César Biernay: “Muchos homicidios germinan por problemas de dinero o viscerales impulsos”

Una joven de 22 años fue asesinada con certeros cortes de cortapluma en la madrugada del 24 de enero de 1968, en el Hotel Princesa de Santiago. Se trataba de Marta Matamala Montecinos. El crimen conmovió al país

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28 de junio de 2020
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César Biernay fue funcionario de la PDI y se desempeñó como bibliotecario en la Escuela de Investigaciones Policiales.

La muerte siempre está al acecho. Con sagacidad de sabueso, César Biernay Arriagada (Santiago, 1976) en “Macabros. Historias de asesinos despiadados que intentaron el crimen perfecto” (Catalonia, 2020), reconstruye siete casos policiales que causaron conmoción en la sociedad chilena. Entre ellos el caso del Hotel Princesa, 1968; el caso Yuraszeck, 2004 y el caso de los hermanos Rojo, 2008.

César, ¿cómo surge la escritura de Macabros?
“Desde muy joven fui aficionado a la lectura de novelas policiales. Sentía profunda atracción por las aventuras de Sherlock Holmes, de Maigret y del Padre Brown. Por gracia del destino tuve la maravillosa oportunidad de ingresar a la PDI y desempeñarme como bibliotecario en la Escuela de Investigaciones Policiales, donde conocí a detectives reales que cautivaron mi interés. Desde ese día cambié la lectura de cuentos novelados por el estudio de casos reales, evidenciando que la realidad supera a la ficción. Entre tantos casos emblemáticos que merecen ser documentados y contados, nace esta obra para quienes gustan del género negro”.

Precisa que hay pocas obras que triangulen el crimen desde la mirada de la víctima, el homicida y el detective. Para su investigación, ¿qué tan decisivo fue acceder a los archivos de la PDI?
“Una fuente de permanente de consulta para mi investigación la constituye la Colección Histórica de Homicidios de la PDI. Esta desclasifica cien casos emblemáticos, desde la denuncia hasta el informe policial. Sin embargo, los relatos que contiene esta primera entrega de ‘Macabros’, portan otros aderezos que fueron rescatados desde la prensa nacional, de documentos judiciales y de entrevistas a perspicaces investigadores que trabajaron estos sitios del suceso”.

En su juventud Biernay fue muy aficionado a las novelas policiales.

Ha reflexionado, ¿por qué nos convertimos en homicidas?
“La respuesta a esa pregunta es un debate de larga data; mientras para algunos criminólogos la causa estaría dada por factores sociales, para otros estaría vinculado con aspectos antropomórficos; Francis Fukuyama afirma en su obra que aún no se descubre en el ADN humano el gen de la maldad. Sea como fuere, creo que en los liceos se debería enseñar, junto a matemáticas y lenguaje, educación financiera e inteligencia emocional. Muchos homicidios germinan por problemas de dinero o viscerales impulsos”.

¿Qué rasgos reúnen los casos seleccionados?
“En ‘Macabros’ los relatos reúnen tres ingredientes propios de un thriller. Primero la intriga, el misterio, el acertijo, en casos policiales con pistas escasas y la prensa apostada fuera de la escena del crimen en espera de información; luego el instinto policial, la sagacidad y perspicacia de viejos maestros de la investigación criminal, que a partir de las evidencias del presente pueden reconstruir el pasado de los hechos; y finalmente los entresijos de la mente criminal, plasmados en espeluznantes modus operandi y sus letales medios para matar”.

Es efectivo que los ciudadanos comunes transitamos diariamente con cientos de personas sin reconocer en otros al criminal en potencia. El detective lo intuye. ¿Es algo que se aprende?
“Ciertamente, no es algo que se enseñe en una sala de clases, en un laboratorio de peritajes o en un polígono de tiro. Se aprende con el trabajo diario y bajo el alero de astutos tutores policiales, condicionado por la habilidad de cada investigador policial en el cual despunta y madura ese instinto policial”.

EL CASO DEL HOTEL PRINCESA
A fines de la década del sesenta, la acalorada noche santiaguina convivía con el hampa, con el ladronzuelo de las plazas mal iluminadas, los cuenteros y los traficantes de opio. De día se convivía con el lanza, el monrero que ofrecía apuestas de caballos fuera del hipódromo. Y adornando la esquina se encontraba la “patinadora”, apelativo con que se denominaba a las prostitutas.

“Macabros” reconstruye siete casos policiales que causaron conmoción en la sociedad chilena.

La noche era intensa…
“El trasnoche capitalino ofrecía una variada oferta de boites, restaurantes y bailables. En ellos departían artistas, escritores y librepensadores, en cuya escena las mariposas nocturnas adornaban las aceras de las principales avenidas”.

