Club Ecuestre curicano con problemas para continuar aportando a la comunidad

Esta escuadra, que se dedica al aspecto deportivo y de rehabilitación, cumple un vital rol social, pero tuvo una baja considerable de alumnos, por lo cual la situación es crítica, considerando el mantenimiento de los equinos, lo que representa un costo muy elevado.

En la localidad de Zapallar, a escasos kilómetros de Curicó, se encuentra el recinto donde opera este Club. Actualmente, son siete los caballos que son parte de esta entidad curicana.

Una importante labor social venía realizando, hasta antes del Coronavirus, el Club Ecuestre Zapallar de Curicó. Esta escuadra estaba trabajando con cerca de 20 personas, en aspectos deportivos y recreacionales, pero, principalmente, en la rehabilitación de menores con algún grado de patologías neurológicas y físicas, por lo que estaban cumpliendo una gran función con estos menores y sus familias.
No obstante, como en todo orden, la pandemia ha traído perjuicios económicos en diversas instituciones, no siendo una excepción esta entidad curicana. Los gastos fijos para la práctica ecuestre no son menores, ya que cada caballo requiere de un cuidado único, con el fin de que puedan estar en buenas condiciones para prestar el apoyo que necesita cada niño.

“Habíamos tenido buenos resultados en concursos hasta el año pasado y se supone que íbamos como avión, postulando a proyectos, pero, primero con el estallido social, que, si bien son demandas que consideramos más que legítimas, nos paralizó todas las actividades, por el corte de caminos y ahora con esta pandemia, se nos complicó todo aún más”, aseguró el presidente del Club Ecuestre Zapallar, Orlando Saavedra.
Por esto mismo, este personero comentó que hoy en día están manteniendo los caballos a pulso y con mucho esfuerzo. “Estoy sembrando pastito y optimizando los recursos escasos que tenemos. Estos animales, no son como una pelota o una moto, que tienen un desgaste cuando se ocupan. Los animales hay que alimentarlos todos los días, entonces, cuando no hay ingresos, todo se hace cuesta arriba”, acotó.

APOYO
Debido a lo anterior, esta institución, que de todas maneras ha venido recibiendo ayuda, principalmente, logístico del IND y también de la farmacia veterinaria Briovet, además de apoyo de profesionales del área, como Mario Caraves, Cristián Valdés y Juan Pablo Muñoz, están buscando la fórmula de conseguir recursos para así mantener con vida a este Club, que actualmente cuenta en sus filas con siete equinos, los cuales han venido del área de las carreras, significando un trabajo arduo con el objetivo de que sean aptos para el trabajo con los menores.

“El llamado, en este momento, es que nos puedan apoyar. Si bien acá hay gente que paga por ser parte del Club, nosotros tenemos a un grupo importante de niños becados, debido a que algunos no puedan costear este tipo de tratamiento o bien para ser parte de este deporte. Si desean colaborar, se pueden dirigir a nuestro Facebook Ecuestre Zapallar o escribirnos al correo ecuestrezapallar@gmail.com y ahí encontrará fórmulas de apoyo”, puntualizó Saavedra.

HISTORIA
Muchas metas en la vida nacen a raíz de un sueño y, precisamente, la creación de este Club, fue en esa línea. Si bien, desde un comienzo, la finalidad era otra, Saavedra y su familia en el camino encontraron un sentido diametralmente opuesto, que sin duda lo hizo llevar a otro norte este rancho, pensando actualmente en la comunidad.

“Yo trabajaba en una empresa grande y me empecé a construir mi casa. Acá comenzamos con algunos animales y entre ellos unos caballos. La idea fue practicar equitación, pero de una manera más recreacional, con amigos que venían a ver los caballos con sus familias. Pero después de eso, comenzaron a llegar los amigos de mis amigos y ahí se comenzó a formar el Club, al punto que dejé mi trabajo y me dediqué 100% a esto, iniciándome en el rubro y tomando cursos de diplomado en equinoterapia y también de instructor de equitación”, agregó.

Lo que según, Saavedra fue lo que lo llevó a este vuelco en 180 grados en su vida, fue la invitación a realizar clases de equinoterapia o también conocida como hipoterapia en Punta Arenas. “Allí conocí a Paula Krause, mi actual pareja, quien es educadora diferencial y le gusta mucho trabajar con niños. Junto a ella empezamos a elaborar este sueño”, consignó este directivo.

Incluso, hasta hace algunos meses, Ivón Méndez, equinoterapeuta y kinesióloga de profesión, estaba siendo parte de este Club, pero con la baja importante de niños, todo tuvo que modificarse. “Ella entiende la situación y viene prácticamente a honores a ayudarnos, cuando hay algún menor que quiera seguir con su tratamiento”, cerró Saavedra.

Por ahora, lo importante para este grupo de trabajo, es mantener activa la equinoterapia.

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