Canto de adviento

publicado por

Avatar
22 de diciembre de 2019
34

Este tiempo de espera, en el que aguardamos vigilantes el nacimiento de Jesús, es vivido con fervor en muchas regiones del país. En los campos, tenemos las expresiones típicas y genuinas de los villancicos, que acompañan las “Novenas al Niño Dios”, allí donde en una determinada localidad, los habitantes congregados, preparan la llegada del Mesías y Salvador.
La plegaria popular es custodiada con celo y fidelidad, es memoria religiosa trasmitida por generaciones. Recoge antiguas costumbres y métodos de enseñanza de la fe. Por lo general, cantoras y cantores preservan el carácter, así como las “rezadoras” o los “fiscales”, guían la oración comunitaria, en la casa, la capilla o el santuario.
El canto es apropiado y singular para toda vivencia religiosa y litúrgica. Al son de bellas melodías, van desgranándose los versos y las décimas que los “puetas” mantienen vigentes. Así como entonaciones, repetidas, con solistas y coros, en ritmos que se hacen sentir en lo más hondo del alma, lo que la oración dice con la palabra de fe. Las notas musicales van al servicio del contenido.
Recuerdo, para esto, un bello canto de adviento, que toda una familia interpretaba finamente. Recuperada de la memoria de los cantares de Chiloé, el solista, con voz melodiosa y de nostalgia, exclama:
“¡Ven Emanuel Dios enviado!, que tu pueblo está esperando.
Vivimos en tinieblas, ¡mientras tú, ¡Señor, no vengas!”
De tal modo esta melodía inunda la espacialidad y el corazón de los presentes, que ellos experimentan lo más genuino del adviento. El Dios que viene, porque ya ha venido, hace que la petición sea más ardiente, porque sin su venida a Belén, la historia humana vive en tinieblas…
A esa voz de nostalgia y letanía del solista, responde en forma viva y alegre, el coro y toda la asamblea que se suma a la súplica con insistencia:
“¡Cantad, cantad, que nuestro Dios vendrá, a darnos la alegría y la paz!
¡Cantad, cantad, que nuestro Dios vendrá, a darnos la alegría y la paz!”
Es el canto victorioso, triunfal, porque la esperanza es cierta, no mera fantasía o ilusión. Viene en verdad Emanuel, el “Dios-con-nosotros”. Por eso el ritmo es más jubiloso que nostálgico, más pujante y nos pone en atención. El canto de Adviento sigue en sus versos, disponiendo a los orantes a la pronta venida de Jesús en Belén. Por eso, grita el solista nuevamente:
“¡Ven!, ¡Señor, no tardes tanto, que sin ti la vida es llanto!
¡Tú eres la esperanza, nuestro gozo y nuestro canto!”.
A la luz de lo dicho, solo cabe aquí repetir: “¡Cantad, cantad, que nuestro Dios vendrá!”. Así, la noche de Navidad, será de gozo, comunión y paz.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here