Cambio de liderazgo en Salud

¿Alguien querría un ministro de salud que busque quedar bien con todos cuando deba decidir, por ejemplo, a qué hospital destinar respiradores mecánicos o pacientes en condición crítica?

Cuando un comandante en jefe enfrente un conflicto bélico que amenaza su Nación, sin duda que es el momento en que espera que sus generales se comporten a la altura. Esto es, que ejecuten a cabalidad su rol de mando, sin titubear y calibrando a sus tropas para sacarles lo mejor a fi de salir triunfantes o dar la vida.

Esa lógica no está muy lejos de lo que ocurre en la actualidad con la grave crisis sanitaria producto de la pandemia del Covid-19. Es sabido que a muchos no les gusta ni siquiera la palabra, pero es un hecho que la guerra no es otra cosa que la continuación de la política por otros medios, como dijo Carl von Clausewitz.

Esto es, porque las decisiones que se han adoptado todo este tiempo por los gobiernos, asociadas a proteger a sus comunidades, no son otra cosa que hacer política. Allí, la opinión pública lo que puede esperar es que esa esa política sea con mayúsculas, es decir, mirando al largo plazo y no buscando ventajas pequeñas.

Porque si algo sería francamente más catastrófico para una Nación es que, junto con las graves secuelas que puede tener su pueblo debido a la pandemia, se sume un Gobierno populista que no quiera decir la verdad o bien que solo diga esa parte de la verdad que le conviene, tratando de pasar siempre por simpático.

¿Alguien querría un ministro de salud que busque quedar bien con todos cuando deba decidir, por ejemplo, a qué hospital destinar respiradores mecánicos o pacientes en condición crítica? ¿O bien que, con estilo bonachón afronte la dramática decisión de quién vive o muere para ocupar una cama crítica?
Lo idea, por supuesto, es que algo así nunca tenga que ocurrir. Pero la realidad nos dice que los recursos nunca serán suficientes y que cualquier planificación se queda corta al lado de la realidad. Más todavía, cuando todavía existen personas –y no son pocas- que piensan que todo esto de la pandemia es un invento.

¿Qué le podemos exigir a un ministro de salud? En primer lugar, que haga su trabajo. En el caso de la pandemia, que se organice un sistema nacional único para el manejo de los recursos; que no importe si alguien tiene salud privada o pública para que sea atendido; y que todos los recursos se destinen a la pandemia.

¿Le podemos exigir que sea simpático, que tenga siempre una sonrisa, que salga a hablar y llore en los matinales de TV, que responda a todo con un gracias o un saludo, que no defienda el sistema de salud pública? Muy por el contrario, lo que la opinión pública le debe exigir es que haga su labor y que sea juzgado por ese trabajo.

¿Qué pasará mañana, pasado o pasado mañana, cuando las cifras de contagios suban y suban, al igual que las víctimas fatales? ¿A quién habrá que culpar si ya no está el ministro que concentraba todas las acusaciones posibles.? En todo caso, solo cabe dedicarle la mejor de las suertes al nuevo jefe del Ministerio de Salud.

Porque si a él le va bien, al final es a todos los chilenos a quienes les irá bien, porque de por medio está nuestra vida o de nuestros familiares adultos mayores. Desde el punto de vista de la opinión pública, solo cabe seguir insistiendo en el mensaje del auto cuidado y que se acaten las recomendaciones de la autoridad.

Todo lo demás, esto es, que las cifras son más o son menos, es una cuestión derechamente secundaria. Ahora bien, si la salida del ministro de Salud asegura que habrá acuerdos políticos y se sacarán leyes que beneficien a todos, entonces nada qué hacer. Pero si ello no ocurre, está claro que hubo mano invisible en todo esto.

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