Cuarenta años no es nada

Leí una vez que Ortega y Gasset comentó que “nadie parte para la guerra de cien años”. Está fuera de toda imaginación pensar que un conflicto -armado o no- se pueda prolongar por más de un siglo. Pero fue lo que ocurrió cuando ingleses y franceses se enfrentaron duramente entre 1337 y 1453.

La guerra de las AFP en Chile no va a durar un siglo. Pero el conflicto, que inicialmente fue solo interno en la Junta de Gobierno, ya lleva cuatro décadas. Todo indica que culminará con una reforma profunda del sistema. Así lo ha planteado el propio Presidente Sebastián Piñera.

Las proyecciones nunca fueron tan rotundas. En su libro “El Cascabel al Gato”, José Piñera recuerda que el cuestionado triunfo del régimen en el plebiscito de septiembre de 1980 fue interpretado por las autoridades militares como un espaldarazo para cambios políticos y económicos de fondo. En esos meses José Piñera fue profundizando su proyecto de la reforma previsional. Su fundamento era la crisis del sistema imperante que se resumía en la abigarrada coexistencia de 35 diferentes “cajas de previsión”. El resultado era un calvario para muchos. “La Familia Chilena”, programa radial de Gustavo Campaña, retrató la realidad de esos años con amargo humor. Un popular personaje, Ascanio Emparanza, simbolizaba al siempre frustrado aspirante a la jubilación.

Según los periodistas Francisco Artaza e Ignacio Bazán (en una investigación de La Tercera, hace cuatro años), en 1980 la Junta de Gobierno sostuvo “cuatro reuniones para resolver el tema de un nuevo sistema previsional”. La primera se realizó el 28 de enero. La última el 4 de noviembre. En la oportunidad se promulgaron los Decretos Ley 3.500 y 3.501 que crearon a las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP).

La tarea no había sido fácil, según dice este informe:
“El Ejército, con Pinochet incluido, estaba totalmente en contra de que los fondos fueran administrados por privados. En las actas queda registrado que Pinochet, quien era partidario de que las pensiones las manejara el Banco Central, tenía miedo de que el poder empresarial creciera al punto de que se transformaran en los ‘dueños del país’. Pinochet sospechaba profundamente de los empresarios y así quedaba escrito en el acta 398-A del 14 de octubre de 1980: ‘Como se acaba de expresar, yo también estoy de acuerdo con el sistema en cuanto a que debe modificarse la Ley de la Previsión. Eso lo he manifestado constantemente. Pero también he dicho que no estoy de acuerdo en el problema ese de que los capitales vayan a la parte privada. En realidad, no discrepo de ello, sino que me choca, por estimar que los señores empresarios aún no están en capacidad para administrar 97 millones de dólares mensuales’”.

Pese a las dudas, que prácticamente no reflejaron los escasos medios opositores, el sistema se puso en marcha. La promesa era convincente como explicó José Piñera en un discurso por cadena nacional.

“Es hora de crear un nuevo esquema que, basado en la libertad y la justicia, permita al trabajador una vejez digna, y al país acelerar su marcha hacia el desarrollo económico y social… La cifra del 10 por ciento permitirá a un trabajador… obtener una pensión cercana a sus últimas remuneraciones”.

Las Fuerzas Armadas, sin embargo, no estuvieron de acuerdo. Hasta hoy mantienen un sistema propio.

Abraham Santibáñez

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