De las cosas sencillas

publicado por

Avatar
15 de diciembre de 2019
40

Las circunstancias apremiantes e inciertas que vive el país, de reflexiones y debates, de pasiones desatadas e irracionalidad violenta, que en algunos casos llegan hasta el paroxismo, nos impone a modo de contrapunto o de oxigenación, consideraciones que tocan dimensiones cotidianas de la existencia humana. Me refiero a los quehaceres en que estamos y todos tenemos o participamos, en mayor o menor grado. De pronto, no detenemos en las cosas sencillas…

Porque en medio de las cosas sencillas y con ellas, está ligada la trama misma de nuestra vida cotidiana. Apenas miramos atentamente, podemos advertir que las cosas, cualquiera sea: una silla o una mesa, el escritorio o lápiz, un libro o un sillón, una pintura, un jarro o un colgante en el jardín, son algo más que “cosas” simplemente. Cada una de ellas, entraña disposición y sentido. Tienen significación y valor.

Porque más allá de las funciones humildes que desempeñan en nuestra morada o en el trabajo, las cosas de suyo adquieren con el tiempo, significados nuevos. Nos dan ellas, motivos de afectos y de recuerdos que vinculan, enriqueciéndose así, el simbolismo del que son portadoras. Despiertan la memoria. Miramos una y otra vez la cuchara heredada, la que todavía, vieja, sirve en la cocina, evocando las manos maternas que antes la usaron e hicieron con ella, la sabrosa sopa de la cena, causa de alegría y encuentro hogareño.

Entre las cosas sencillas que conservamos en casa, contamos con una mesa de fierro forjado y vidrio. El metal labrado en noble forma, dedicación y oficio, es hoy escaso, si lo comparamos con los objetos seriales que se hacen ahora, tan livianos y frágiles. La mesa nuestra que digo, pesa, es sólida, y está forjada por uno de los antiguos “enfierradores”, que, a punta de fragua, yunque y golpe, pacientemente, dio fisonomía al hierro. Artesanos del metal, hicieron por siglos la pieza única salida de las manos y el tesón.

Nuestra mesa pequeña de fierro forjado y rectangular, volvió ahora a lucir más aún en el centro del patio interior. Es que le hacía falta renovar su pintura blanca. Tras ello, ocupa un lugar destacado y noble, para congregarnos en torno a plantas y el diminuto huerto de yerbas.

Con la mesa tenemos varias alternativas vividas en décadas. Hace poco, del jardín exterior de la casa, nos fue hurtada sorpresivamente… Pero, quien lo hizo, ¡no pudo con la mesa fortacha! Días después de la natural desazón, al transitar con mi señora por la calle aledaña del vecindario, vio ella escondida la mesa entre matorrales. Rescatada, volvió a la casa, a continuar la historia.

Así, de las cosas sencillas, siempre hay algo que contar…

Horacio Hernández Anguita
Villa Cultural Huilquilemu UCM. Talca, 15 de diciembre de 2019

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here