Dos sanaciones y una lección gracias a San Sebastián

Velas que son súplicas, placas y agradecimiento, rodean al santo de arraigo popular que hoy conmemora la Iglesia católica.

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20 de enero de 2020
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Hay quienes no necesitan saber que San Sebastián fue un militar convertido en mártir por ser cristiano para depositar en él toda su fe. A Bernardita Molina le basta con saberse sana después de haber pasado siete días en coma para atribuirle la recuperación al santo y prometerle en agradecimiento a ese favor visitarlo cada 20 de enero.

A otros tantos como Rosa Muñoz la fe llegó en forma de pacto cuando no tenía edad para aceptar las condiciones. Su padre, un hombre de campo creyente, encomendó a San Sebastián la sanación de la afección en la cadera con la que ella nació.

Como para garantizar que la súplica fuera escuchada le prometió al santo visitarlo cada 20 de enero o 20 de marzo en el santuario donde lo veneran en Yumbel, haciendo el engorroso viaje en tren como solía hacerse en aquella época.

“Él (padre) por su manda y su fe en San Sebastián, Dios me mejoró. En esos años no había avances (de ciencia) como ahora. Nunca me operaron y ahora camino normal”, contó.

Muñoz recuerda que iba anualmente junto con sus padres al santuario de Yumbel y todavía hoy no ha dejado de visitar la imagen del santo, pero en Talca.

“Yo seguí con la tradición -dijo-, todas las tardes le prendo su vela, le rezo en las noches su oración. Confío mucho en él, porque él es quien intercede ante Dios, por nosotros, por nuestros dolores y penas”.

LA LECCIÓN

Agustín Vásquez escuchaba hablar en su hogar de San Sebastián con frecuencia durante su niñez. Sus padres, que vivían en Maule, solían encomendarle las cosechas al santo.

De adulto, motivado por esa misma creencia arraigada en la familia, decidió un día comprar una imagen del santo atravesado por flechas y atado a una columna, con la idea de hacerle una gruta en la entrada de su casa, pero de pronto cambió de parecer.

“Como soy solo le dije: ‘¿Sabei? No te voy poner afuera. Me vas a servir de compañía para conversar adentrito’. Y me ayuda a cuidar la casa”, dijo con el tono de quien recuerda una conversación con un amigo.

Entre la creencia popular, a San Sebastián hay quien lo describe como un santo “cobrador” cuando un fiel incumple una promesa. Vásquez es uno de ellos.

“Le hice una promesa de ir todos los años a Yumbel y el día que tenía que ir me puse a tomar y no fui. Ese año me fue muy ‘re’ mal -dijo acentuando la última palabra como si recobrara la pesadumbre vivida-. Le prometí que iba a ir para Semana Santa, tampoco fui y fui al otro año y ahí le pedí que me perdonara. Desde esa vez no he faltado más y siempre me ha ayudado”.

Aquel año, recordó, lo primero en lo que fue mal fue con la bebida, dijo llevándose la mano a la boca como si sostuviera una botella. En el trabajo le fue peor, porque solo obtuvo empleos esporádicos.

Al ir a visitarlo, dijo, “uno siente una paz que le llega al cuerpo y uno va con fe. Por eso, el santito trata de ayudarlo a uno”.

1 Comentario

  1. San Sebastián ha sido mi ángel guardián, mi protector en todos mis caminos, gracias a Dios y a nuestro Señor Jesús por enviarlo a mi casa.ami vida. Amen

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