El alma abatida

El abatimiento del alma -o mejor dicho- la “depresión” es un trastorno del estado del ánimo transitorio o permanente, el cual se caracteriza por presentar sentimientos de languidez, infelicidad y culpabilidad.

Las causas son diversas, como la pérdida de un ser querido o del trabajo, factores genéticos, cambios hormonales, padecer una enfermedad médica grave, o estar bajo largos periodos de estrés.

Quienes caen en este estado crítico psicológico se sienten limitados, con una baja autoestima, son incapaces de disfrutar de las cosas y de los sucesos de la vida y, lo que es peor, en ellos se desata un estado de ansiedad. Quienes sufren una depresión, presentan, tristeza, se sienten sin fuerzas, llegando a perder el interés por su propia vida, familiar, social y laboral.

La depresión o abatimiento del alma es el mal que más está afectando al ser humano, muy en especial, en este momento de pandemia. Y como ya se dijo, según los profesionales del ramo, se le suma el síntoma de la “ansiedad”. Actualmente, en España, la enfermedad mental más citada y que se ha convertido en el mal de los últimos tiempos -según la OMS y las últimas encuestas- es la ansiedad. Es el mayor problema mental en esta nación. (https://www.eldiario.es/retrones/ enfermedad- siglo-xxi).

Respecto a este mal, lo que no es nuevo, en palabra de Dios. Podríamos decir el manual de quien nos creó, nos dice: “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (2 Timoteo 3:16-17).

La Biblia, registra sucesos de miles de años atrás, ella nos cuenta de este grave estado del alma, aunque algunos no lo acepten. No obstante, la consejería bíblica enseña que la verdadera satisfacción y felicidad, sólo puede ser hallada en una relación con Dios y en la práctica de la piedad.

La relación íntima del hombre con Dios, nos lleva a tener fuerzas para enfrentar y mantener la integridad, aun en los más grandes sin sabores de la vida. Fue el caso del paciente Job, quien perdió todo (riquezas, hijos y esposa) fue criticado por sus amigos.

Sin embargo, en todo esto no pecó, ni atribuyó a Dios despropósito alguno (Job 1:22). Al final de todo su martirio y sufrimiento, llego su triunfo ya que fue recompensado por Dios. “Y bendijo Jehová el postrer estado de Job fue más que el primero…” (Job 42:12-17).

Debemos sumar a otros como Elías, quien después de un gran triunfo, debe huir de Jezabel, invadido por el temor a perder su vida. También está Jeremías, quien se lamenta (Jer. 15:10-20). En la pregunta retórica del salmista ¿Por qué te abates, oh alma mía, Y te turbas dentro de mí? Se responde así mismo “Espera en Dios; porque aún he de alabarle, Salvación mía y Dios mío” (Salmo 42:5-9).

Por último, encontramos a Jesucristo, quien momentos previos antes de ir a la cruz, expresa: “Mi alma está muy triste, hasta la muerte…” (Mat. 26:38). Es que el dolor físico al cual se va a enfrentar, no puede ser comparado con el abatimiento de su alma.

Estimados, Dios mejor que nadie, sabe de la angustia del alma, es por esa razón que no abandona ni desprecia a quienes les buscan para encontrar su ayuda. Si Ud., viene a él, de seguro la encontrara. Amén.

PR. Sergio Rodriguez Varela
Consejo de Pastores

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