Comentario: A propósito de cambios revolucionarios…

Por Jorge Valderrama Gutiérrez. Con el fracaso de la COP25 celebrada en Madrid, se amplió la brecha entre los gobiernos del mundo y la ciencia, acentuándose la polarización respecto al cambio climático: ¿es éste una invención de un grupo de desquiciados, y con qué propósitos? ¿O es una realidad alienante que algunos adictos al neoliberalismo niegan por temor a que su feligresía consumista derribe ídolos con pies de barro?

El fin de las marismas y humedales: más del 85% de los humedales que existieron en 1700 ya no existen.

Afirmar que el planeta está al borde del caos, quizás no sea tan exacto, porque quien sí está al borde de un abismo oscuro y sin fondo es la Humanidad. Pero no la Tierra, que continuará por varios cientos o miles de millones de años más su travesía por el espacio sideral con o sin ella. De esa manera, el planeta que hoy cobija a la criatura con mayor densidad neuronal, está muy distante -en el espacio-tiempo- a ese otro de solo décadas atrás. Pero aún más lejos del que se formó hace más de 4.500 millones de años, y que solo conserva su posición de tercero en distancia al Sol, el quinto más grande del Sistema Solar y el de mayor densidad.

Desde su creación ha visto evolucionar formas de vida aún impensadas, muchas de las cuales desaparecieron para siempre (de las cuales sería imposible conocer sus colores, aromas, sonidos, sabores, complejos sistemas comunicacionales, costumbres, etc.). Aun cuando es una mota de polvo en el infinito, un pequeño grano de arena en la inmensidad del cosmos, es el hogar de la especie Humana y, hasta donde se sabe, de la única y más vasta diversidad de formas de vida conocida en el universo. Hoy, cuando se han eliminado las hojas de un calendario y se han colocado las de un 2020 distinto y semejante al de otros años, hace bien reflexionar sobre algunos de los peligros mediatos que amenazan a la actual civilización planetaria… enmarañados y complejos de revertir.

En 1961 Dwight Eisenhower pronunció un controvertido discurso de despedida, alertando a la sociedad sobre el potencial de un desastroso “establishment” militar-industrial, que amenazaría las libertades individuales hasta transformarla en rehén de una casta científico-tecnológica.

PANORAMA CIENTÍFICO REALISTA
La ciencia ha sido clara a la hora de dar a conocer, desde aproximadamente la década del sesenta del siglo pasado, las consecuencias nefastas del uso irracional de recursos, así como la explotación y depauperación indiscriminada y global de la naturaleza, lo que también ha sido alimento literario para maestros de la ciencia-ficción. Pero lo que no es utopía es que la población universal aumentó de 3.700 a 7.600 millones en menos de 50 años, lo que generó numerosos problemas (por ejemplo: una mayor demanda de recursos desencadena una serie de factores que afectan el clima y a toda forma de vida en la Tierra).

Entre ellos, una macro deforestación que ha sacrificado más de 100 millones de hectáreas de bosques tropicales en todo el mundo (muchos se talan para cultivar soja que se emplea para pasto de ganado), con la consecuente degradación persistente de las zonas áridas que está causando la desertificación de 3.600 millones de hectáreas. Además, se debe considerar que alrededor de 1.600 millones de personas dependen de los bosques para vivir, incluidos 70 millones de población originaria, en tanto que aproximadamente 500 millones de personas viven en zonas afectadas por la desertificación, vulnerables a la sequía, las olas de calor, las tormentas de arena y los riesgos de incendio.

En síntesis: la deforestación es la causa de la emisión del 25% de los gases de efecto invernadero. A lo que se añade que casi el 80% de la tierra agrícola total está ocupada por ganado, estimándose que la demanda de consumo de carne crecerá en un 76% para 2050.

La ONU ha advertido que la mitad de los arrecifes de coral han desaparecido desde 1870, debido principalmente al calentamiento de los océanos.

De igual manera, debido a la degradación del suelo un 52% de la tierra utilizada para la agricultura se ve afectada moderada o severamente, impacto que afecta, entre otros, al cultivo de cereales. Y como la temperatura promedio del planeta aumentó en 0,85 grados centígrados entre 1880 y 2012 -período en el cual se produjeron alrededor de 40 toneladas menos de maíz, trigo y otros cultivos importantes-, se vio afectada también la seguridad alimentaria, porque por cada grado que sube la temperatura, la producción de cereales disminuye en aproximadamente un 5%. Actualmente, según la ONU, 1/3 de los alimentos producidos en el mundo se desperdician debido a causas heterogéneas en diferentes países.

