Continuidad en los mandos policiales

Poniendo sobre la mesa estos factores, se entiende la importancia de que ambas policías tengan continuidad en sus liderazgos. Ello constituye, por sí solo, una garantía relevante a favor de la ciudadanía.

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19 de diciembre de 2019
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Casi pasa desapercibido, pero por su relevancia y trascendencia, no es menor que los mandos regionales de Carabineros y la PDI tengan continuidad para el próximo año, más aún, en el contexto de movilizaciones sociales que acarrean, lamentablemente, actos delictuales o violentos perpetrados por sujetos descolgados de protestas pacíficas.
Así ocurrió hace algunos días con el general, Héctor Salazar, jefe de la Séptima Zona Maule de Carabineros; y ahora con el prefecto inspector, Juan Vergara, jefe de la Región Policial del Maule de la PDI. Se trata de instituciones claves para la seguridad ciudadana y, por supuesto, para lograr el objetivo de recuperar el orden público.

Desde sus ámbitos de acción, cada uno de estos mandos tiene un rol estratégico en el quehacer de la región. Por parte de Carabineros, con el perfil preventivo de su labor en materia de seguridad ciudadana y, a la vez, con su ineludible, efectiva y oportuna capacidad de respuesta cuando se trata de delitos cometidos en flagrancia.

Pero, no es lo único, porque actualmente en el Maule, Carabineros también cumple un rol investigativo, a través de equipos especializados como el Laboratorio de Criminalística (Labocar), las secciones SIP en cada comisaría, el Servicio de Encargo y Búsqueda de Vehículos y la Sección Investigadora de Accidentes en el Tránsito (SIAT).

A esto se suma el rol de control del orden público de Carabineros, justamente donde esta institución ha debido desplegar importantes esfuerzos, así como recursos humanos y materiales. Dicha labor, cuestionada por algunos y respaldada por otros, constituye una tarea insustituible por mandato constitucional.

Por su parte, la PDI tiene un perfil netamente investigativo, con un recurso humano especializado y experimentado. Así lo demuestran los miles de casos criminales aclarados gracias a pesquisas de detectives y peritos, siempre en coordinación con los fiscales, por cuanto es dicha institución quien ejerce en exclusiva la persecución penal.

En todo caso, la PDI igualmente puede ejercer un rol en materia de orden público, atendido su obligación ineludible cuando se trata de delitos flagrantes. Sin embargo, en este aspecto específico, sigue llamando la atención que la PDI se haya retirado de las calles, una vez que terminó el decreto de zona de estado de excepción constitucional.

Poniendo sobre la mesa estos factores, se entiende la importancia de que ambas policías tengan continuidad en sus liderazgos. Ello constituye, por sí solo, una garantía relevante a favor de la ciudadanía, ya que se trata de autoridades que conocen su entorno y, además, siguen contando con la confianza de mandos nacionales y del Gobierno.

Además, cuando la crisis política y social finalmente logre canalizarse y se estabilicen las instituciones que deben llevar adelante los cambios que exige la ciudadanía, en un ambiente de debate democrático y participación social, las policías podrán también recuperar su quehacer fundamental como garantas del Estado de Derecho.

La opinión pública no puede menos que estar optimista de que este tipo de señales sean leídas correctamente por todos, es decir, tanto aquellos que exigen cambios en un sistema democrático, como de otros que aspiran a que la economía se reactive y se restauren fuentes laborales perdidas, con todo lo que ello acarrea para familias completas.

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