“Creo que es natural y válido tener miedo, pero es más importante seguir adelante”

Angélica Saavedra. Psicóloga y mamá de un bebé.

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4 de agosto de 2020
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Angélica Saavedra, psicóloga.

¿En su experiencia cuáles han sido los desafíos más importantes?

“He tenido hartos desafíos en mi vida y creo que cada uno es súper importante. El primer gran desafío fue ingresar a la escuela por mi discapacidad física (una malformación congénita llamada deficiencia femoral focal proximal bilateral). Antes la discriminación era un poco mayor, las miradas de la gente, a veces, eran incómodas. Ese fue el primer gran desafío. Entrar al colegio. Por suerte, lo logré superar bien, me sentí muy cómoda, acogida y me di cuenta de que el miedo venía más de mí. La sociedad me acogió bastante bien y pude superarlo súper bien.
Después, el otro gran desafío fue para entrar a la universidad y escoger una carrera que se adecuara a mis capacidades físicas. Me gustaba muchísimo el área de la salud, pero sentía que mis habilidades físicas, quizás, se podrían ver un poco mermadas o presentarme una dificultad en el futuro, así que guiada por la familia y la experiencia de otros tenía que tomar la mejor decisión, porque la carrera que uno escoge es para toda la vida. Por eso, uno debe ser sentirse cómoda mental, física y emocionalmente. Equilibrando todos esos puntos decidí estudiar Psicología, que era un área que me gustaba muchísimo”.

¿Cuáles fueron las dificultades en la universidad?

“Al entrar a la universidad me vi un poco limitada, porque la infraestructura no estaba preparada. Tenía clases en un cuarto piso y tenía que subir escaleras todos los días. También, se me fueron agudizando algunas patologías. Tuve que verme enfrentada a una cirugía. Eso también dificultó mucho que pudiese continuar en la universidad y desde ahí decidí retirarme y buscar una casa de estudios que fuese más moderna y se adecuara de mejor manera a lo que yo necesitaba. Entré a la Universidad Autónoma, que era un edificio nuevo y eso me acomodó muchísimo y fueron brindándome lo que necesitaba. Con las ganas que uno tiene de poder desarrollarse como persona y profesional pude terminar súper bien mi carrera y, después, hice un diplomado”.

¿Cómo fue su primera experiencia laboral?

“Poder enfrentarme al campo laboral fue el tercer gran desafío de mi vida. Psicología es una carrera que está bastante colapsada de profesionales. Fueron muchos temores, ansiedades, angustias. Me preguntaba si era capaz de poder rendir, si el medio me iba a acoger o a aceptar con mi discapacidad o si me iba a sentir rechazada.
Siempre en la vida por la general, me he llevado muchas sorpresas, porque se me presentan todos estos temores, pero cuando los enfrento se caen todos los prejuicios que yo misma me había construido y veo que la situación no es tan así. Me fue muy fácil conseguir trabajo, desarrollarme.
Primer trabajé en otra ciudad, me tenía que desplazar todos los días en la locomoción pública y desde ahí tuve que hacerlo. Me vi enfrentada a eso y lo pude sortear de buena manera. Tenía que sacar las ganas y el empuje para decir que tengo una discapacidad, pero eso no me va a limitar. Desde ahí uno se va
convenciendo de que la verdadera discapacidad está en la cabeza.

¿De qué forma asumió la maternidad?

“El último gran desafío es la maternidad. Siempre la postergué por miedo. La maternidad es difícil para cualquier mujer, pero con mi discapacidad física se hace más difícil. Yo uso apoyo de dos bastones para caminar. Cuando empezamos a plantearnos la posibilidad de ser mamá las primeras dudas fueron cómo cargarlo y caminar a la vez, qué pasa si lo pongo en riesgo, si lo podré sacar a la calle… Por eso lo postergué hasta sentirme preparada para poder enfrentar de buena manera a esto. Favorablemente el embarazo fue muy bueno, no tuve complicaciones y hasta ahora que mi bebé tiene siete meses no he tenido ninguna complicación mayor”.

Cuando habla de los desafíos menciona de manera muy recurrente el miedo. ¿Ha tenido momentos en que el miedo ha sido superior y la ha paralizado para actuar?

“Creo que, en muchas ocasiones, sobre todo, en la maternidad. Creo que me paralizó y me hizo postergar la decisión meses y, quizás, años. Yo llevaba una relación muy larga con mi pareja de 15 años. Siempre decía que cuando tuviéramos una casa, después un auto… Siempre había una excusa para evitar enfrentarme a la situación y, netamente, por el miedo que me paralizaba. Creo que el apoyo de tu pareja, familia y amigos es importante cuando te dicen que todos los desafíos los has asumido de buena manera”.

Hay mujeres que no tienen discapacidad física, pero sienten también temor. ¿Cuál sería la recomendación para ellas?

“Creo que es natural y súper válido tener miedo y creo ahí son importantes las ganas de seguir adelante, de luchar cada día, superarse, evolucionar, de aportar en la cultura, en el funcionamiento de una ciudad desde un rol profesional o desde cualquier rol que uno decida. El confiar en las capacidades que uno tiene es importante, porque, a veces, uno se siente con miedo y todas las angustias, pero después hay que tomar aire y decir que somos capaces. Además, hay que valorar los pequeños y grandes desafíos que hemos enfrentando en la vida”.

¿Cómo se definiría en tres palabras?

“Perseverante, empática y luchadora”.

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