En ese contexto, la reacción en cadena o efecto “dominó” ha acentuado su amenaza a la biodiversidad, provocando que alrededor de un millón de especies estén en peligro de extinción, lo que representa aproximadamente el 25% de todos los animales y plantas en el mundo. A lo que se suma un uso insostenible de la tierra y el mar, la explotación directa de organismos, el cambio climático, la contaminación y la invasión de especies extranjeras… ejemplos de algunos de los factores que amenazan dicha biodiversidad.

No obstante, existen muchos más, mencionándose la quema de combustibles fósiles -principal factor responsable de la emisión de CO2 a la atmósfera-; la escasez de agua potable, causante de que alrededor de 2.300 millones de personas en todo el mundo vivan sin acceso a servicios de saneamiento adecuados y que 1.400 millones mueran a causa de enfermedades prevenibles como la diarrea; la contaminación del aire que -según la ONU- es el principal factor ambiental que contribuye a la morbilidad en todo el mundo: causa entre 6 y 7 millones de muertes prematuras; y la desalinización de los océanos.

De igual manera, los científicos advierten que el calentamiento global también ha contribuido a un aumento del nivel del mar entre 1901 y 2010, debido al deshielo de los glaciares, los polos, Groenlandia y las nevadas. Ese aumento de la temperatura provoca cambios en los océanos que afectan la vida a través de las cadenas alimentarias de, al menos, 267 especies marinas (86% de tortugas, 44% de aves y 43% de mamíferos); en tanto que el 66% de los ecosistemas marinos están severamente alterados. Al respecto, la ONU advierte que la mitad de los arrecifes de coral han desaparecido desde 1870 debido al calentamiento de los océanos, contaminación marítima que hace que cada año, alrededor de 300 a 400 millones de toneladas de metales pesados, solventes, lodos tóxicos y otros materiales de instalaciones industriales, se descarguen en el mar.

¿SE PODRÁ EVITAR UNA CATÁSTROFE GLOBAL?
La población de las ciudades, especialmente en los países con tendencia a la rápida urbanización, es la más expuesta a la contaminación del aire, especialmente a las partículas finas. Y mientras lee este artículo, hay muchos pueblos originarios en peligro de extinción, lo que es grave considerando que estos juegan un papel clave en la protección de la biodiversidad (se sabe que la forma más efectiva de salvaguardar las especies es mantenerlas en sus hábitats naturales). Se debería haber aprendido que ya no es suficiente reciclar basura, separar plásticos, vidrios y papeles; ni limpiar orillas de ríos, playas y lagos; ni velar por no arrojarla bajo los puentes, en sitios eriazos o viviendas abandonadas. No. Para tener esperanza es fundamental que las potencias que más contaminan en el orbe, no se resten a trascendentales acuerdos en pro de la conservación.

Por el contrario, deben sumarse para que los trastornos naturales -que van entrelazándose con los sociales o energía negra- que hace décadas comenzaron a manifestarse en el orbe entero, puedan detenerse, al igual que el desquiciamiento humano predecesor de una furia natural impensada.

Uno de los cientos de seres vivos en peligro de extinción es el Rinoceronte Blanco, que en realidad es de color grisáceo o pálido. Muy perseguido en la caza, se pagan cantidades muy altas por sus cuernos, a los que se les atribuyen propiedades mágicas y curativas.

Después de todo, el milagro de la vida consiste en nacer, sufrir y gozar, crear y trabajar, y también en dormir y soñar, para luego desaparecer. Y ello se hace extensivo a toda forma de vida, no solo a las consideradas superiores, que no existirían sin las demás. Empero, desde hace siglos el ser humano ha estado degradando con premeditación y alevosía medioambientes, envenenando ecosistemas y acelerando ciclos naturales, puesto que por esencia es un ente destructor; devastador inmisericorde del entorno; modificador de hábitats, a los que ha ido moldeando “confortablemente” a su “medida”…especialmente después de la Segunda Guerra Mundial, cuando los capitales que hasta entonces construyeron gigantescos cañones, poderosos tanques, veloces aviones, cohetes, blindajes, y un numeroso arsenal de muerte y destrucción, comenzaron la producción de aspiradoras, lavavajillas, lavadoras, jugueras, heladeras, refrigeradores, televisores, radios, automóviles, bicicletas (algunas nefastas para una adecuada simbiosis hombre-Tierra)… en el entendido que los recursos naturales eran infinitos y de “propiedad” de la especie Humana.

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