¿Quién era Marta Matamala Montecinos?
“Fue una reconocida ‘patinadora de calle Estado, a las afueras del restaurant “Il Bosco”, conocida en el medio por su particular belleza. De cutis blanco, pelo castaño claro y corte regular, destacaba entre sus pares por su hermosura y por sus fieles clientes. Con apenas 16 años viajó a Santiago en 1961. Trabajó como empleada doméstica en la casa de un matrimonio extranjero, pero solo duró un año. Luego siguió el camino de la prostitución, apropiándose de una de las arterias más concurridas de la bohemia santiaguina. Su pareja, Benjamín Romero, alias ‘El Conde’, fue su proxeneta. La relación afectiva entre ambos se mantuvo por largo tiempo, de cuya unión nació (…) su única hija”.

¿Es efectivo que el cronista Oreste Plath la vio la misma noche de la tragedia?
“Es efectivo que la vio en varias noches previas a la tragedia, por las transitadas calles del casco histórico metropolitano y entre la humareda de los bares”.

Ese aciago 24 de enero de 1968, tras conocer a su victimario se dirigen al Hotel Princesa, en pleno centro de Santiago. ¿Qué sucede ahí?
“El homicida cancela el precio de la habitación número 2 y entró a ella junto a Marta. En su interior le propina en el cuello dos cortes mortales con su cortapluma automática, falleciendo en el acto. Luego dejó correr el agua de la ducha y esperó el momento preciso para escapar. Aprovechó la salida de una pareja para cruzar la puerta de salida y caminar presuroso hacia la calle San Francisco donde en unos escombros botó la cortapluma”.

CONMOCIÓN EN CHILE
¿Por qué cree que el caso causó tanto impacto en Chile?

“Por la crudeza del homicidio, por la maldad de la fechoría y por la dilatada búsqueda del victimario. Este caso policial sembró el pánico en la opinión pública, nadie se animaba a salir de noche y hasta los propios malandras del hampa criolla se dieron a la tarea de apoyar a la policía en la búsqueda del criminal. Los primeros retratos hablados daban cuenta de un hombre de baja estatura con marcados rasgos indígenas. La prensa acopió el nombre de “El enano maldito”, y por antonomasia el término se asoció con pequeños traviesos y sórdidos personajes de la farándula de la época”.

¿Hacia dónde se orientó la investigación policial?
“En la antesala de este macabro homicidio, el criminal debió haber interactuado en alguno de los sucuchos de la bohemia urbana. Por ello se tomó declaración a cada uno de los garzones, coperos y serenos de los principales bares y restaurantes del centro capitalino. Primero se focalizó la investigación en un radio limitado del centro de la ciudad, pero ante la escasez de resultados, el empadronamiento se amplió, abarcando los locales nocturnos de Huérfanos, Compañía y Merced, desde Bandera hasta Santa Lucía y desde Mapocho hasta la Alameda. Fue una tarea maratónica, puerta a puerta, persona a persona, pero ‘El enano maldito’ no aparecía”.

Recién el año 1971 aparece el supuesto autor de la muerte de Marta, Moisés Muñoz Moreno.
“Efectivamente. Tres años después del mediático crimen, un delincuente, Moisés Muñoz Moreno, se entrega a la justicia atribuyéndose el homicidio de Marta. Sus rasgos se asemejaban al retrato hablado y su relato era coincidente con el parte policial. Su confesión bastó para tramitar la condena y devolver a la ciudadanía la anhelada paz social. En esos años la confesión era un medio de prueba. Lo que los diarios no publicaron fue que Moisés Muñoz Moreno padecía el trastorno de psicosis de Korsakoff, lo que habría motivado la confesión del homicidio que nunca cometió”.

¿Qué pruebas fueron concluyentes para determinar que Jorge González fue el autor del crimen de Marta?
“Su confesión portaba antecedentes no divulgados en la prensa, además de ruedas de presos ante testigos del hecho que lo sindicaron como el repudiable criminal”.

¿Qué pasó con el primer inculpado, Moisés Muñoz Moreno?
“Ambos cumplieron condena en la Penitenciaría de Santiago. El enano verdadero por su crimen comprobado, y el enano falso por condenas asociadas a otras violaciones”.

¿Qué condena tuvo Jorge González Agüero?
“No alcanzó a cumplir tres años en prisión, quedando en libertad en 1980. Muere en 1986”. La pieza donde ocurrió el brutal homicidio fue remodelada y hoy ofrece un bar y una sala de estar a los pasajeros del hotel, que cambió su nombre a Hotel Vegas”.

Mario Rodríguez Órdenes

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