Como el aprendiz de brujo

El gran tema de 2019 fue el “estallido social”. Todavía es poco lo que sabemos acerca de lo que ha ocurrido realmente. Un primer estudio indicó que la edad promedio de los manifestantes en plaza Baquedano sería de 33 años, la mayoría con enseñanza media. El otro dato relevante es que dos tercios se reconocen como de izquierda, aunque no se sabe su eventual militancia.

Sabemos con certeza que a gran parte de los chilenos -igual que al Papa Francisco- en 2019 se les acabó la paciencia. Lo otro, no demostrado, es el papel de las redes sociales.

Peter W. Singer, un especialista en ciberseguridad, editor asociado de la revista Popular Science, describió en The New York Times su visión de los próximos años. Sostuvo que “la economía, la política e incluso la vida familiar, deberán luchar por controlar un mundo de sistemas cada vez más inteligentes, que operarán de manera de las cuales entendemos cada vez menos. No esperen una rebelión de robots como era el cliché clásico de la ciencia ficción. Esperen el surgimiento de una ira populista, desatada por los muchos cambios ocurridos en muy corto tiempo…”.

Vale la pena analizarlo.

El año pasado descubrimos en Chile que muchas certezas con las que nos cobijábamos no eran tales. El progreso medido por indicadores meramente estadísticos (económicos, sociales o políticos) probó no ser tal. Aprendimos, sobre todo, que nos faltó sensibilidad para percibir que el mayor ingreso per cápita era un simple dato aritmético que ocultaba lo más importante: la desigualdad. El desprecio hacia los demás, registrado en múltiples ocasiones en los medios como una anécdota chocante, fácil de grabar y mostrar, no lo consideramos como lo que realmente era: un síntoma de nuestra pobreza espiritual, de la pérdida de solidaridad que nos enorgulleció siempre.

Incluso lo más doloroso: la corrupción y el abuso de autoridades respetadas y tradicionalmente queridas, como las Iglesias, las fuerzas armadas y de orden, lo tomamos como una tele-serie, un drama lejos de nuestra experiencia cotidiana. Es cierto que los carabineros del tránsito no se compran con diez mil pesos. Pero demostraron que creían que podían controlar el orden con balines disparados a los ojos de los manifestantes o las piernas de las liceanas para compensar que están perdiendo la lucha contra el narcotráfico y la delincuencia organizada.

Pese a los años de denuncias, quejas y protestas recién ahora acusamos recibo de situaciones tan graves como las bajas pensiones. la pobre atención en los hospitales o las otras falencias del modelo aplicado sin restricción alguna. A ello hay que añadir las condiciones infrahumanas en las cárceles y en los campamentos, versiones actualizadas de las “poblaciones callampa”.

Pero, además, como señala Singer, el gran problema actual de la humanidad es que el aprendiz de brujo perdió el control de las nuevas tecnologías. Otro periodista de The New York Time, Spencer Bokay-Lindell, agregó otro antecedente valioso. Le pidió al comentarista Farhad Manjoo, que opinara sobre lo peor de la última década.

Su respuesta: “El tribalismo alimentado por las redes sociales- Se está haciendo cada vez más difícil entender a quienes no están en tu propio círculo: nos estanos divorciando de las personas que no comparten nuestras experiencias. Esto va a terminar mal”.

Así parece.

Abraham Santibáñez

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