Constitución

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1 de febrero de 2020
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Señor Director:
Constituciones en América Latina: la boliviana de 2009 demoró varios años, hubo gran conflictividad en el país, la redacción del primer artículo demoró un año, hubo sesiones con custodia policial, en definitiva, un proceso caótico.

A pesar del esfuerzo constituyente reflejado en 411 artículos, poco tiempo después, las reelecciones presidenciales fueron motivo de conflicto constitucional y el principio del fin de la era de Evo Morales.

La Constitución venezolana de 1999 dispone, entre otras cosas, que los derechos humanos tienen rango constitucional y ya sabemos los resultados de la reciente visita a ese país de la comisión de derechos humanos de la ONU.

Por su parte, la Asamblea Constituyente venezolana de 2017, con 545 delegados, iba a durar 2 años y ahora, como mínimo, durará tres años y medio. La reciente idea de Maduro -ante su desesperación económica- de privatizar el petróleo mediante mecanismos irregulares iría contra la Constitución y las leyes. ¿Le solucionará el problema constitucional, al menos, “su” Asamblea Constituyente?
Una buena forma de saber si una Constitución es adecuada es su duración. El mejor ejemplo es la Constitución de EE.UU. que surgió de la Convención Constitucional de Filadelfia de 1787, que ha tenido enmiendas, pero ha sobrevivido más de dos siglos. El país se desarrolló y hoy es el líder mundial. La gestación estuvo a cargo de 55 delegados, en su mayoría abogados, incluyendo entre sus miembros a los “padres fundadores”, un grupo que era un “DRAM Team” constitucional.

Una eventual Convención Constitucional en Chile tendría 155 constituyentes a imagen y semejanza de nuestra Cámara de Diputados. Al igual que en la Cámara, para pertenecer a ella no se necesitarán conocimientos, sino votos, ayudados por factores de pertenencia a un partido, género y origen, entre otros.

Parece de sentido común una Convención con pocos constituyentes, seleccionando a los y las mejores, y no una con 100 miembros más que la Convención de Filadelfia. Con 155 constituyentes, como en la Cámara de Diputados que la inspiró, la mayoría serán sólo costos y escaso aporte, confundidos entre los que harán el trabajo real.

Mejor sería una Convención pequeña, en la cual predominen los abogados y abogadas constitucionalistas, con un grupo importante pero minoritario de gente común y corriente, respetable por su sabiduría y no sólo por ser personas conocidas en otros campos. Pero esta Convención no es viable: no estaría a la misma altura de las más recientes constituciones latinoamericanas.
Atentamente.

José Luis Hernández Vidal

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