Dudas constitucionales

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24 de agosto de 2020
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Como restan sólo 62 días para la realización del Plebiscito a que se nos ha convocado, hago un listado de dudas que dicha consulta nos plantea. Porque, independientemente de la opinión que cada quien pretenda marcar en el voto de ese día, el referendo nos provoca una serie de interrogantes, aún no resueltas del todo.
En primer término, la más básica de todas: ¿se hará el Plebiscito en la fecha señalada? Ya dije hace algunas semanas que, dada la pandemia que nos afecta y su incierta evolución, las probabilidades están bastante igualadas. El rebrote (rebote según algunos) que se espera para fines de este mes podría ser sugerente. Pero, supongamos que el Plebiscito va, para poder seguir el listado de mis dudas.
¿Tendrá suficiente respaldo ciudadano? Una decisión tan trascedente como esta, ¿no debiera ser adoptada por una contundente mayoría? ¿El resultado, cualquiera que este sea, será acatado si, por ejemplo, sólo participa en el proceso un 30% de la ciudadanía? ¿Qué dirán los derrotados si sólo uno de cada tres chilenos fue a votar? Algo tan importante como “la casa de todos”, debiera ser levantada por una mayoría sustantiva y no una porción apenas marginal.
Supongamos que también superamos la duda anterior y, sin miedo al virus y con legítima voluntad democrática, millones de chilenos vota el 25 de octubre, apoyando el cambio de Constitución, ¿qué órgano constituyente preferirán? Esta es la duda más cercana a la respuesta: la gente no querrá ver en la Comisión las mismas caras de siempre. Probablemente se optará porque los 155 convencionales no sean parlamentarios en ejercicio.
¿Quiénes integrarán la Comisión? ¿Veremos, como en el Congreso, figuras de la farándula, cantantes, actores, deportistas y chicas reality? ¿Serán electos, cuan premio de consuelo, aspirantes a alcalde o concejal que no cupieron en las listas? Los 155 hombres y mujeres (¿habrá otros géneros representados en la Comisión?) tendrán profundos conocimientos de derecho, ciencia política, economía, historia o, por el contrario, aportarán sólo su sentido común y ardor ciudadano? ¿Veremos en las sesiones de la Comisión un mosaico de atuendos estrafalarios, vestimentas típicas y coreografías singulares, como se estila en el Congreso? Los Convencionales, ¿se comportarán a la altura o se rebajará los estándares y se bajará a todos de los patines?
Por último, la más acuciante de todas las dudas ¿necesitaremos cambiar la Constitución, para cambiar el rumbo del país? ¿Será que, a esta altura de nuestro devenir, todavía pensamos que son las leyes las que hacen buenas a las personas y no al revés? ¿Todavía hay chilenos que creen, honesta y sinceramente, que cambiando la Constitución corregiremos nuestros defectos y mejoraremos nuestras virtudes? ¿Seremos más altruistas, honestos, íntegros, justos, puntuales, sinceros, fieles, consecuentes, tolerantes y veraces sólo con cambiar la Carta Fundamental? Si resulta que era tan fácil, ¿por qué no se nos había ocurrido antes?
A decir verdad, sí se nos había ocurrido antes. Unas diez veces, al menos, hemos cambiado nuestro texto constitucional. Y así nos ha ido.

Juan Carlos Pérez de La Maza
Licenciado en Historia. Egresado de Derecho.

1 Comentario

  1. Colega, la constitución no fabrica, como un mueblista buenas sillas, mejores personas; debe establecer un estado promotor de prestaciones que cumpla con su principal obligación que es de HACER, no de abstención como en la carta actual, en cuya reforma podrían participar, contrariamente a los que Ud. piensa, por qué no, quién puede descalificarlos a priori, los payasos, que algo tienen que aportar a la discusión, ¿o no? Necesitamos una constitución que garantice derechos mínimos esenciales en materias de salud, educación, seguridad social, alimentación, agua, en fin, extendiendo la cobertura de los derechos de protección de los bienes jurídicos detrás de cada materia, más allá del recurso de tutela de garantías constitucionales o protección, fortaleciendo el papel del órgano jurisdiccional. No basta con asegurar la libertad de trabajo, de educación o para elegir libremente el sistema de salud, público o privado. Es deber del estado asegurar, por ejemplo, el acceso a tratamientos médicos adecuados y a la medicina paliativa en los distintos estadios de la enfermedad. Los constituyentes del ochenta influidos por la guerra fría, obviaron ex professo consagrar derechos económicos y sociales de segunda generación convencidos de que hacerlo era, contraviniendo su anti comunismo, homenajear a la Unión Soviética. Recientemente un artículo del economista Sebastián Edwards señalaba que la constitución de países como Suecia no necesitaron establecer el catálogo de derechos económicos y sociales de segunda generación, entonces, se pregunta como Ud. lo hace, por qué nosotros sí lo haríamos si ni siquiera Suecia, el estado benefactor por excelencia, lo hizo; simplemente porque aquel país, hace ya muchos años, plantó las bases de un sistema económico keynesiano de modo que el constituyente sueco, en función de la economía jurídica, no considero necesario consagrarlos. Si quienes tienen el privilegio de opinar públicamente en medios de comunicación consideran que solamente los que poseen «profundos conocimientos» de economía, derecho, historia, ciencia política tienen derecho a ser constituyentes, están a un paso de convencernos que debemos volver al voto censitario.

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