Deslucido aniversario de la Independencia

Tal como lo explican los historiadores, conmemorar este hito es mucho más que organizar un festival que se transmite por TV o hacer un desfile en la Plaza de Armas.

Lo que ocurrió en Chile a partir de octubre del año pasado y que muchos llaman como “estallido social”, aunque en la práctica es una crisis política y de orden público, con distintos grados de intensidad, sin duda que reorientó el debate público hacia demandas largamente esperadas por distintos sectores del país.

Temas como las AFP y su modelo de financiamiento de las pensiones, la salud y la educación públicas, los bajos salarios, así como la desigualdad que parece ser un aspecto imposible de despegar de una economía social de mercado, además del respeto a los derechos humanos, comenzaron a adueñarse de la agenda pública.

La reacción de los poderes del Estado fue lenta, pero también paralizante, porque la calle exigía respuestas urgentes. Así millones salieron a manifestarse en forma pacífica, en un principio, exigiendo del Gobierno y del modelo político que se gestionaran respuestas, sobre la base de lo que podemos hacer como país.

Si embargo, lo concreto es que bienes públicos como la equidad, la justicia social, educación y salud pública gratuita y de calidad, regionalización y descentralización, no se pueden simplemente comprar en un supermercado y repartir en la calle al que vaya pasando. Ojalá fuera así de fácil para las instituciones del Estado.

Desde un nivel más local, instituciones como las municipalidades fueron las primeras en movilizarse. En el caso de Talca, se optó por suspender una actividad como la Fiesta de la Independencia que se transmitía por televisión, reorientando esos recursos a una agenda social que irá en directo beneficio de la ciudadanía.
Pero de allí a interpretar que todo tenía que quedar paralizado, incluso actividades culturales e históricas, es una cuestión muy distinta. En el caso de Talca, resulta llamativo que todo el esfuerzo que se realizó para posicionar a la ciudad con el aniversario de la Independencia de Chile, simplemente se fuera a la basura.

Tal como lo explican los historiadores, conmemorar este hito es mucho más que organizar un festival que se transmite por TV o hacer un desfile en la Plaza de Armas. Se trata de incorporar este perfil histórico de Talca en otra de sus ventajas comparativas, para lo cual, claramente no es necesario recurrir a la farándula.

Al final, queda la sensación que se optó por lo más fácil, por lo menos arriesgado, por el camino más corto. Más de alguien podría decir que fue una decisión populista, como para quedar bien con un segmento de la población y evitarse algún bochorno, antes que demostrar que se está por los principios y el camino largo.

O lo otro es que se quiere abandonar derechamente la labor desplegada durante todos estos años, para lo cual, se necesita una explicación más sustantiva y fundada que simplemente reorientar fondos públicos con la excusa de demandas sociales que, ciertamente, eran muy conocidas antes de octubre del año pasado.

Y ocurre que, si algo puede exigir la opinión pública, es que sus autoridades no sean cortoplacistas y que tengan la mirada por sobre el día a día. Lo contrario equivale a una conducción errática de la cual muchas ciudades del país viven sus consecuencias, perdiendo todo lo logrado durante los últimos años.

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