Duro y doloroso informe

En diez recomendaciones resumió Human Rights Watch el resultado de su investigación sobre los derechos humanos en Chile. El estudio fue demoledor: “Miembros de la policía nacional de Chile (Carabineros) cometieron graves violaciones de derechos humanos”.
Al revés de lo ocurrido con un informe similar de Amnistía Internacional, el gobierno y carabineros optaron por tomarlo en serio. Nada garantiza, sin embargo, que habrá soluciones mágicas.

Además, prácticamente mientras HRW está en Chile, se confirmó la pérdida de visión del joven Gustavo Gatica, herido por balines policiales. Fabiola Campillay, golpeada por una bomba lacrimógena, corría igual peligro.

El organismo de Derechos Humanos propuso medidas “para investigar y sancionar abusos y el uso indebido de armas menos letales por parte de Carabineros”. Adicionalmente, pidió “hacer cumplir la prohibición vigente sobre desnudamiento de detenidos en protestas y sancionar a aquellos que continúen con esta práctica”.

Aunque también incluyó entre sus recomendaciones “que los carabineros cuenten con equipos de protección adecuados, tiempo de descanso y remuneración de horas extra”, HRW fue muy dura en la falta de entrenamiento de los carabineros en el uso correcto de las armas.

En buenas cuentas, los chilenos hemos sabido recién que la herramienta fundamental del Estado para controlar el orden público no es eficiente ni suficiente. Y no es un fenómeno nuevo. Desde el retorno a la democracia, la policía uniformada no ha cumplido las expectativas de la opinión pública. No se ha preparado como debía: no se preocupó de asegurar sus protocolos básicos, no hizo cursos adecuados sobre derechos humanos y compró y usó armas letales sin comprobar si eran o no compatibles con el derecho a manifestarse de los ciudadanos.

Lo más grave es que, detectado el problema, no se vislumbra un mecanismo efectivo para solucionarlo. Es decir, no tenemos cómo garantizar el respeto de los derechos humanos, la principal exigencia de una democracia.

En rigor, no es un tema nuevo.

Larga es la historia de los derechos humanos. El abogado Máximo Pacheco sostenía que para los creyentes el relato de la Creación, en la Biblia, no dejaba dudas: “la dignidad del hombre y el conocimiento de sus derechos fundamentales, tienen en el cristianismo, su más trascendental afirmación”.

Otros comentaristas prefieren fechas menos remotas: la Carta Magna (1215) y la “Declaración de los Derechos del hombre y del ciudadano” (1789). Pero, y así lo recordaba el propio Máximo Pacheco, los horrores revelados después de la II Guerra Mundial justificaron reiteración de los principios básicos. En París, en 1948, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Afirma, en su primer párrafo, que “la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana”.

Hubo un tiempo en Chile en que estas verdades no importaban y los “cómplices pasivos” de la dictadura hicieron mofa de ellas.
Se suponía que esa cruel visión había quedado atrás después de los detallados informes sobre la materia, empezando por el de la Comisión Rettig.
Ahora sabemos que, desgraciadamente, hemos retrocedido.

Abraham Santibáñez

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