Contaminación ambiental

Al igual como pasa con esta pandemia, donde el autocuidado de las personas es vital para limitar su propagación, lo mismo ocurre con el uso de la calefacción domiciliaria.

Tal como ocurre durante cada invierno, durante los últimos años, la calidad del aire empeora sustantivamente debido a la contaminación por el uso masivo de las estufas a leña, en especial, en ciudades de la zona de los valles del área central de Chile, lo cual tiene expresiones concretas e Talca, Curicó y Linares.

Dicho fenómeno se ve acrecentado por el cambio climático, ya que entre sus consecuencias se cuenta la falta de lluvias. Ello significa que el humo que expelen las estufas a leña, agravado por el uso de dicho combustible con alta humedad, termina por situarse literalmente como una “tapa de olla” sobre las ciudades.

A todo esto, se suma la falta de ventilación por escasos vientos, lo cual genera una fórmula extremadamente perjudicial para la salud de las personas. De hecho, sin la pandemia, cada invierno las enfermedades respiratorias se expanden debido a este preocupante fenómeno, afectando a adultos mayores y niños.

Pero este invierno las cosas son distintas, por cuanto los técnicos han establecido que, actualmente, el único virus que anda circulando es justamente el Covid-19, con alta peligrosidad y cuya expresión es justamente que provoca neumonía o agrava enfermedades respiratorias preexistentes en las personas.

Es decir, como si no fuera suficiente con la pandemia, ahora todo se agrava por la contaminación del aire debido a las estufas a leña. Para ser más preciso, por el uso de leña húmeda y estufas de baja eficiencia. Ello, debido a que se trata de un combustible regularmente barato, cuando se compra sin las certificaciones ambientales.

De allí que, este año, tenga mucha mayor relevancia el llamado a la ciudadanía a cambiar sus costumbres respecto al uso de estos artefactos. En primer lugar, para –ojalá- cambiarlos a aparatos modernos, eficientes y que utilicen otro tipo de combustible. De lo contrario, utilizar solo leña certificada con baja humedad.
Otra alternativa es cambiarse a la electricidad o al uso de estufas a parafina de alta eficiencia. Esto es, dependiendo por supuesto del tipo de inmueble a calefaccionar. Todo esto, pensando que el uso de las estufas a leña será cada vez más restrictivo, por cuanto el perjuicio que provocan al medio ambiente es de alto impacto.

Más todavía durante este invierno, cuando el país, la región del Maule y, en específico, en ciudades como Talca y Curicó, los casos positivos de Covid-19 suman y suman cada día. Lo más grave es que también aumentan las víctimas fatales, en especial, adultos mayores, los más desprotegidos frente a este peligroso virus.

Al igual como pasa con esta pandemia, donde el autocuidado de las personas es vital para limitar su propagación, lo mismo ocurre con el uso de la calefacción domiciliaria. A fin de cuenta, siempre se buscará que las personas sean quienes lideren estos procesos de cambio cultural, mirando el bienestar de los más vulnerables.

Las personas deben tomar conciencia que su rol es cada vez más decisivo frente a estos fenómenos colectivos, porque con el crecimiento de las ciudades, ya es casi imposible esperar que la fiscalización sanitaria llegue a todos los rincones. El llamado, entonces, es a prevenir y mitigar los impactos a las personas.

Prueba de ello es lo que ocurrió este sábado en Talca, donde a pesar de que han transcurrido ocho aletas ambientales y cuatro preemergencias, durante la semana pasada, ello no fue suficiente, generando así la primera emergencia ambiental del año. Aquí la palabra la tienen los ciudadanos y las familias.

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