“Debemos ser capaces de contagiarnos con un espíritu que nos haga reencontrarnos en este suelo llamado Chile”

Académico Roberto Pizarro afirma que la razón para que el Estado tenga universidades es para que estas últimas sean el ente pensante de propuestas de solución ante escenarios sociales como el que vive el país

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8 de diciembre de 2019
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El académico Roberto Pizarro estuvo en Uruguay donde asistió a la celebración de los 70 años de la Oficina de Ciencia y Tecnología de Unesco, para América Latina y el Caribe, en su calidad de director de la única cátedra Unesco en recursos hídricos existente en el país.

El estallido social no ha dejado indiferente a persona alguna en nuestro país. Desde la primera manifestación pública efectuada en Santiago el pasado 18 de octubre, hasta la fecha, la sociedad chilena está experimentando una serie de cambios producto de las masivas expresiones ciudadanas en las calles.

Como se ha dicho, todos los estamentos han debido involucrarse en este proceso de estallido social, en la búsqueda de soluciones y en el planteamiento de ideas que desemboquen en el mejoramiento de las condiciones de vida, pero con justicia y equidad social.

Es en este contexto donde la opinión de personalidades, académicos e investigadores de diversa índole, es relevante por cuanto desde su visión pueden aportar al entendimiento. Es así como, en su oficina de la Universidad de Talca, que por estos días está sin estudiantes producto de la misma situación país que se vive, el doctor Roberto Pizarro, destacado investigador en el área de la hidrología y los recursos hídricos, da a conocer su parecer al momento que vive el país y sobre las acciones que ha adoptado la casa de estudios en la cual se desempeña.

Pizarro, recientemente estuvo en Uruguay donde asistió a la celebración de los 70 años de la Oficina de Ciencia y Tecnología de Unesco, para América Latina y el Caribe, en su calidad de director de la única cátedra Unesco en recursos hídricos existente en el país. El investigador, casado con la Dra. en Educación Maribel Granada, académica de la Universidad Católica del Maule, con quien tiene dos hijas “que hace tiempo dejaron el nido, una por el camino literario y la otra por la ingeniería”, manifiesta su preocupación por este estallido social.

¿Cuál es su diagnóstico de la situación actual?
“Hay que considerar que los indicadores nos situaban en los primeros lugares de América Latina en rendimiento educacional, tasas de salud, ingreso per cápita, infraestructura de todo tipo, entre otros. Pero, estas cifras, enmascaradas por valores promedio, ocultaban abismales diferencias. Como decía Nicanor Parra, tú te comes un pan, yo ninguno y el promedio es de medio pan por cabeza lo que no da cuenta de la realidad. Adicionemos abusos y corrupción hasta la saciedad, descubiertos con mayor frecuencia los últimos diez años, pero, estos abusos se reproducían en el trabajo de cada persona, en su vida cotidiana, en las escuelas y en sus barrios, en donde se verificaba la mantención de estas condiciones abusivas y sin visos de solución. Sumemos a lo anterior expectativas no cubiertas en una economía que impulsa al consumo, pero donde esa capacidad consumidora no llega a la gran mayoría. Por último, consideremos a las redes sociales como eficientes canales de comunicación, expeditos, independientes y manejados por jóvenes para canalizar descontentos. Entonces, teníamos los elementos para la tormenta perfecta, solo que nadie la vio venir”.

¿Cómo ve el marco de la violencia y su expresión en este estallido social?
“Creo que la violencia primero surge de la colusión de grupos económicos, de la no percepción de las necesidades de compatriotas carentes, de no ver suicidios de ancianos porque su vida no merecía ser vivida, de verificar que los delitos de cuello y corbata se pagan con clases de ética o con acuerdos en dinero cuando por vender CDs pirateados debes ir a la cárcel. Es decir, hay una violencia cupular que la hemos soportado de diversas formas, pero en donde los sectores populares la han sufrido de mayor forma por la indefensión y vulnerabilidad de estos grupos. Por otro lado, está la violencia combativa y vandálica de las marchas, que no es la marcha misma. En estas, por un lado, están los delincuentes, que no merecen comentario y debe serles aplicado el máximo castigo legal. En otro plano está la violencia anarquista, que no puede ser justificada por la violencia primera del sistema, bajo ningún punto de vista. Que a mí me roben, no me da derecho a robar o romper bienes públicos ni privados. Y está la violencia represiva que ha cobrado demasiadas víctimas y que es impresentable su resultado en términos de vidas humanas afectadas. Por tanto, existe una violencia que debemos saber parar. Es claro que Chile despertó, pero debemos saber levantarnos”.

