Deficiente protección a choferes

Ocurre que, además de soportar baños con graves deficiencias y escaso o casi inexistente material de limpieza, además tienen que salir a trabajar a diario sin contar con la debida protección.

Decir que los choferes de la locomoción colectiva, especialmente de los microbuses, no tienen condiciones de salubridad en sus paraderos, es algo que –lamentablemente- no es nuevo, pero que adquiere particular relevancia ahora, cuando todo el país está en alerta máxima para prevenir los contagios del Coronavirus.

Desde hace muchos años que estos trabajadores y jefes de familia están reclamando, no solo por mejores condiciones laborales, sino también por formalizar su trabajo. Ocurre que muchos de ellos -por no decir todos- simplemente no tienen contrato, por lo cual, sus remuneraciones dependen del número de boletos cortados.

Es decir, si llevan o no dinero a sus casas todos los días, luego de extensas y riesgosas jornadas laborales, depende exclusivamente de quien gane en la competencia diaria de tomar pasajeros. ¿Y qué ocurre cuando no hay pasajeros? Lo que pasó este domingo, cuando algunos señalan haber ganado apenas mil pesos.

Pero no es lo único, porque a esta inaceptable situación, se suma que las condiciones laborales son derechamente muy deficientes. Así quedó demostrado este lunes, cuando los conductores de la línea Abate Molina dejaron al descubierto estos hechos. Incluso decidieron parar su labor para exigir respuestas concretas.

Ocurre que, además de soportar baños con graves deficiencias y escaso o casi inexistente material de limpieza, además tienen que salir a trabajar a diario sin contar con la debida protección. Esto es, sin guantes, sin trajes protectores y sin mascarillas, en número suficiente para una jornada laboral de casi 12 horas o más.

Es decir, tanto ellos como sus familias, está literalmente expuestos a un contagio de Covid-19, con toda la gravedad que ello significa. Lo que más preocupa es que esto ocurre hace años, pero ahora –como lo señalamos- requiere medidas severas de parte de la autoridad, ya sea del área de la salud o de transportes.

El gremio que agrupa a los empresarios, podrá responder que depende de cada dueño de microbús entregar las condiciones laborales a sus choferes. Pero ocurre que, tal como lo indica la actual jurisprudencia laboral, es labor del mandante del servicio subcontratado velar por el cumplimiento de las normas de salud e higiene.

No pueden lavarse las manos -por trágico que pueda ser utilizar esta metáfora en estos tiempos- quienes lideran o administran estos gremios, sustentados en una especie de “ley e la selva”. Lo más dramático es que, al parecer, estos hechos parecen ser ajenos al conocimiento de la autoridad a cargo de supervisar estos servicios.

Ejemplo de ello es que, en fecha reciente, se dijo que la sanitización de buses había avanzado en un 70%, pero muchos de estos choferes dicen que la única medida sanitaria fue que, al menos algunos de ellos, recibieron un frasco de desinfectante en spray. Ello resulta claramente irrisorio para un microbús de gran tamaño.

Lo que también preocupa es que una situación similar viven los conductores de taxis colectivos, donde también todo depende del arbitrio del dueño del automóvil. Se trata de hechos que son graves y que deben ser tomados en cuenta por la autoridad, porque claramente terminan afectando a toda la ciudadanía.

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