Covid-19

Si hay elementos que uno podría vislumbrar, son parte de las demandas sociales transversales de la ciudadanía en cuanto al profundo cuestionamiento y distanciamiento con la élite política del país, pues uno de éstos dice relación con la absoluta falta de eficacia del mundo político para conectar con temáticas, que en muchos casos, sin tener mayor espesor ideológico, son las que las personas claman, requieren y solicitan, pero que pareciera, esa misma élite ya nombrada, no alcanza a entender la relevancia que tienen en el día a día y por consiguiente, la urgencia de su tramitación en el Poder legislativo. Este tipo de materias, quedan una vez más refrendadas, con ocasión de la vehemente irrupción del Covid-19 en Chile, brote infeccioso que ha hecho entre muchas otras cosas, volcar la agenda política a una estrictamente ligada a la salud pública y a lo social, evitando la pérdida de tiempo en cosas que no tienen asidero práctico en la calidad de vida de los chilenos y chilenas, sobre todo cuando vemos que si bien es cierto hoy la primera necesidad es de carácter sanitario, es probable que cada vez más, y en la misma línea, vayan ganando su espacio las inevitables demandas sociales y económicas que la ciudadanía irá experimentando como coletazos directos del virus con origen en la Provincia de Wuhan, China. Lo anterior, graficado a que con atención a esta severa pandemia sanitaria, vemos la discusión y en su caso aprobación de necesidades que se van levantando, que demuestran como en muchos casos, el estado en general no ha hecho bien su trabajo, o no ha sido lo suficientemente astuto para anticiparse a crisis sociales, en contextos de alta vulnerabilidad de un sistema económico que junto con generar en el mundo, evidentes síntomas de prosperidad, es al mismo tiempo, altamente propenso a márgenes de inestabilidad de tipo mundial.

Para enfrentar esta crisis desde el mundo de vista político, en mi opinión surgen al menos un cúmulo de vaivenes: Primero, entender muchas urgencias sociales que se van generando como respuestas directas de la pandemia, donde las personas van requiriendo de un estado que comprenda que la salud es absolutamente primordial, en donde una adecuada atención sumado a la infraestructura de los recintos, pueden salvar vidas humanas, un estado que de la mano de su sociedad civil, pueda levantar, dar una mano compleja, por ejemplo, a quienes sufren por el esfuerzo de toda una vida, por ese almacén o negocio de barrio, que parece irse a piso en tan solo algunas semanas, echando por tierra el proyecto de toda una familia. Por otra parte, la responsabilidad para entender que hay prioridades, que obviamente no todo se puede hacer de inmediato, y que, en esa escala de gradualidad tan necesaria en la política pública, se debe comenzar a acelerar el tranco en todo aquello que es más preponderante, tanto para los sectores vulnerables como también para esos sectores medios que sienten que a ninguna autoridad o político le comprometen realmente las inquietudes que les asisten. Finalmente, destacar la necesidad de que este tipo de contingencia, sirva para de una vez por todas, acercar desde la política, ciertas soluciones de largo aliento a la comunidad para enfrentar de mejor manera, cuando en algunos años más, de seguro, otra situación excepcional, vuelva a volcar el normal curso de la vida.

Chile, y también el mundo, son propensos a problemas grandes, a dilemas que como en este caso, necesitan del aporte y sentido de urgencia de todos los actores. No de un estado contra los particulares, o viceversa, sino de todos, de asumirlo como causa común.

Las imágenes que vemos son dramáticas, duelen en el alma, y por ende no sería admisible que todo siguiese igual hacia adelante, que continuáramos con un estado lento, a ratos abúlico y lejano de ese sentir social que, sin tintes ni colores políticos, pide sentido común, humanidad y dos dedos de frente. Sigamos las indicaciones de la autoridad sanitaria, contribuyamos a luchar contra esta brutal pandemia, y empecemos a tomar nota ahora ya, de lo que tenemos que hacer. Todos y todas tienen algo que decir y hacer.

Ervin Castillo Arancibia
Abogado

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