Cifras complejas para la economía

La palabra la tienen justamente los líderes y partidos políticos, en términos de demostrar que el proceso constituyente no es sinónimo de inestabilidad.

La economía continúa sin poder despegar tras las consecuencias de la crisis social, política y de orden público que comenzó el 18 de octubre del año pasado, sumado a que las señales desde el Congreso siguen siendo equívocas, en especial, tras la serie de acusaciones constitucionales e interpelaciones a autoridades.

Así lo reveló el resultado negativo del Índice Mensual de Actividad Económica (Imacec) correspondiente a noviembre del 2018. Si bien fue una cifra no tan baja como las estimaciones más pesimistas, igualmente revela que la crisis no ha terminado y que las consecuencias para el bolsillo de los chilenos serán graves.

De partida, según los economistas, este dato tiene directa concordancia con la percepción de la confianza empresarial, tanto a nivel nacional como regional, la cual se ubicó en un rango pesimista. Así ocurre con sectores claves para economías de las grandes ciudades, como son los sectores del comercio y la actividad financiera.

Algo similar ocurre con la industria y la agricultura, este último sector, clave para regiones como el Maule. Dicha situación se complejiza aún más considerando el impacto de la sequía y la escasez hídrica, por cuanto los agricultores derechamente no tienen toda el agua que necesitan y, muchos, optan por lotear y vender sus terrenos.

Luego, está el complejo tema de la cesantía. Si bien el desempleo tampoco se disparó tanto como se esperaba, los expertos dicen que lo peor está por venir, en especial, por el impacto en el turismo y la alicaída situación del comercio. Ya fue un hecho concreto que, en año nuevo, muchos optaron por no viajar y quedarse en sus casas.

En el caso de regiones como el Maule, está por ver si la agricultura vuelve a jugar un rol estabilizador y captador de mano de obra, en especial, en estos meses de cosecha. Son cientos las personas que, frente a la caída del comercio, se irán al campo a trabajar, esperando allí obtener recursos para alivianar los meses de invierno.

Otro factor importante es el aspecto político. En abril próximo se viene el primero de los dos plebiscitos que forman parte del proceso constituyente. Pero no es lo único, porque en octubre, se elegirá a los intendentes, alcaldes y concejales, todas figuras muy relevantes para regiones, más aún, a la espera de más facultades y recursos.

Por ello, la palabra la tienen justamente los líderes y partidos políticos, en términos de demostrar que el proceso constituyente no es sinónimo de inestabilidad. Muy por el contrario, recae e ellos la responsabilidad de demostrar que el plebiscito de entrada se puede realizar en un ambiente no confrontacional y con intercambio de ideas.

Como tal, se espera que un ambiente alejado del conflicto, constituye la mejor garantía a los actores económicos. Los inversionistas y empresarios esperan, justamente, que existan reglas claras. El pesimismo es, justamente, porque todavía subsisten voces que ponen en duda la importancia del orden público y el Estado de Derecho.

En el fondo, subsiste la crisis de legitimidad que afecta a todas las instituciones y que, con la llegada del nuevo año, renueva la posibilidad de validarse ante los ciudadanos. Pero, por supuesto, sin dejarse llevar por expresiones coyunturales que, generalmente, ocultan intereses de grupos que buscan imponerse a toda costa.

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