colegio Amelia Troncoso (al que recuerda con mucho cariño) y unos años en Santiago.

MARTÍN RIVAS
En cada provinciano que debe partir a Santiago hay un “Martín Rivas” y, tal como la relectura de su colega, Manuel García, en el tema “La gran capital”; al desarraigado le “cantan las gallinas en el metro” y los zapatos se encuentran con “la prisa en la micro”. Algo así pasó a Mauricio.

Al terminar el colegio, emigró como tantos otros con la idea de una carrera que no era la música y, luego, vino una etapa con muchos cambios. “Llegué a estudiar hasta construcción civil”, recuerda. Finalmente, estando allá fue que descubrió que quería dedicarse a la música tradicional. Y aunque fue un tiempo de mucho aprendizaje y de grandes amistades en torno a esta disciplina, llegó un momento en que no quiso más -“Santiago es sin duda una ciudad hostil”, dice- y regresó.

Pero en lo positivo que le dejaron los años en Santiago, allí fue donde le llegó la fama con un proyecto que lo llevó tan lejos como ser nominado, junto a su compañero, Miguel Molina, a los Premios Pulsar 2017, en la categoría Mejor Artista de Música de Raíz. Esto por su disco debut “Vamos cantando cantores”.

Por la dificultad que implica la distancia, desde hace un año -y coincidiendo con el regreso de Mauricio a Linares- el proyecto “Los dos maulinos” está en receso indefinido. Pero queda el recuerdo de muchos escenarios compartidos, y cómo en las notas periodísticas les hacían el honor de llamarlos “los discípulos de Margot Loyola”.

RENOVAR LA TRADICIÓN
Y claro que Margot es un referente, cómo podría no serlo para un linarense que también ha transitado la senda de la recopilación de cantos tradicionales, de esos que viven sólo en la memoria de hombres y mujeres en medio del campo. Aquí menciona a las cantoras, Ana Julia Rojas, la fallecida, Georgina González, y a su tío, José Miranda, que también ya falleció.

Pero con quien se siente más identificado es con Emma Jauch, la poeta y pintora, maestra de generaciones. Por ahí se adivina una conexión con la poesía a la que da curso actualmente con el proyecto “Maule al sur”, donde junto al Huaso Castillo y Magdalena Espinoza, desarrollan un espectáculo que va más allá del canto.

Y es que para Mauricio Vega la tradición puede y debe renovarse. La enorme riqueza del canto popular campesino, dice, es una fuente que no se ha explorado lo suficiente. Y pone el ejemplo de la guitarra traspuesta, poco conocida aún que –dice- cuenta con incipientes exploraciones, como la de su amigo, José Pablo Catalán, que en su último disco “la ha llevado incluso a otros lugares más allá de lo tradicional”.

“Hace bien involucrar a la gente que está en otros géneros, abrir un poco ese cruce entre la música más popular y el folclor para que no se quede sólo en este círculo que a veces se convierte en un círculo muy cerrado, y que no le hace bien a la música tradicional “, agrega.

“UN PEDRO URDEMALES”
En Linares se ha acostumbrado a las nuevas condiciones, muy distintas a las que vivió en la capital. “Donde en Linares queda mucho por hacer, Santiago tiene todo resuelto. Uno llega con su instrumento y toca. En Linares uno llega y tiene que armar el escenario, poner las luces, ver el sonido”, explica.
“Pero eso, creo, es una oportunidad súper linda, no lo veo como un problema. La autogestión es una oportunidad para proponer”, agrega, a la vez que agradece el ímpetu creativo de artistas jóvenes que, como él, hoy llenan los escenarios locales.

“Más aún en esta coyuntura”, dice a continuación, haciendo referencia al estallido social, movimiento del cual se siente parte.
A días de cumplir 31 años, Mauricio Vega, habiendo acumulado un capital importante de fama en su Linares natal, con los diversos proyectos en los que está involucrado (“Los Choros del canasto”, como anfitrión de los “viernes aguitarraos” del bar Sin Puertas, en el mencionado “Maule al Sur”, en otros que está a punto de estrenar; y por cierto, como solista) es todavía un artista en desarrollo.

Y no porque le falte talento, sino porque las leyendas de nuestra música de raíz se han formado con la lentitud de los buenos vinos en las barricas. Y el tiempo y la experiencia –ya lo sabemos- no se compra.

Su amigo, Félix Villalobos, otro joven músico linarense en plena ebullición creativa, opina de él que cuando comparte con amigos, brota todo ese humor que tiene medio escondido, con historias y bromas que lo transforman a ratos en un “Pedro Urdemales”. Él piensa que esa soltura y humor debe llevarlos también al escenario.

“Sí, es algo que tengo pendiente”, dice Mauricio. Quizás por ahí le caiga perfecto el taller de circo que tomó hace poco, disciplina a la que declara su amor, dando cuenta que todavía nos puede seguir sorprendiendo con un talento que crece sólido en la buena tierra de Linares.

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