¿Le atribuye logros a este movimiento?
“Este movimiento está siendo evaluado por muchos desde el extranjero. Un especialista norteamericano me decía: ‘Si Chile no logra salir bien parado de esto, ¿qué país podrá hacerlo en América Latina?’ Y esto porque las capacidades humanas y económicas de Chile son muy superiores a las de los vecinos. Por ello, creo que el movimiento ha puesto sobre la mesa la tremenda inequidad existente entre diversos sectores de la sociedad y ello demanda mucha prudencia a la hora de proponer respuestas. Sin este movimiento, quizás, nunca hubiéramos visto nuestras falencias de forma tan evidente y eso se agradece, porque define una gran oportunidad país”.


¿Cuáles son los factores que, a su juicio, limitan un adecuado abordaje del conflicto?

“En primer lugar, el que no haya líderes que encabecen el movimiento, con quiénes poder conversar. Segundo, hay una carencia de liderazgos políticos con un Presidente ausente y baja credibilidad, y líderes políticos erráticos y confundidos. En tercer lugar, el no poder encontrar la fórmula para detener la violencia. No es legítimo el desorden social, ni tampoco la violación de derechos humanos. Pero todo esto es producto de un problema mayor, cual es que la clase dirigente no cuenta con credibilidad, no practica la transparencia y carece de una cultura de colaboración. Y eso hace que los esfuerzos sean aislados, atomizados y poco productivos. Se necesita urgente una renovación de liderazgos, con personas que puedan dar el ancho en términos éticos y aunque son pocos, existen y debemos relevarlos. Creo que hay atisbos interesantes de solución en el plano económico y como producto de la apertura de la billetera fiscal y privada, pero eso debe tener connotaciones sustentables en el tiempo. Y eso lo consiguen liderazgos creíbles y legitimados”.

¿Cómo llegamos a esos líderes? ¿Dónde están?
“Creo que todos saben que existen, dónde están y cuáles son sus posiciones. Lo que no está claro es si el actual establishment, que posee la gran culpabilidad por generar lo ocurrido y no visualizar lo que venía, está dispuesto a hacerse a un lado para posibilitar la aparición de esos liderazgos nuevos”.

UNIVERSIDAD
¿Está conforme con el rol que ha jugado la Universidad de Talca?

“Creo que la Universidad de Talca y la gran mayoría de las universidades del Estado están al debe en este conflicto. Una de las razones centrales para que el Estado posea universidades es que estas deben ser el ente pensante del mismo Estado y deben generar apuestas y propuestas. Esta no parece ser una época de cambios, parece más bien un cambio de época. Y eso determina que la intelectualidad existente en nuestras universidades debe ser capaz de estudiar estos fenómenos desde diversas ópticas, para proponer soluciones y actuaciones. Creo que los estudiantes han estado muy activos, pero he echado de menos a la institución como tal, no con su infraestructura, sino con su pensamiento y su capacidad analítica y sintética”.

Si de usted dependiera, ¿qué medidas tomaría?
“Difícil pregunta para un académico. Pero lo primero que haría -como dijo Alberto Undurraga- sería hacer un llamado a la clase política para que en su conjunto ofrezca un cronograma de trabajo en base a diversas temáticas. Así, cada tema sería abordado por diversos actores, para que en un tiempo prudente nos hagan propuestas en base a lo que piensa la gente. Para ello tomaría las instancias de participación como cabildos y otros, para canalizar las esperanzas de las personas. Invitaría a limpiar nuestras calles y nuestras murallas. A cambiar en nuestras mentes el clasismo por el humanismo, el consumismo por la fraternidad, la competitividad basada en individualismos, por la competitividad basada en la colaboración.
Tenemos la oportunidad de corregir nuestros errores y de construir una mejor sociedad, de escribir entre todos una nueva Constitución, donde quepan todos y todas, una sociedad más justa y consciente de que no se puede esquilmar a las personas, sobre todo si son las más humildes. Debemos ser capaces de contagiarnos con un espíritu que nos haga reencontrarnos en este suelo llamado Chile, país que valdría la pena inventarlo si no existiera. Somos la misma gente de tantas gestas y de tantos gestos, somos el pueblo de Chile que se alza para hacer una mejor sociedad. No creo que sea mucho pedir. De ello depende nuestro futuro”.

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